El Niño despertó: lluvias extremas y olas de calor para un planeta en crisis climática
septiembre 3, 2026
El fenómeno climático del Niño modifica los patrones de lluvia y temperatura en todo el mundo, en un contexto de calor oceánico sin precedentes y creciente calentamiento global, provocado por el ser humano y las actividades contaminantes. Resta saber qué harán los gobiernos para mitigar los impactos y proteger a la población.
El Niño despertó
Foto: Centro de Predicción del Tiempo (ENSO)

Por Silvia Oliviero Ghietto*

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) emitió un comunicado en el que advirtió que el fenómeno climático El Niño, que ya está en marcha, puede alcanzar una intensidad mayor que la habitual. En Argentina, a partir de noviembre-diciembre, aumenta la posibilidad de que ocurran eventos de precipitaciones extremas en la Cuenca del Plata (integrada por Corrientes, Misiones, Formosa, Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Chaco) y en el Noroeste de la Patagonia.

El Niño continúa intensificándose de forma constante combinado con océanos globales excepcionalmente cálidos y la probabilidad de un dipolo positivo en el Océano Índico, lo que determina una probabilidad superior al 90 por ciento de un evento “muy fuerte”. Por lo tanto, se espera que domine los patrones climáticos globales durante la temporada 2026-2027, con aumento de probabilidad de temperaturas superiores a lo normal en gran parte del mundo y con cambios significativos en los patrones de lluvia, segúnel Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.

Las proyecciones científicas actuales sugieren que este El Niño podría convertirse en un evento comparable con algunos de los episodios más impactantes de las últimas décadas superando incluso el ocurrido en 1998. Los eventos de El Niño suelen alcanzar su punto máximo hacia finales del año, con la máxima influencia que suele sentirse entre noviembre y febrero.

Vale la pena aclarar que la Organización Meteorológica Mundial y las Instituciones de Referencia Climática clasifican los eventos de la Oscilación El Niño-Sur (ENSO) como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes. Por lo tanto, el término "súper El Niño" utilizado por los medios de comunicación no forma parte del sistema de clasificación operativo y oficial.

El Niño despertó
Infografía: Organización Meteorológica Mundial

¿Que sabemos del fenómeno del Niño?

El Niño y La Niña son fases opuestas de un patrón climático natural conocido como la Oscilación El Niño-Sur (ENSO), que implica fluctuaciones de las temperaturas oceánicas en el Pacífico ecuatorial central y oriental, junto con cambios en la atmósfera suprayacente. Cuando la “Circulación Walker” (un flujo masivo de aire de este a oeste impulsado por las diferencias de temperatura y presión entre los océanos cálido occidental y el frío del este) se modifica desplazándose hacia el este en dirección a Sudamérica y la temperatura oceánica supera los 0,5 °C, se declara El Niño.

La transición entre estas fases extremas suele ocurrir cada dos a siete años. Tanto El Niño como La Niña generalmente comienzan a desarrollarse entre marzo y junio y alcanzan su máxima intensidad entre noviembre y febrero.

El Niño se caracteriza por temperaturas superficiales oceánicas inusualmente cálidas en el Pacífico central y oriental. El nombre proviene de pescadores y marineros peruanos que notaron una corriente cálida, asociada a la reducción de capturas de pescado, y la llamaron El Niño (probablemente porque se hacía visible en torno a Navidad).

El Niño se predice mediante el monitoreo de las condiciones en el océano Pacífico tropical. A través de modelos climáticos, la comunidad científica puede estimar cómo puede evolucionar en los próximos meses y predecir patrones climáticos con seis meses de anticipación. Se basa en una red global de observaciones, incluidos satélites, buques de océano, barcos de investigación y medidas atmosféricas operadas por los Servicios Meteorológicos y Hidrológicos Nacionales y Organizaciones Internacionales.

Desde la década de 1980, el enfoque dominante para medir o identificar El Niño ha sido el uso del Índice Oceánico Niño (ONI), que calcula a lo largo de un promedio de tres meses la Anomalía de Temperatura Superficial del Mar en una región específica del Pacífico llamada región Niño. En los últimos años y con la presencia del calentamiento global, una métrica más reciente llamada Índice Relativo Oceánico Niño (RONI) ha ganado terreno. Este enfoque mide el calentamiento relativo, no solo el absoluto, ayudando a la comunidad científica a evaluar si un evento de calentamiento está impulsado por el ENSO o se debe principalmente al calentamiento global oceánico.

La OMM indica que, según las proyecciones de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos y el Programa Copernicus de la Unión Europea, el 2026 podría estar entre los cinco años más cálidos desde que hay registros, y que si El Niño efectivamente presenta la intensidad que se pronostica, 2027 podría convertirse en el más caluroso de la historia.

El Niño despertó
Foto: NASA Worldview

El Niño y sus principales impactos

El Niño remodela los patrones de lluvia y temperatura en todo el mundo, aunque los impactos varían según la región, la estación y cómo interactúa con otros modos de variabilidad climática. De acuerdo con el Informe de Actualización Global del Clima Estacional de la OMM, la previsión de precipitaciones de agosto-octubre de 2026 muestra patrones de un evento fuerte de El Niño.

Se esperan severas alteraciones climáticas: precipitaciones extremas y graves inundaciones en el Gran Cuerno de África; partes de Asia Central; Europa del Sur; Oeste de Norteamérica; y el sureste de Sudamérica. En cambio, las condiciones de sequía son más probables en el subcontinente indio; Australia del Sur y Este; el Sur de Centroamérica y partes del Caribe; Noroeste de Sudamérica; y el Norte de Europa.

Históricamente, muchos de los años más cálidos registrados han coincidido con eventos de El Niño. Sin embargo, el efecto de calentamiento se sitúa sobre una tendencia ascendente a largo plazo impulsada por el cambio climático inducido por el ser humano. Como resultado, cuando se desarrolla un El Niño fuerte en el clima más cálido actual, las temperaturas globales pueden alcanzar niveles especialmente altos.

“En la Argentina –explica Marisol Osman, investigadora del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA, UBA–Conicet)–, los eventos intensos de El Niño aumentan fuertemente las chances de tener más lluvias en el este del país, abarcando regiones más amplias. Pensemos que normalmente el Litoral argentino suele registrar más precipitaciones en primavera. Solemos decir, a modo de metáfora, que El Niño les construye una autopista a las tormentas a través de nuestro país, que pueden seguir eligiendo el camino de tierra, pero la autopista es muy tentadora”.

El Niño despertó
Foto: Sebastíán Losada

¿Como nos preparamos?

La OMM hizo un llamamiento a gobiernos, organismos humanitarios y sectores productivos sensibles al clima, como la agricultura, para que multipliquen las medidas de alerta temprana, y resguarden a las comunidades vulnerables contra los impactos de un fenómeno que se anuncia como extraordinario. Además, pidió la mayor movilización de los servicios de información y apoyo para ayudar a los países a anticipar y minimizar los impactos de El Niño.

La Biblioteca Climática de Referencia para diseñar la "Planificación, Preparación y Respuesta frente a los Eventos Climáticos Extremos" precisa recomendaciones en el apartado “El Evento de El Niño en América Latina y el Caribe 2023, elaborado por la Oficina de la ONU de Reducción de Riesgo de Desastres (Undrr).

  • Información y monitoreo para una acción climática eficaz: promover un intercambio activo de datos y democratización de la información científica para fomentar el aprendizaje y construcción del conocimiento colaborativos en adaptación y resiliencia climática. La comprensión de los impactos específicos permitirá una planificación anticipada y acciones contingentes.
  • Medidas de prevención y acción anticipatoria: la identificación de las amenazas y vulnerabilidades, la implementación de medidas de mitigación, el enfoque en infraestructura resiliente estructural y social, y la promoción de la preparación de la comunidad. La protección agrícola y del abastecimiento de agua y saneamiento desempeñan un papel fundamental para reducir las necesidades humanitarias y garantizar la seguridad alimentaria, escuelas y hospitales.
  • Participación activa de las comunidades y mecanismos de coordinación para la planificación colaborativa con un enfoque intersectorial: desarrollar capacidades sobre sistemas de alerta temprana, coordinar a nivel comunitario, local, nacional y sectorial para atender prioritariamente zonas críticas y poblaciones vulnerables. Construir mediante el diálogo de saberes soluciones de manera conjunta que se adapten a las necesidades y capacidades específicas de las comunidades.
  • Financiamiento e inversión: invertir en adaptación, prevención y proyectos de resiliencia climática ante desastres a mediano y largo plazo. La asignación flexible de recursos y líneas de financiamiento contingente permiten una rápida respuesta a emergencias y desastres.

En Argentina, la Agencia Federal de Emergencias (AFE) anunció un Plan de Coordinación Federal 2026/2027con el objetivo de fortalecer la articulación entre Nación, provincias y municipios, en el marco del Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (Sinagir), para enfrentar emergencias vinculadas al aumento de precipitaciones en las provincias de la Cuenca del Plata: Corrientes, Misiones, Formosa, Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Chaco.

El Niño despertó
Foto: Télam

Inundaciones del pasado, calor extremo en el futuro

En Argentina existen antecedentes de inundaciones extremas que provocaron un colapso humanitario que aún permanecen como heridas abiertas y demandas de reparación insatisfechas por parte de quienes lo perdieron todo, como fueron las ocurridas en la ciudad de Santa Fe en 2003, La Plata en 2013 y Bahía Blanca 2023 y 2025.

Como se alerta desde hace tiempo en la ciencia climática, que hoy en virtud de los avances alcanzados nos permiten conocer con anticipación los escenarios posibles, estos eventos climáticos extremos son y serán cada vez más frecuentes e intensos, y requieren nuevas estrategias para su abordaje y el consenso social para hacerlas efectivas.

El negacionismo climático, el desmantelamiento y desfinanciamiento planificado de las áreas centrales para hacer enfrentar la crisis climática —como el ataque al Sistema de Ciencia y Técnica y a las universidades públicas—, va en sentido contrario a las necesidades urgentes de adaptación y prevención.

De la misma manera se complementa con el agravamiento de las condiciones socio económicas que expulsan a las poblaciones más vulnerables a vivir en los territorios con mayor riesgo hídrico y con la ausencia de los servicios esenciales, vivienda digna y un estado sanitario precarizado, en especial los niños, niñas y personas de la tercera edad que deberían ser cuidados y protegidos.

Es fundamental organizarse como comunidad solidaria y resiliente en los territorios, profundizar y compartir el conocimiento, dialogar entre los distintos sectores sociales, monitorear las acciones gubernamentales y promover la participación pública para actuar en defensa de la vida.

“El Niño es uno de los fenómenos climáticos sujetos a un monitoreo más estrecho. Pero los pronósticos por sí solos no evitan los peligros, eso solo pueden hacerlo las personas. Este evento se está desarrollando en un contexto de calor oceánico sin precedentes y de un aumento inédito de las temperaturas. Gobiernos y comunidades tienen la oportunidad de anticipar riesgos y actuar antes de que se manifiesten sus impactos. Las decisiones que se tomen hoy determinarán las consecuencias que experimentaremos mañana”, sostuvo Celeste Saulo, ex profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, actualmente Secretaria General de la OMM.

El Niño despertó
Foto: Depositphotos

* Magíster en Química y Ambiente. Profesora de Ambiente, Ciencia y Tecnología en Latinoamérica, Licenciada en Historia (UNDAV) y Maestría en Ingeniería Ambiental (UTN). Miembro Grupo Expertos Cambio Climático de la Oficina de América Latina y el Caribe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

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