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La lucha socioambiental en las aulas, el legado de Ana Zabaloy
julio 28, 2021
Sección: Territorios
A un año de la muerte de la docente rural y referenta de la Red Federal de Docentes por la Vida (RFDV), Marta Maffei —ex secretaria general de CTERA y ex diputada nacional— y Yamila Vega —docente e integrante de la RFDV— repasan su lucha, sus enseñanzas y los desafíos para llevar a las aulas la flamante Ley de Educación Ambiental.
Ana Zanaloy
Foto: Huerquen - Comunicación en Colectivo

Por Lucía Caisso  (*)

No conocí personalmente a Ana Zabaloy. Sólo la había visto en el documental Viaje a los pueblos fumigados, de Pino Solanas. El 10 de Junio de 2019 volví a escuchar su nombre: circulaba en redes sociales la triste noticia de su muerte. Cáncer, igual que Andrés Carrasco. Esa enfermedad sobre la que ambos habían reflexionado tanto a propósito de su vinculación con la exposición sistemática y prolongada a las fumigaciones con plaguicidas. En ese entonces, estaba a punto de comenzar una investigación sobre escuelas rurales fumigadas en una de las zonas “estrella” del agronegocio argentino: el sudeste de la provincia de Córdoba. Unos meses después, en octubre de ese año y en plena temporada de alta de fumigaciones, me lanzaba en mi pequeño auto al océano de soja y maíz transgénico que inunda esa zona. 

Con largas horas de manejo fui hilvanando pequeñas ciudades, pueblos y escuelas rurales de la región para entrevistar a las docentes rurales. En los tiempos muertos del manejo comencé a reproducir  en mi celular todas las entrevistas y vídeos en los que era posible escuchar a Ana testimoniando y denunciando la problemática de las escuelas fumigadas. Así me fui acercando a Ana. Pero no fue hasta que terminé de escuchar los relatos de las docentes que entrevisté, que tomé verdadera conciencia de la importancia de su vida y comencé entonces a sentir su figura como propia: porque tejiendo en mi cuaderno de campo los temores, la incertidumbre pero también la valentía de esas maestras entendí mejor con qué incomodidades y contra qué silencios se habían gestado las batallas de Ana Zabaloy

¿Cómo homenajearla, a dos años de su injusta y prematura partida, cuando los problemas que la desvelaron continúan vigentes y siguen pidiendo a gritos no sólo soluciones pasajeras sino transformaciones de fondo? Sin ningún lugar a dudas, la resistencia al agronegocio y la denuncia de sus efectos son el principal y el más necesario homenaje para Ana Zabaloy. Pero también el encuentro, la puesta en común de deudas y avances de la lucha de las docentes rurales fumigadas y el análisis del escenario actual (en el que, entre otras cosas, se ha sancionado la Ley de Educación Ambiental). 

Para ese encuentro elegí a Marta Maffei —ex secretaria general de CTERA y ex diputada nacional— y Yamila Vega —docente e integrante de la Red Federal de Docentes por la Vida— Porque conocen de cerca la lucha de las escuelas rurales fumigadas y porque traen a Ana una y otra vez a la conversación: para recordarnos, a quienes no la conocimos personalmente, que podremos encontrarla siempre en las acciones de quienes le dan continuidad a su lucha. 

¿Cómo se acercaron ustedes a la lucha de las escuelas rurales fumigadas?  

Marta Maffei:— Bueno, cuando fui secretaria general del Ctera, a partir del año 1994, comenzamos a trabajar con un grupo de compañeros en torno a la formación docente. Veíamos que había una débil formación docente en general respecto de muchos temas y comenzamos a desarrollar cursos. En esos cursos empezó a circular la preocupación por las transformaciones en el proceso de producción agraria: los desmontes, la cría de ganado en feedlots, la aparición de los transgénicos. Entonces, tomamos la decisión de comenzar a trabajar la formación de los compañeros en los temas ambientales y en 1996 armamos el postítulo docente en Educación Ambiental, en acuerdo con la Universidad del Comahue. En esa carrera nosotros formamos más o menos 40 mil docentes, que parece  mucho pero no, porque hay 1.200.000 docentes a nivel nacional. A ese postítulo comenzaron a venir algunos docentes de escuelas rurales y una de las compañeras que participó fue Ana Zabaloy, que a pesar de su enfermedad, venía y quería participar para contar lo que pasaba con las fumigaciones y que no miráramos para otro lado. 

—¿Y qué planteó Ana en esos encuentros de formación?

M.M:— Que no nos olvidáramos que las escuelas del campo se cerraban, se despoblaban, se fumigaban. Ese fue entonces el primer contacto y a partir de ahí nunca dejamos de trabajar el tema de las fumigaciones ni en el postítulo ni en la escuela de formación docente “Marina Vilte”. Seguimos penetrando en la temática para que los docentes enfrenten el desafío de detectar las problemáticas ambientales con sus estudiantes, traten de incorporar el conocimiento científico construido sobre esas problemáticas y hagan posible que ese conocimiento sea comprensible para la sociedad y le ayude a tomar partido a nuestros estudiantes y sus familias, les ayude a accionar.  

Yamila Vega:— En mi caso me acerqué al problema, primero, porque me crié en el campo. A mis 20 años empecé a tener problemas hormonales y la doctora que me atendió me dijo: “Bueno, vos vivís en el campo, ¿con qué fumigan?”. Ese fue el primer cuestionamiento que me hice: “¿Con qué están fumigando en el lugar donde vivo? ¿Qué genera?”. Luego me recibí de docente de Historia y comencé con mis primeras suplencias, la gran mayoría en escuelas rurales. En Exaltación de la Cruz, en Parada Robles, en lugares del interior de la provincia de Buenos Aires. Ahí vi los primeros problemas de salud como alergias o problemas respiratorios en los estudiantes, que eran migrantes bolivianos que se dedicaban a la producción hortícola y que utilizaban una enorme cantidad de agrotóxicos, algunos que ya estaban prohibidos inclusive. Pero fue peor cuando me mudé a San Andrés de Giles y comencé a trabajar en la escuela de alternancia donde trabajo ahora. 

—¿Por qué? 

Y.V:—Porque ahí comencé a visitar a los chicos y las chicas en su casa y veía que conviven con la maquinaria que se utiliza para pulverizar o con los bidones de agrotóxicos, porque los reutilizan para darles de comer y de beber a los animales o para el uso doméstico de las familias. Me comenzaron a hablar de abortos espontáneos, también de problemas respiratorios, de alergias en la piel. Fue entonces que conocí a Ana Zabaloy y otros compañeros y compañeras de San Andrés de Giles. Era un grupo pequeño al principio, pero logramos la primera audiencia pública que se hizo en Giles y fue para discutir el agronegocio y sus consecuencias. Después de eso comenzó un proceso de cambio en la ordenanza municipal en relación al uso de agrotóxicos. También organizamos el 8° Encuentro de Pueblos Fumigados y lanzamos la Red de Docentes por la Vida, que al principio sólo nucleaba a docentes de la provincia de Buenos Aires. Y después, a raíz del contacto de Ana con docentes de todo el país, la red se convirtió en Red Federal de Docentes por la Vida (RFDV).  

Ana Zabaloy
Foto: Huerquen – Comunicación en colectivo

—Marta, en función de tu experiencia de tantos años como referente gremial… ¿Por qué crees que tantos y tantas docentes rurales se han convertido en activistas de estos temas ambientales? 

M.M:— El docente siempre es un actor social de importancia y por lo tanto es permeable a la conflictividad que lo rodea. Además la problemática ambiental involucra la salud de los chicos, le resulta muy difícil dejar de ver eso porque su preocupación central son los chicos. Tiene que ser un maestro muy incompetente o muy antisocial para que la problemática que afecta a la comunidad no lo atraviese. Desde luego, la comunidad no es un paquete homogéneo, hay una gran cantidad de miradas distintas, a veces, intereses encontrados. Pero en ese cruce de miradas el docente no tiene que olvidarse que puede ser un agente de cambio porque tiene cierta credibilidad ante los ojos de los demás. Creo que las luchas como las que se están dando en este momento en Mendoza, en Chubut, en Catamarca van mostrando que el involucramiento del docente junto a la comunidad para presionar a los gobiernos es el camino para hacerlo y en ese proceso el docente puede ser un agente dinámico de cambio, sin ninguna duda. 

¿Compartís esta visión, Yamila? ¿Ese involucramiento se ve reflejado en la actividad actual de la Red Federal de Docentes por la Vida? 

Y.V:—Hay muchos docentes que se involucran. La red de docentes creció muchísimo. Ya hay miembros en casi todas las provincias de Argentina y ya no nos abocamos sólo a la problemática del agronegocio y las fumigaciones, sino que hay docentes que se suman por los problemas de otras actividades extractivistas como por ejemplo la megaminería. También estamos trabajando fuertemente con el tema del análisis del agua, presionando para que desde los gremios docentes y desde los consejos escolares de las distintas instituciones educativas se empiecen a realizar estudios en el agua que contemplen no sólo el análisis bacteriológico sino también otros contaminantes como los agrotóxicos que hoy no se contemplan. Además continuamos a través de nuestras redes sociales compartiendo distintos proyectos y contenidos para el aula. Algunos sobre los efectos ambientales del agronegocio, pero también promocionando la agroecología como el único camino posible hacia un ambiente realmente sano y que incluya a todos y todas.  

¿Cómo ven el papel de las organizaciones sindicales docentes en relación a la problemática de las escuelas fumigadas?  

Y.V:— Yo formo parte de un gremio docente. Es fundamental la militancia y la discusión gremial, y una se afilia por ese motivo, para dar la lucha desde adentro. Pero lo que  el gremio haga, muchas veces, depende de la localidad y de las relaciones de fuerza en cada una de ellas. Tampoco se puede hablar de todos los gremios de la misma manera. Hay gremios como AGMER que se han puesto a la cabeza de la lucha de las escuelas fumigadas, pero no pasa lo mismo en la provincia de Buenos Aires. En San Andrés de Giles, donde yo doy clases, por más buena relación que tengamos con algunos gremios, tenemos que estar pidiendo por favor que los gremios nos acompañen con las denuncias o con la difusión de los protocolos de cuidados ante las fumigaciones. Eso me hace ser crítica sobre el rol que están teniendo los gremios.  

M.M:— Por un lado, me ha costado mucho introducir la problemática en CTERA como parte de las reivindicaciones laborales. Sin duda, necesitamos el involucramiento de las organizaciones sindicales en este tema. Pensemos que en algunas provincias son sindicatos únicos, por lo tanto son organizaciones enormes a las que necesitamos activas en la denuncia contra las fumigaciones. En general, las organizaciones sindicales, y ya no hablo solamente de los sindicatos docentes, no cuestionan fuertemente el sistema productivo contaminante bajo el argumento de que da empleo, pero… ¡Tenemos que empezar a pensar con otra cabeza! Descolonizar nuestro pensamiento, nuestro saber, nuestra cultura. La contaminación enferma y los trabajadores son afectados.  

—¿Qué opinan de la sanción de la Ley de Educación Ambiental, tanto desde sus trayectorias como en función de la perspectiva a futuro de las luchas sociales y docentes ambientales?  

Y.V:— Desde la red de docentes celebramos la aprobación de la ley, porque creemos que abre nuevas posibilidades para insertar la problemática socioambiental dentro de las aulas. Nos va a posibilitar poder trabajar más libremente estos temas, que muchas veces provocan conflictos, sobre todo, en las escuelas rurales. También es cierto que la forma en la que se aborden va a depender mucho de la formación de cada docente, porque lo que vemos es que en las escuelas las problemáticas ambientales se trabajan con tópicos como “la importancia de reciclar o la problemática de la basura”, pero no la raíz estructural de los problemas ambientales. 

—¿Cómo creés que se pueda resolver ese tratamiento acotado de la problemática socioambiental en las escuelas?

Y.V:—Pienso que si bien la Ley de Educación Ambiental es positiva, puede resultar insuficiente si no va acompañada de una discusión a nivel estatal sobre un cambio de paradigma en el sistema productivo. Porque la ley nos va a permitir legitimar y profundizar el estudio de estas problemáticas dentro del aula, pero no va a generar por sí sola un verdadero cambio social si desde las esferas políticas no se discute un cambio de paradigma productivo. Es una discusión mucho más profunda y en la que intervienen diversidad de actores, con distinta fuerza económica y política. Pero tiene que ir a la par de la implementación de la educación ambiental. 

—¿Esas contradicciones ya están reflejadas hoy en las escuelas?

Y.V:—Sobre todo en las escuelas agrotécnicas secundarias. Se sancionó una Ley de Educación Ambiental, pero tenemos las capacitaciones a estudiantes y docentes por parte de las corporaciones agrícolas. Capacitaciones que muchas veces son obligatorias, como  fue el programa “Escuelagro” durante el macrismo o ahora una capacitación para promocionar las “Buenas Prácticas Agrícolas”, que es armada y promocionada desde el Ministerio de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires. Y, al mismo tiempo, ofrecen  el curso del rol de facilitadores en Agroecología. Mientras el Estado y la dirección General de Escuelas sigan siendo permeables a las grandes empresas del agronegocio se sigue cayendo en una contradicción terrible.

M.M:—Coincido con Yamila en que fue sumamente positivo el haber conseguido que la ley fuera sancionada a nivel nacional. Hace más de 20 años que la veníamos peleando. Hubo varios proyectos, uno lo presenté yo cuando fui diputada. De todas maneras, se trata de una ley de presupuestos mínimos. No tiene la especificidad ni la profundidad para detallar cómo se tiene que implementar, eso le corresponde a las provincias.Pero es bueno tener la ley porque viene a legitimar lo que estábamos haciendo muchos como docentes en el aula. 

—¿También cree que va a generar resistencias su aplicación en las aulas?

M.M:—Lo cierto es que, como dice Yamila, el problema con la ley no es la ley: el problema son los sistemas de producción y consumo. Ese es el nudo del conflicto y estando el Estado tan cooptado por los grupos económicos, es difícil. ¡Fijate que venimos pidiendo una ley nacional para el control de los agrotóxicos hace años y no lo hemos conseguido! El sistema político debe ser formado en las problemáticas socioambientales, necesitan más formación que en las escuelas. Me parece que va a ser arduo el trabajo y no sé cómo lo van a llevar adelante. ¡Si lo dejan a Felipe Solá dando la formación ambiental te podés imaginar! Si él recibió su formación directamente de Monsanto. Podemos tener una buena ley, podemos hacer un buen trabajo en el aula, pero si la realidad afuera de las aulas sigue siendo contaminante, con sistemas productivos cada vez más tóxicos y con funcionarios que lo convalidan. Entonces, la única que nos queda es formarnos y organizarnos como colectivos y organizaciones sociales para dar las peleas necesarias

La necesidad de acompañar la sanción de la Ley de Educación Ambiental con el fortalecimiento de las organizaciones sociales que demandan cambios productivos «de fondo», tal vez sea el más importante legado de Ana Zabaloy, porque ella no sólo comprendió, denunció y padeció los efectos del agronegocio. También se abocó a la construcción de la Red Federal de Docentes por la Vida, desde la cual apoyó y contuvo a cada docente rural que enfrentaba las fumigaciones con agrotóxicos para hacer de ese drama personal un reclamo y una lucha colectiva.  

(*) Antropóloga y docente de la Licenciatura de Antropología de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba.

Curso Soberania alimentaria Derechos Humanos y Agroecologia