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Trigo transgénico: “Un modelo de agricultura que profundiza la inequidad y daña al ambiente”
Científicos y organizaciones socioambientales alertan que Brasil podría aprobar esta semana el primer trigo transgénico, requisito clave para que avance ese cultivo y llegué a las mesas argentinas. Se trata de un evento que va acompañado del peligroso agrotóxico glufosinato de amonio. Agronegocio, dependencia y riesgos para la salud.
junio 9, 2021
Carta de científicos contra el trigo transgénico
Foto: Carlos Brigo/TELAM

La organización Trigo Limpio, conformada por científicos y organizaciones socioambientales, manifestó su preocupación y rechazo por la posible aprobación del trigo transgénico HB4 en Brasil, decisión esperada en Argentina para comenzar la producción en escala de ese tipo de cultivo. La vinculación entre la normativa brasileña y los cultivos argentinos es que el vecino país es el principal importador de trigo, además es la condición que el propio Estado argentino impuso para comercializar cualquier derivado de ese evento transgénico.

El Colectivo Trigo Limpio, mediante una carta pública con más de 1000 firmas, aseguró que el trigo HB4 implica un modelo de agricultura que profundiza la inequidad y daña al ambiente. «Nos encontramos a días de que una decisión tomada por un gobierno extranjero pueda marcar irremediablemente el destino de la soberanía alimentaria de nuestro país», advierten. Argentina ya avanzó en aprobar el trigo transgénico de la empresa Bioceres-Indear —fue el primer país del mundo— y su cultivo significa una amenaza para las poblaciones campesinas y para nuestro ecosistema.

El trigo HB4 todavía no está aprobado en Brasil. Sin embargo, existen posibilidades de que se trate este jueves 10 de junio en la CNTBio (Comisión Nacional Técnica de Bioseguridad) brasileña. «Científicas y científicos de Brasil ya han advertido sobre la necesidad de evitar esta aprobación y siguen brindando argumentos en las deliberaciones aún abiertas. Nos sumamos a esta resistencia de los hermanos y hermanas de Brasil y volvemos a decir: ¡No al trigo transgénico! ¡No con nuestro pan!», se lee en el comunicado redactado por Trigo Limpio.

A fines de abril, la firma rosarina Bioceres -que desarrolló el trigo HB4- comenzó a cotizar en el Nasdaq Global Select Market: su acción subió 145 por ciento desde comienzos de 2021. Además, la empresa anunció una “alianza estratégica” con Havanna para la elaboración de productos a base de trigo transgénico.

A horas de una probable aprobación en Brasil, especialistas y activistas ambientales renuevan su solicitud al Estado argentino para que deje sin efecto la aprobación del trigo transgénico y que, al mismo tiempo, abra un amplio espacio de debate ciudadano informado, tal como lo prevé el Acuerdo de Escazú (Ley Nacional 27.566). «Solicitamos que se promuevan y apoyen iniciativas de agricultura sostenible que contribuyan a la transformación del actual modelo hegemónico de producción agrícola hacia modalidades agroecológicas eficientes y sustentables que consideren el interés común, el trabajo digno, la salud pública, la defensa de la vida y la casa común», manifiestan.

El origen del trigo transgénico

Los orígenes del trigo transgénico se remontan al descubrimiento de la bioquímica Raquel Chan, de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Chan localizó en 1995 el gen que le posibilita al girasol administrar la escasez del agua. En 2004 se patentó esta tecnología, en una colaboración conjunta del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (dependiente del Conicet y de la UNL) y de la empresa Bioceres (que tiene entre sus accionistas al multimillonario Hugo Sigman y al «rey de la soja» Gustavo Grobocopatel) . Se trata de la misma empresa que hoy espera la aprobación del trigo HB4 en Brasil para avanzar con ese cultivo en las tierras de Argentina.

El trigo transgénico había recibido el visto bueno, en 2016, del Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria (Senasa) y, en 2018, de la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia). Vale aclarar que ni Senasa ni Conabia realizan estudios propios sobre transgénicos y agrotóxicos, solo validan los presentados por las compañías que los comercializan.

El 9 de octubre pasado, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación estableció la primera aprobación de trigo transgénico a nivel mundial, a través de la Resolución 41/2020. La normativa respondió a un pedido de Indear Rosario, el área de investigación y desarrollo (I+D) del grupo Bioceres. «Nacimos para dar vida a cultivos capaces de lograr lo que parecía imposible. Cultivos más eficientes, tolerantes a los embates del clima y por supuesto más rentables», señalan desde Bioceres.

Al conocerse la decisión del gobierno nacional, más de mil investigadoras e investigadores de todo el país hicieron pública su preocupación a través de una misiva. Dicha carta fue enviada a las autoridades de los ministerios correspondientes, solicitando que se deje sin efecto esa aprobación y se convoque a un amplio debate social, con el objetivo de democratizar la toma de este tipo de decisiones. «Identificamos esta decisión del Estado Nacional como una nueva apuesta al agronegocio profundizando el modelo extractivista», expresaron en esa oportunidad.

Masivo rechazo de científicos

En estos días, científicas y científicos de Trigo Limpio sostienen que «la siembra a campo del trigo transgénico en gran escala involucra un proceso irreversible». Argumentan que no es posible la coexistencia de trigo transgénico y no transgénico debido al proceso de contaminación genética que ocurre durante la polinización. A ello se suma la imposibilidad de evitar la mezcla de semillas en los procesos de transporte y acopio de granos. «La contaminación genética no solo complicará la exportación de trigo no transgénico sino que también impedirá el desarrollo de la producción de agricultores que están cultivando trigo agroecológico», alertan.

El trigo transgénico HB4 es tolerante a la sequía y resistente al herbicida glufosinato de amonio. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), este herbicida es 15 veces más tóxico que el glifosato.

El compuesto «es letal para organismos que contribuyen naturalmente a mantener la dinámica de los agroecosistemas, deteriora enormemente la calidad del agua dulce acelerando procesos de eutrofización y penetra hacia napas subterráneas”, señalaron los especialistas en la materia en octubre pasado. Es decir, que la nueva semilla no solo implicará un riesgo genético para los cultivos de trigo del país, sino también una mayor exposición a agrotóxicos más potentes.

«Este modelo de agricultura concentra capital, reprimariza la economía, incrementa la dependencia, profundiza la desigualdad económica y social, destruye ecosistemas, amenaza la soberanía alimentaria y deja a su paso territorios devastados ambiental y socialmente», indican desde el Colecitov Trigo Limpio.

«El trigo es la base de nuestra alimentación. Dado que en Argentina no hay ley de etiquetado de alimentos, de aprobarse el trigo HB4 toda la población estaría aún más expuesta a la ingesta diaria de herbicidas y en particular glufosinato de amonio, tanto en los alimentos como en el agua de consumo», cuestionan.

Además, señalan que «el costo ecológico, social y en la salud pública interpela una y otra vez el supuesto éxito de este sistema de agricultura industrial que apuesta al extractivismo para producir commodities y beneficiar a una minoría de la población argentina que acumula las ganancias».

«Lejos de apuntar a una transformación paulatina de este sistema, la aprobación del trigo HB4 y la ‘Iniciativa 200 millones de toneladas de cereales, oleaginosas y legumbres’ que se propone incrementar en más de un 50 por ciento la producción de granos para 2030, refuerzan el modelo sin ninguna consideración respecto a las consecuencias socio-ambientales de esta meta», analizan.