María Robotti y el rol de las mujeres en el Grito de Alcorta
julio 4, 2022
Sección: Territorios
María Robotti fue una de las impulsoras del histórico "Grito de Alcorta", revuelta rural de 1912 que exigió los derechos de las familias chacareras y dio origen a la Federación Agraria Argentina. Una investigación académica y una obra de teatro destacan el rol de Robotti, y de las mujeres, en la organización de los pequeños y medianos productores.

Por Fecofe

Los movimientos feministas han insistido en trabajar sobre el lugar de las mujeres en la historia. Acerca del papel que ocuparon o el que les permitieron ocupar. Las emociones guardadas y las que pudieron explosionar sin ser reprimidas. Desde ese lugar, indagar sobre el Grito de Alcorta —hecho que cambió la escena rural—, implica encontrarse con miles de artículos, fotografías, notas periodísticas e investigaciones que remiten al papel de Francisco Bulzani y de los hermanos José y Pascual Netri, entre otros personajes que, curiosamente (o no), también son hombres. 

De los 184.000 resultados que Google arroja ante la búsqueda: “Mujeres – Grito de Alcorta”, aparece destacado un trabajo de 20 hojas realizado por la historiadora argentina Gabriela Dalla Corte Caballero para la Universidad de Barcelona, en el que se indaga sobre la figura de María Robotti, también conocida como María Bulzani por su matrimonio contraído con Francisco Bulzani.

El proyecto académico, denominado “María Robotti y el Grito de Alcorta. Testimonios orales, historias vividas y agitación agraria” tiene como objetivo “investigar una parte de la historia que sigue en construcción” y “reconocer la figura de María Robotti como representante de la trascendencia histórica femenina santafesina, en particular, y argentina en general”. Su historia de vida es reconstruida en el documento a través de entrevistas y recuerdos familiares.

Gabriela Dalla Corte Caballero menciona que Robotti fue posteriormente investigada y emparentada con el período de agitación rural que lleva el nombre del Grito de Alcorta: en medio de una reunión convocada el 25 de junio de 1912, la joven María Robotti, compañera de Bulzani, exclamó  “viva la huelga” mientras arrojaba su delantal. El acto fue reconocido como un símbolo de inicio de la huelga y un empuje para aquellos colonos presentes que no se animaban a ponerlo en palabras.

El impecable trabajo realizado por Dalla Corte Caballero cuenta con testimonios de sumo valor, como el de Magdalena Bulzani de Mijich, hija de María Robotti y Francisco Bulzani, que relata que era Robotti quien “aguantaba todo” y recuerda que su mamá decía que “cuando nació Pedro (hijo de María y Francisco) a la mañana, a la tarde tuvo que subir a la parva de pastos, a darle pasto a los caballos, porque no había nadie, si mi papá siempre andaba en eso de la política, y nunca estaba en el campo”. 

Además, también se incluyen descripciones dadas por el historiador y escritor Plácido Grela, para quien María Robotti fue “una extraordinaria mujer, alma y nervio durante las reuniones preparatorias de la huelga”. Es decir, una “infatigable chacarera que alentó a los agricultores en huelga para proseguir por el camino de la justicia, la paz y la libertad”.

La autora repasa minuciosamente lo ocurrido en el Grito de Alcorta, pero hace especial hincapié en demostrar que, durante el período, mujeres y hombres realizaban las mismas tareas “no sólo en el trabajo de mantenimiento de la chacra y en la crianza de los niños y niñas, sino también en la agitación”. Un verdadero embate a los estigmas de género que coloca a las mujeres en la columna de los débiles. También una demostración de generosidad, empatía y dignidad humana.

“Fue ella quien cumplió una función muy específica pero de una gran trascendencia para la continuación y permanencia del Grito. Este Grito exigía contar con apoyo económico y con recursos materiales”, explica Dalla Corte Caballero. Detalla que Robotti fue la encargada de proveer de harina, pan y fideos a los agricultores, usando para la repartija una especie de chata de cuatro ruedas tirada a caballo. La tarea tenía como objetivo que los chacareros no trabajasen de noche, cuidando cumplir con la movilización. “Esta actitud de María consumió sus ahorros y provocó una gran pobreza familiar”, expresa Dalla Corte Caballero. Y suma: “Gracias a la entrevista mantenida oportunamente con Magdalena Bulzani, y a los detalles relatados por su hijo, Antonio Mijich, sabemos que ‘ella compraba y llevaba las bolsas de harina, llevaban la mercadería en el brete, y repartía para que la gente pudiera comer, y que hagan la huelga… y por eso se fundieron, después la gente no se acordó de lo que ellos hicieron’”.

El Grito de Alcorta concluyó con la creación de la Federación Agraria Argentina (FAA). En el boletín publicado por la propia FAA cuatro años después fue reconocido el lugar de las mujeres en el período combativo: “Hay que saber cuál es la inmensa ayuda que prestan a los colonos las compañeras. Desde la madrugada hasta la noche tienen que trabajar sin gozar una hora de felicidad, de recreo, de distracción, porque forzosamente es la mujer la que debe atender los quehaceres de la casa, reemplazar a algún peón, al mismo marido en muchas ocasiones, y hasta enferma no pueden cuidarse porque su tiempo está destinado a la atención de los intereses del pobre hogar. Los niños no reciben más que cariño. Y no un cariño de una madre de ciudad, meticulosa en besos y abrazos, sino el de la triste señora del campo, que carece de las horas necesarias para que sus hijitos satisfagan sus ansias de amor ingenuo en los arrullos maternales”.

Además, al momento de discutir sus estatutos formadores, la Federación decide aceptar a las mujeres como socias “tanto porque hay muchísimas que son tan labradoras como sus maridos”, según exponía el diario La Capital de Rosario el 7 de agosto de 1912. La medida fue precursora en tanto reconocía el lugar que ocupó el género para el sostén y aguante de las reivindicaciones, estando destinadas ante todo a la tarea de supervivencia de las familias agrarias. 

María Robotti y el honrar la vida

En 2009 —pleno apogeo del conflicto agrario conocido como la 125“—, se estrenó en la Sala Lavardén de Rosario la obra “María Bulzani, mujer de lucha. Una biografía del amor”, escrita y dirigida por Juliana Guerezta y protagonizada por Mónica Polidoro, referente de la Asociación de Mujeres Rurales Argentinas Federal (Amraf).

Según Polidoro, la motivación por mostrar la vida de María Robotti surge en una reunión del grupo de Mujeres Federadas de la Federación Agraria Argentina, del cual ella era presidenta. El encuentro terminó con la propuesta de desarrollar una obra de teatro al estilo de monólogo, utilizando así el arte “como una herramienta que sirve no sé si para transformar la sociedad pero sí para transmitir”. El problema llegó a la hora de escribirlo, en donde el grupo se encontró con la falta de datos e información. Hubo entonces que construir “la imagen y el personaje de Maria Robotti”, preguntándose “¿qué decía? ¿cómo era? ¿qué quería? ¿qué hacía? ¿qué hizo?”.

Finalmente, y luego de una serie de entrevistas gentilmente ofrecidas por la familia de María Robotti, más la información recopilada del libro "El Grito de Alcorta, Historia de la Rebelión Campesina de 1912", de Plácido Grela, y de diversos manifiestos de mujeres agrarias de 1930; la obra pudo construirse. Sin embargo, Polidoro aclara que también fue una recreación que contó con “muchísima imaginación”,  y señala que en realidad se pretendía “mostrar a las mujeres agrarias de aquella época con sus vivencias, con sus dolores, con sus angustias, con sus soledades”. 

Enmarcada en el hito histórico que fue el Grito de Alcorta, el punto de partida de la representación fue el valiente gesto de Robotti en el que incita a los chacareros a iniciar la huelga. “Ya cansada de esas dudas, María dijo: no sé ustedes, pero yo ya mismo empiezo con la huelga, y tiró el delantal sobre la mesa de los chacareros”, rememora Mónica Polidoro. 

La dirigenta y actriz remarca que la función intentó retratar a María en tanto compañera de un militante en el reclamo agrario. “Ese acompañamiento tiene que ver con quedarse en la chacra llevando las riendas de la producción, atendiendo a los hijos y las hijas y especialmente enfrentando a la pobreza”, considera. Y sentencia: “En aquellos tiempos, como ahora, la pobreza tiene cara de mujer. Y María Robotti es la representación de todas las mujeres que existían en el momento que se gestó el Grito de Alcorta: la cara de la pobreza y esa miseria a la que estaban empujados a vivir por la presión de los terratenientes hacia la producción de sus tierras, una tensión cada vez más exigente, porque se les pedía cada vez más. Y en ese cada vez más estaba el cada vez menos de las familias agrarias. Y en ese cada vez menos estaba la administración de la pobreza que estaba a cargo de las mujeres agrarias de la época”.

Sobre la importancia de evocar y reivindicar las acciones realizadas por los chacareros y las chacareras en el Grito de Alcora, Polidoro destaca que esto sirve para “poder ubicar a la Federación Agraria donde realmente tiene que estar”, entendiendo que en la actualidad la organización “está cooptada por quienes siempre intentaron destruirla, que es la Sociedad Rural Argentina”.  “Nosotros estamos totalmente convencidos de que esta dirigencia cedió el lugar y/o regaló los principios filosóficos e ideológicos que dieron inicio a la gloriosa Federación Agraria”, remata Polidoro.

Otro motivo por el cual la dirigenta considera necesario recuperar lo acontecido durante la huelga es porque sirve para pensar la situación actual, en donde “es totalmente visible la gran concentración que hay tanto de la tierra como de la producción”. Por eso, el ejercicio reflexivo permite “recordar qué es la chacra, qué significa la chacra, con la variedad de producción que existía y que hoy por hoy es tan necesaria para transformarla en lo que nosotros denominamos, el agregado de valor en origen, que sería el principio de la solución para terminar con el hambre”, opina. Lo importante entonces es volver a poner en valor las pequeñas producciones para “que se transformen los alimentos en la mesa de los argentinos y las argentinas”. 

Feminizar el relato

La función fue declarada de interés legislativo por la Cámara de Diputados de Santa Fe . El acta recibió la firma de las —en ese entonces— diputadas del Frente Progresista Cívico y Social, Nidia Alicia Goncebat e Inés Bertero; y del diputado también socialista Joaquín Blanco.

Entre los fundamentos, la Declaración considera que “la historia de los países está contada, generalmente, desde una mirada que omite el rol de otros actores claves como son las mujeres, los oprimidos, los silenciosos de la Historia”, por lo que sugiere cuán enriquecedor “podría ser para nuestra historia pensar los acontecimientos desde estos actores entendiendo sus vivencias, sus pensamientos, sus cosmovisiones”.

“En este sentido es que nace la puesta en escena de esta obra de teatro, pensada para ayudar a comprender tanto el pasado como el presente conflictivo por el que atraviesa nuestro país respecto de la realidad del sector agrario argentino. Pero es manifiesto el interés por hacerlo desde la mirada de una mujer que, frente a aquel conflicto del año 1912, jugó un rol trascendental”, sintetiza el documento. 

Luego de lo detallado, y ante la falta de datos historiográficos, es de sumo interés destacar la importancia que el relato oral tuvo tanto en la investigación desarrollada por Gabriela Dalla Corte Caballero como en la preproducción y producción de la obra impulsada por Mujeres Federadas, en conjunto con Juliana Guerezta.

Hablamos de historia oral, entendida por Victor Vich y Virginia Zabala como la “producción de un discurso sobre el pasado que asume la introducción de nuevos actores en el proceso de la historia y de nuevas voces en la interpretación de sus sentidos”. Además permite el uso de “otras fuentes” y encuentra “en la entrevista y en la recopilación de historias de vida dos importantes vehículos de conocimiento histórico”. 

La importancia de la oralidad en la composición y la reflexión sobre la historia se erige, en parte, por oposición a quienes desde el paradigma positivista sostienen que la memoria y lo ocurrido sólo puede plasmarse a partir de documentos escritos. Por eso, querer contar la historia de las excluidas y olvidadas requiere recuperar los relatos de las familias cercanas a las feminidades que formaron parte de las luchas.  Es uno de los tantos terrenos que los feminismos están dispuestos a aportar y disputar.

Es en esta construcción de la historia que se da a partir del relato que nos alejamos del presagio —o la exigencia— positivista que nos enfila hacia la búsqueda de una “verdad objetiva”. Contrariamente, elegimos concentrarnos en pensar cuáles fueron las preguntas no realizadas al momento: ¿por qué no hablaron antes de Maria Robotti? ¿Hubo otras como ella? ¿Quiénes? ¿Dónde están nombradas y contadas? ¿Sobre la memoria de quién o quiénes reposan? ¿Adónde y cómo se las reivindica?

Estas propuestas enfocadas en visibilizar y dar a conocer lo que pasó, y a veces lo que sigue pasando, no buscan venganza sino criticar y asumir que esa “historia del hombre” es en realidad una historia de la humanidad, en donde hubo también mujeres y sectores oprimidos que estuvieron tan presentes como omitidos e invisibilizados. 

Como expresa Nora Pierre en la investigación “Entre Memoria e Historia: La problemática de los lugares”, la memoria y la historia, lejos de ser tomadas como sinónimo, se oponen. “La memoria es la vida, siempre llevada por grupos vivientes y a este título, está en evolución permanente, abierta a la dialéctica del recuerdo”, dice el ensayo. De manera opuesta, “la historia es la reconstrucción, siempre problemática e incompleta, de lo que ya no es”. 

“Porque es afectiva y mágica, la memoria sólo se acomoda de detalles que la reconfortan, ella se alimenta de recuerdos vagos, globales o flotantes, particulares o simbólicos, sensible a todas las transferencias, pantallas, censura o proyecciones”, reza Pierre.

Sin lugar en los libros, priorizamos un espacio en la memoria colectiva agraria, reconociendo con nombres propios el papel clave de mujeres que, como María Robotti, han de ser recordadas como trabajadoras, cuidadoras, productoras, proveedoras y luchadoras.

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