Eduardo Cerdá: "No hay que reemplazar al glifosato, hay que cambiar el modelo de producción"
septiembre 25, 2026
Miembro fundador de la Red de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (Renama) y ex funcionario nacional, Eduardo Cerdá es un reconocido ingeniero agrónomo impulsor de un modelo agropecuario de alimentos sanos y diversos, sin venenos ni transgénicos. Una entrevista donde repasa la última década, el rol central de la política local y nacional, y los casos de referencia que confirman que otro agro está en marcha.
Entrevista Eduardo Cerdá
Foto: Renama

Por Nahuel Lag

La Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (Renama) marcha al decimosegundo Mes de la Agroecología. Será en noviembre, cuando las tranqueras se abrirán para demostrar un modelo de producción que está presente en todo el país. Eduardo Cerdá es el impulsor de ese espacio a partir de su trabajo como ingeniero agrónomo y asesor de campos que son “faro”, como le gusta decirles, y este año fue coautor del libro Agroecología en Municipios, que repasa la construcción de la primera década de la Renama.

Desde el trabajo con los productores a la construcción de políticas públicas con los municipios y de allí a la Dirección Nacional de Agroecología (DNA), que encabezó durante el gobierno de Alberto Fernández y fue eliminada con la llegada de Javier Milei. “Los funcionarios públicos aún no han llegado a comprender lo que genera la agroecología en el campo, nosotros lo vemos funcionar y escuchamos a los productores decirnos: ‘La agroecología me salvó’”, asegura.

¿En qué situación está la agroecología a tres años de gobierno de Milei? Cerdá repasa las decisiones de la gestión de La Libertad Avanza para “desfinanciar y romper todo”. Desde la disolución de la DNA a la desarticulación del programa Cambio Rural del INTA —que durante la gestión anterior llegó a reunir cerca de 200 grupos con 1.600 productores agroecológicos—, la eliminación del Inafci, la decisión de prohibir la mención a la palabra “agroecología” para realizar investigaciones en el INTA, la desjerarquización del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), con el que se habían iniciado cursos de planteos agroecológicos para sus equipos técnicos. Esas decisiones generaron un “amesetamiento”, analiza, que esté menos en la agenda pública, pero “por debajo la agroecología sigue en pie”, asegura.

“Este modelo de gobierno propone la disgregación, que el otro es tu enemigo. Eso afectó la mirada de los gobiernos provinciales y municipales, y generó una sensación de angustia”, señala Cerdá y por eso rescata el paso por la DNA que permitió “darle institucionalidad a la agroecología”. “Durante la gestión de la DNA aumentaron las ordenanzas municipales de restricción de agroquímicos, de fomento a la agroecología, las direcciones de agroecología, los proyectos de cesión de terrenos, ferias agroecológicas, entregas de semillas, cursos, sistemas participativos de garantías (SPG)”, enumera y reconoce que eso se realizó con un gestión que buscó fomentar, pero lo hizo sin presupuesto.

Entrevista Eduardo Cerdá
Foto: Renama

“El Estado es considerado como un presupuesto. A mí me puteaban mucho porque me decían 'este no hace política porque no le da bola al presupuesto’. Para mí el presupuesto es la gran encrucijada que te plantea el Estado”, contrapone y sostiene: “Si la zanahoria tiene que ser plata para que los productores hagan agroecología, no va por ahí, es un cambio de enfoque”

De todas formas también señala la falta de voluntad que existió para la sanción de una Ley de Fomento a la Agroecología —se presentaron tres proyecto en el Congreso y no alcanzaron el tratamiento en el recinto— y propone otras políticas a encarar ante la vuelta de un gobierno que mire a la agroecología: Ley de Arrendamientos —a cuatro o cinco años para poder cuidar los suelos—, un plan estatal de rotación de cultivos, una Ley de Producción Apícola, Ley de Etiquetados de Transgénicos y un organismo que se encargue, de una vez, de medir la presencia de agrotóxicos en alimentos, agua, tierra y aire. “Iría por más capacitación, por más formación, con más grupos técnicos, a obtener más información de todos los productores agroecológicos, hacer redes de compra y venta”, concluye.

"En la producción extensiva es donde está el gran cambio del modelo"

Cerdá vuelve al presente, deja de lado la sensación de angustia de los tiempos actuales y resalta que “cuando se tejen vínculos, cuando nos encontramos, nos alegramos, nos damos cuenta que avanzamos, que hicimos cosas, que tenemos un camino para compartir”. Por eso la Renama continuó celebrando estos años el Mes de la Agroecología, estrenó el documental “La Aurora: El principio del Camino” —sobre la historia del productor “faro” Juan Khier— y prepara una nuevo sobre la comensalidad para pensar: “¿Cómo me las arregló para cocinar y comer sano evitando tanto conservante y los productos ultraprocesados que son los que se venden en las góndolas de los supermercados?”.

También continúa fomentando la red con los gobiernos municipales —tras la ola violeta en el país los municipios que fomentaban la agroecología cayeron un 50 por ciento—. El último en sumarse fue el partido bonaerense de Chacabuco, en agosto pasado. En paralelo, se continúan sosteniendo las redes construidas a través de los Nodos Agroecológicos Territoriales (NAT), que durante la gestión de la DNA surgieron como forma de reunir a productores, universidades y consumidores para fomentar el intercambio, la formación y la investigación. Los NAT crecieron y pasaron de 10 a 14 en estos últimos años.

Entrevista Eduardo Cerdá
Foto: Renama

Este año, además, la Renama fortaleció su trabajo de base y de difusión con los cursos virtuales abiertos de “Agroecología en Sistemas Extensivos”, que pueden consultarse en el canal de YouTube, y aportan experiencias de productores en un rango variado de 50 a más de 1.000 hectáreas en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, con producción de trigo, cebada, maíz, soja, maní y tambos en sistemas mixtos agrícola-ganaderos, con agregado de valor.

“En la producción extensiva es donde está el gran cambio del modelo. Son productores que tienen capital, que están pensando en cómo mejorar su producción, en cómo invertir en el campo, y el chip que tienen que cambiar es no pensar en la nueva sembradora que le ofrece el mercado sino en qué necesita mejorar en el campo: qué cultivos asociar, cómo recuperar la fertilidad del suelo”, explica Cerdá y resalta: “Los productores nos dicen que desde que hacen agroecología se emanciparon. Tiene su semilla propia, mejoraron la fertilidad, hacen ganadería, reciclan, tienen eficiencia y pueden dar más trabajo: tienen que llamar a un molinero, a un alambrador, hay gente en el campo, lo ocupan”.

El municipio como territorio para fomentar la agroecología

En tiempos de ola violeta, de entrega de la política productiva al agronegocio, el libro Agroecología en Municipios es una memoria de lo que se pudo construir, de lo que aún se mantiene en pie para el fomento a la agroecología y las herramientas y aprendizajes para la transición agroecológica construidas en el camino de la Renama a la Dirección Nacional de Agroecología. En el libro se encuentran, por ejemplo, el desarrollo de los 13 principios de la agroecología aplicadas a los municipios, con ejemplos de municipios “faro”, el repaso de la “Guía de Agroecología para Municipios” como también orientaciones para el diseño de marcos normativos locales, con casos concretos.

Cerdá repasa las experiencias que, a pesar de los vientos políticos, continúan siendo una referencia para la transición, aquellos municipios en los que se dieron algunos de los pasos en el diseño de marcos locales para el fomento de la agroecología.

Por ejemplo, el caso de Chascomús (Buenos Aires), donde el municipio elaboró y reglamento una ordenanza de ordenamiento territorial para la fumigación con agroquímicos y la transformó en información pública a través del sistema Tomasa, una aplicación digital que permite registrar la fecha y el lugar de las fumigaciones en todo el partido. “Las provincias piden las recetas agronómicas y métodos de aplicación, pero la información no baja a los municipios, que no tienen información clara de la situación ni de sus suelos ni del nivel de aplicaciones”, advierte Cerdá.

Otro ejemplo es Mercedes (Buenos Aires), que creó su registro de productores y establecimientos agroecológicos por ordenanza y asigna un presupuesto específico para inversiones anuales que se define junto a los inscriptos. En el caso de la comercialización está la ciudad de Córdoba, que incorporó una ordenanza para llevar a cabo la certificación participativa y desarrolla el mercado municipal de productos agroecológicos.

El caso de Zavalla (Santa Fe) y la tasa ambiental municipal para promover la transición a la agroecología es otro ejemplo de una política considerada exitosa. Con esa recaudación se arrendaron lotes cercanos a viviendas en la zona de exclusión de aplicación de agroquímicos para desarrollar producción agroecológica.

Tras el cambio de gobierno, Cerdá indica que el fomento a la producción agroecológica bajó, pero la promoción continúo a través del molino cooperativo Masabia, fundado por productores que comenzaron a trabajar en agroecología a partir de la puesta en vigencia de la tasa ambiental. El molino cooperativo cuenta con una fábrica de panificados que logró un convenio con el Sindicato de Empleados de Comercio de Rosario y entra sus productos de muy buena calidad a un precio por debajo de los ofrecidos por las marcas líderes del mercado.

Entrevista Eduardo Cerdá
Foto: Renama

Los casos continúan con el municipio de Luján (Buenos Aires), que creó su sistema local de certificación agroecológica; Moreno (Buenos Aires) que creó Parques Agrarios Agroecológicos en el periurbano arrendando lotes ociosos para ponerlos en manos de productores locales; o Máximo Paz que implementó un sistema de huertas en terrenos fiscales y privados, comprados por la comuna, para la producción de alimentos y abastecimiento local, generando una importante producción fresca y con valor agregado que da trabajo a 25 personas.

El caso de Guaminí, emblema para la Renama, logró crear una cooperativa de productores locales que abastece con 600 toneladas de verdura por año y agrega valor a los tambos agroecológicos locales con producción de quesos a partir del trabajo del Centro de Educación Agropecuaria N°30.

“Al haberse caído los presupuestos nacionales en áreas como salud, educación y otras, los municipios no tienen más presupuesto para destinar a programas de fomento. Todos estos procesos han sido difíciles de sostener. La complejidad de las políticas municipales es que son gestiones que están tapando incendios todo el tiempo y no miran el medio y largo plazo, y la agroecología es a mediano y largo plazo”, contextualiza Cerdá y destaca: “Cuando el municipio acompaña el impulso es mayor. Cuando el municipio se corre, estos esquemas agroecológicos se sostienen a partir de las organizaciones del territorio como cooperativas”.

—¿El municipio es la unidad a partir de la cual se puede iniciar la ampliación de la agroecología?

—Si el Estado nacional tiene la intención, lo mejor que puede pasar es que desde ese nivel baje un programa, que cada provincia lo adapte a su región y que el municipio lo ponga a disposición de los productores y asegure el circuito de abastecimiento local en ferias, mercados u acopios.

—Y en la práctica fueron casi siempre los productores los que impulsaron estos cambios a nivel local…

—El primer paso siempre fue de los productores y las comunidades locales preocupadas, porque les decían que lo única opción que les quedaba era morir envenenados, que no había forma de producir sin agroquímicos. Ahí surge el contacto con los municipios y la posibilidad de mostrarles, con la experiencia de la Renama, que existen productores agroecológicos que no se funden, que producen y dan trabajo; para que desde los gobiernos locales comiencen a ordenar el territorio.

—A partir de una posición que expresa Santiago Sarandón, respecto de que estos programas de fomento dispersos son más un freno que un impulso a un cambio por un modelo agroecológico. ¿Qué opinás?

—Lo hablamos mucho con Santiago. En la “Guía de Agroecología para Municipios” se proponen 25 herramientas para avanzar en el fomento de la agroecología, con o sin presupuesto. Creo que todo avance es válido porque hay que generar conciencia en los productores y en las personas que no están relacionadas con el campo. Generar conciencia de cómo nos alimentamos, de cómo vivimos, hasta dónde llega la contaminación de los agrotóxicos. Tenemos que aprender a elegir. Es el consumidor, son las personas, las que empujan los cambios.

Entrevista Eduardo Cerdá
Foto: Renama

De los campos a las oficinas

La discontinuidad o falta de profundidad en las incipientes políticas de agroecología no son exclusividad municipal. En una provincia como Misiones, que fue pionera en sancionar una Ley de Fomento a la Producción Agroecológica e impulsó la conformación de Sistemas Participativos de Garantía (SPG), con equipos técnicos de acompañamiento, se evidenció una débil compromiso en formación y recursos. Mientras que ahora el debate gira alrededor de revertir la norma que prohibió el uso de glifosato, que debería haber entrado en vigencia el año pasado.

—El argumento del gobernador Hugo Passalacaqua es que aún no hay bioinsumos que puedan reemplazar el glifosato.

—Puede ser su argumento, pero no es así. Las producciones de yerba mate en Misiones son, en general, de 10 o 15 hectáreas, con muchas experiencias agroecológicas. En Paraguay asisto a un productor que tiene 150 hectáreas agroecológicas, biodinámicas, regenerativas con muy buenos rendimientos, bajos costos y una excelente yerba. Ese establecimiento lo fuimos a visitar con los técnicos del INYM y se sorprendieron con lo que vieron. Esa visita fue base para comenzar a trabajar en agroecología con el Instituto, hasta la llegada de Milei. Sería muy importante hacer análisis de las yerbas que se venden para corroborar que varias tienen glifosato. Nosotros lo hicimos y encontramos residuos. Esa es la discusión de por qué se debe dejar de usar ese herbicida, porque llega hasta el producto que consumimos y ponen en juego la salud de la gente. El gobierno de Misiones no ha mostrado que haya hecho este tipo de análisis. Desde la Dirección de Agroecología participamos del debate que surgió desde la sanción, en 2023, de la Ley de Promoción de Producción de Bioinsumos. No hay que reemplazar al glifosato, hay que cambiar el modelo de producción.

—Un planteo agroecológico incluso iría a un horizonte sin biopreprados…

—Los biopreparados pueden acompañar para fortalecer la nutrición del suelo o como fungicida para años muy húmedos, como una preparación de Equisetum (cola de caballo), por ejemplo. Pero el camino de la agroecología es ver cómo el campo funciona naturalmente para conseguir regular esos problemas: si la fertilidad la hago con un biopreparados y sé que la puedo conseguir con un cultivo, tengo que buscar cómo asociar ese cultivo a lo que siembro para que fije nitrógeno, para que genere disponibilidad de fósforo. Los biopreparados pueden acompañar en la transición hasta recuperar el suelo con los cultivos asociados. Desde la DNA trabajamos para la resolución de biopreparados, que el gobierno de Milei derogó y solo dejó la de bioinsumos, destinada a la industria.

Otro caso provincial que se destaca en el libro de la Renama es el de la provincia de Buenos Aires, por su programa que articula líneas de crédito a la agricultura familiar, cursos de formación de formadores, un Congreso de Agroecología oficial y un registro voluntario de productores que registra 45.700 hectáreas en 789 unidades productivas de 105 municipios. La provincia también cuenta con más de medio centenar de municipios con ordenanzas que ponen límites a la aplicación de agrotóxicos.

Sin embargo, esto no implicó un avance en profundidad hacia la agroecología ni una modificación de la Ley de Agroquímicos provincial (10.699), para la que el gobernador Axel Kicillof creó el Observatorio Técnico de Agroquímicos (OTA) en 2020 y reunió la evidencia científica respecto del impacto en la salud y el ambiente del actual modelo productivo.

—De tu experiencia en el Estado. ¿Qué percibiste? ¿Por qué no avanzan las políticas para impulsar la agroecología?

—No se avanza porque hay juego de poderes institucionales y económicos. Las respuestas de los funcionarios es que hay que trabajar para todos los sectores y el de la agroecología es un sector minoritario, mientras que el del agronegocio es el mayoritario. No han llegado a comprender lo que genera la agroecología en el campo, nosotros lo vemos funcionar y escuchamos a los productores decirnos: "Esto a mí me salvó". Hay productores que te cuentan que le dicen a los intendentes: "Ahora puedo pagar los impuestos, porque estoy haciendo agroecología, antes no podía".

—En el discurso de todos los gobiernos nacionales la mirada hacia el campo es la de aumentar la producción de granos para la exportación de 150 a 300 millones toneladas. ¿Cómo atravesaste esa discusión dentro del Estado con una propuesta que propone abastecer, primero, a nivel local, diversificar la producción y agregar valor?

—Los modelos que se plantean desde arriba son modelos industriales, el campo como industria. Bajo esa óptica hay que subir los parámetros de "eficiencia", aunque incluso frente a ese discurso demostramos, en varias tesis doctorales sobre sistemas extensivos, que la agroecología es más eficiente a nivel energético, con menores costos y similares rindes. Incluso demostrado por el INTA en el módulo agroecológico de Tres Arroyos con más de diez años de evaluación. También el INTA demostró en un estudio publicado hace unos años que perdimos el 50 por ciento de la fertilidad en los suelos.

Entrevista Eduardo Cerdá
Foto: Renama

—Una de las problemáticas para tomar la decisión sobre la siembra está relacionada a los suelos, al incremento del precios de los fertilizantes por los conflictos bélicos. ¿Qué respuesta tiene la agroecología ante eso?

—La agroecología no usa agroquímicos ni insumos químicos, no importa cuál es su valor. Hay un error en el concepto agronómico que sostiene que los fertilizantes hacen a la fertilidad. Los fertilizantes hacen al rendimiento, pero no a la fertilidad. Cuando pongo fertilizantes disminuyen todos los microorganismos, las enzimas que me ponen disponibles el fósforo, el nitrógeno, rompo esa cadena. Al productor le entregan una cuenta hecha a través de un ensayo, pero cuando los precios internacionales cambian el rendimiento que necesitás es mayor. Y esto ya pasó en el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, cuando también habían subido los granos, pero el aumento de los insumos superó por mucho ese aumento de los granos. Parece increíble, cada vez que sube el precio de los granos aumentan el precio de los insumos. Cuando el productor piensa en la ventaja comparativa por la suba de los granos, del otro lado de la cuenta, los insumos incrementan los costos. Tengo un trabajo comparativo de 20 años hecho junto a Martín Zamora. Esto asfixia al productor, con la agroecología no pasa.

—¿Y cómo resulta en las experiencias de los productores agroecológicos extensivos?

—Si tenés que comprar insumos, estás esperando la cosecha para ver el rendimiento obtenido, pagar los insumos y saber cuánta plata te quedó en el bolsillo. A partir de ahí, podés proyectar la próxima campaña, con poco tiempo. Cuando estás en un modelo agroecológico, puede haber otras posibilidades de salvar los costos si la cosecha fue mala: utilizando los cultivos con los animales, por ejemplo. Si tu modelo es solo agrícola eso no lo podés hacer. Por eso, los modelos diversificados tienen más herramientas para resistir los cambios en los mercados o las preocupantes situaciones de cambio climático. Al final del cultivo, los productores tienen plata en el bolsillo, pueden pensar en comprar maquinarias. Están tranquilos, no tienen que estar en el banco pidiendo préstamos por que no tuvieron el rendimiento esperado. Todos los productores de Renama han invertido y crecido. Se fueron dando cuenta que tienen que construir fertilidad en el suelo primero. Algunos dicen descubrir todos los días una planta que no habían visto en el campo, una leguminosa, un bichito que aparece y que no son plagas sino parte del agroecosistema, porque el campo empieza a enriquecerse con vida.

Entrevista Eduardo Cerdá
Foto: Renama

—Otra problemática que enfrenta la actual campaña es el fenómeno de El Niño por lluvias excesivas u olas de calor. ¿Qué respuestas da la agroecología?

—Si el suelo está vivo acumula mejor agua, la retiene, el combo suelo-plantas superan mejor las situaciones de estrés climático. Eso te lo pueden decir todos los productores agroecológicos. En Guaminí hubo tres años de sequía y los tambos están en pie; en Córdoba, en cultivos de maíz y soja, los productores enfrentan temporadas con menos lluvias y dicen que sus campos están más verdes. Es que los suelos están mejor. La preocupación frente a El Niño alcanza a las obras viales, para evitar inundaciones y anegamientos en los campos. Pero eso pasa porque el suelo no está reteniendo el agua, porque están compactados. Si el suelo se cuida, absorbe el agua y no corre. Hay que evitar la pérdida de fertilidad de los suelos, evitar los monocultivos y eso quizás, desde un municipio, se puede trabajar en un ordenamiento territorial que evite esa sobrexplotación. La falta de rotaciones hace que el agua no se absorba y solo se piensa en amortiguarlo con mayores obras hidráulicas.

—¿Después de una década de Renama, qué perspectiva tienen los productores agroecológicos dentro de un modelo que empuja al monocultivo para la exportación?

—Nuestro planteo siempre ha sido mejorar la eficiencia, no pensar en lograr un precio diferenciado. Todos los productores venden al camión, a la feria, al frigorífico sin precios diferenciados, pero con un costo mucho más bajo. En paralelo, la producción agroecológica va llevando al agregado de valor local, a la instalación de molinos propios o a la venta a molineros locales, por la calidad del cultivo. La Aurora, la producción emblema de Juan Khier, terminó vendiendo 80 toneladas de trigo a pequeños molinos y en ese camino están otros productores de la Renama como Argelanda. La cantidad de molinos que se han desarrollado ha sido impresionante. Lo que hay que preguntarse es qué país queremos. Si queremos uno en el que la gente produzca de forma diversificada, que algunos vendan localmente y otros puedan exportar. Productos con una calidad nutricional superior, porque cuando un suelo está bien, el cultivo es mejor. Los trigos agroecológicos, por ejemplo, tienen mayores porcentajes de proteína, más hierro, más magnesio, sin nada de agroquímicos, y hace que sea posible alimentarnos sin comer todos los días un poquito más de veneno.

—Como marcan en el libro, el acceso a la tierra cumple un rol fundamental para avanzar en esos planteos…

—Producir sin tener tierras es difícil, producir sin contratos largos es muy difícil. Es necesaria una Ley de Arrendamientos, debemos salir de los contratos anuales accidentales. Gran parte de la producción está bajo esa figura, pero esto no se trata de ningún accidente sino de producir alimentos. En otros países existen normativas que exigen una planificación sobre qué vas a sembrar para que el propietario no sea solo un rentista sino que haya un cuidado de la fertilidad del suelo, que es un bien común que tiene que quedar a través del tiempo. El Estado no juega ese papel. En Uruguay, por ejemplo, un programa para los municipios sobre secuencia de cultivos de rotación en el que tenés que presentar un plan y si es insustentable no te lo aprueban. En Francia, los contratos de arrendamientos son por ocho años.

—Te dirían que sos un estatista.

—Lo que quieren es desarmar toda protección para que las empresas hagan cualquier cosa. Cuando el Presidente habla de que todo es "un problema entre privados" es un disparate. La agroecología en muchos lugares ha logrado que el propietario entienda lo que es cuidar el suelo. Estamos exportando nutrientes, mientras los suelos, el agua y el aire se contaminan. Significa una pérdida de la responsabilidad por lo común, los bienes comunes, la sociedad.

Entrevista Eduardo Cerdá
Foto: Vanina De Acetis
Si vas a republicar este contenido, por favor, incluí el link al artículo original.

¿Ya sos parte de la comunidad Tierra Viva?

Si sos aportante de nuestra campaña de Financiamiento Colectivo podés acceder a descuentos especiales en la compra de alimentos agroecológicos a precio justo.

Link externo al sitio web de Sudestada

Ayudanos a desintoxicar la agenda informativa

Campaña de financiamiento colectivo

Compartir