Por Mariángeles Guerrero
En el límite entre Córdoba y Santa Fe, donde los monocultivos de soja y maíz se extendieron avanzando sobre las economías regionales y los tambos, la cooperativa Las Dos Provincias subsiste pese a los momentos críticos y celebra 90 años. Una empresa de la economía social no es casual en esta zona: esa forma organizativa motorizó la producción lechera desde los inicios en la región y, en 1938, surgió a fuerza de sulky y solidaridad la emblemática SanCor. En la actualidad, ante la crisis del sector industrial lácteo, Las Dos Provincias diversificó sus servicios y sostiene a 32 socios cordobeses y santafesinos. “El cooperativismo es muy importante porque sirve al productor, a las instituciones, a los pueblos y ciudades”, indica el gerente José Giusiano.
La sede de la cooperativa se ubica en Colonia Bicha, un pueblo de 375 habitantes, según el censo nacional de 2022. La localidad se sitúa en el borde oeste de Santa Fe. Pero el área de influencia de la cooperativa abarca Morteros, Colonia Bossi y San Francisco (este de Córdoba) y Josefina (oeste de Santa Fe). Brindan servicios agropecuarios como picado de forraje para la alimentación del ganado y silaje, a sus socios y a terceros. Para ello cuentan con dos equipos: cada uno tiene un encargado, un maquinista, un bolsero, cinco tractores y un camión. En Colonia Bicha emplean a 30 personas: “Es el motor del pueblo”, sostiene.
Gastón Poliotto es el presidente de Las Dos Provincias. Asegura: “Seguimos luchando por hacer grande la cooperativa”. De 32 socios, 28 son de Santa Fe y cuatro de Córdoba. Un solo socio es ganadero, mientras que el resto son tamberos, con una producción de entre 3.000 y 10.000 litros por día. La cooperativa no vende leche pero se organiza para que sus socios puedan comercializar la materia prima, un escollo vigente ante la crisis de la industria láctea. Desde sus inicios, la cooperativa de Colonia Bicha estuvo ligada a SanCor, pero la progresiva quiebra de la emblemática firma, ubicó a la empresa bichense ante nuevos desafíos.
La unión con otras cooperativas y la pertenencia a la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe) le permite reclamar políticas necesarias para el sector. El secretario de Fecofe, Ricardo Garzia, comenta la importancia de la economía social para las localidades medianas y pequeñas de las provincias, donde no solo realizan labores agropecuarias sino que también prestan servicios como la electricidad o la telefonía. "Generan mucha mano de obra e ingresos locales. Las cooperativas son la vida de los pueblos. Cuando la cooperativa desaparece, desaparece el pueblo", asegura.
Y defiende: "Las cooperativas, cuando están bien administradas, son democráticas y hay recambio en sus dirigentes, sobreviven porque son resilientes, porque son locales, porque si tienen un problema con un tipo de trabajo o de producto, priorizan al empleado, a la familia y no a la tasa interna de retorno. Cuando una sociedad anónima no tiene la tasa interna retorno, se va del barrio".
Al respecto, interpela a la política actual: "Hay que defender el sistema cooperativo. Detrás de toda la destrucción de las pymes, hay generación de cooperativas de trabajo sosteniendo la fuente laboral. Una de las salidas que va a tener la Argentina a esta catástrofe económica que estamos sufriendo va a ser por el sector cooperativo".

Apogeo y debacle de Sancor
La cooperativa SanCor llegó a tener plantas de industrialización de leche en Córdoba (Brinkmann, Devoto, ciudad de Córdoba, La Carlota, Morteros, Balnearia, Pozo del Molle); en Santa Fe (Sunchales, Gálvez, Coronel Moldes, San Guillermo, Centeno) y en Buenos Aires (Coronel Charlone, Chivilcoy, Arenaza). Allí pasteurizaba y elaboraba leche en polvo, manteca, crema, yogures, flanes, leche probiótica, quesos, leches especiales, dulce de leche. Todo con la materia prima de los tambos de la cuenca lechera santafesino-cordobesa.
SanCor (acrónimo de Santa Fe y Córdoba) se fundó como una cooperativa de primer grado en 1938 en Sunchales (oeste de Santa Fe). La ciudad es capital provincial y nacional del cooperativismo. El estudio "Evolución de Cooperativas Argentinas: El caso de SanCor y COTAR", de los investigadores Roberto López y Luciano Vaudagna, publicado en 2017, hace un recorrido sobre la historia de la empresa. En 1940 comenzó a operar su primera planta industrial. Diez años después, ya contaba con varias fábricas de queso y había desarrollado su sistema de distribución. En los años 60 abrió la primera planta de leche pasteurizada y de leche en polvo. Y para 1970 ya vendía sus productos en forma directa a las cadenas de supermercados. El propósito de SanCor hacia los asociados tamberos consistió en generar valor agregado sobre la leche, pagar el mayor valor posible a la materia prima y brindar servicios de asesoramiento, explica el artículo.

Desde la década de los 90, la lechería creció en producción pero con nuevos requerimientos tecnológicos. Para SanCor las inversiones orientadas a las mejoras tecnológicas implicaron un fuerte endeudamiento financiero. A esto se sumó la crisis económica de 2001-2002 y la disminución del consumo interno de lácteos.
Para 2005, la deuda llegaba a 167.000.000 de dólares. Se firmó un preacuerdo comercial con el grupo Adecoagro en el cual el mismo controlaría el 62,5 por ciento de las acciones de la cooperativa, transformando su parte industrial en una sociedad anónima, a cambio de 120.000.000 de dólares. Pero sectores dentro de SanCor se negaron a perder su identidad cooperativa. Posteriormente, la empresa santafesina reformó sus estatutos y pasó a ser una cooperativa de segundo grado. Así, permitieron que los tamberos en términos personales y también cooperativas pequeñas pudieran asociarse.
Finalmente, la asociación con Adecoagro (y la venta a esa firma de algunas de sus plantas, como la de San Guillermo) se concretó en 2018. Pero antes de ese desenlace se aprobó, a fines de 2005, un acuerdo para recibir un préstamo de 135.000.000 de dólares del Banco de Desarrollo Económico Social (Bandes) de Venezuela, a cambio de vender leche en polvo a ese país. Las demoras en los pagos por parte del país caribeño es una causa señalada de la debacle de la histórica lechera, que marcó la identidad y la economía local de los pueblos donde supieron erigirse sus plantas.

El ocaso de SanCor se hizo perceptible con el paso de los últimos años. Las plantas que cerraron en el límite entre Santa Fe y Córdoba quedaron como estructuras vacías, enormes piezas de museo de lo que alguna vez fue el apogeo del sector. A eso se suman otros cierres, como el de Williner en Suardi (Santa Fe) y, más recientemente, la crisis de Lácteos Verónica. Los tambos de la zona quedan, cada vez más, cercados por la imposibilidad de vender su materia prima.
Poliotto describe la quiebra de Sancor como “una desilusión inmensa”. “Nuestros abuelos y bisabuelos la formaron con muy pocos medios y después los de traje y corbata la dejaron en la nada”, lamenta.
Actualmente, Sancor Seguros, la argentina Punta del Agua, la multinacional Savencia (dueña de marcas como Ilolay y Milkaut), Adecoagro, la multinacional Ceibos Group, Finanzas y Gestión, la nacional La Tarantela, la multinacional Elcor (fabricante de lácteos La Tonadita) y Alimentos Fransro compiten por comprar lo que queda de SanCor.
Servicios cooperativos para que no mueran los tambos
Las Dos Provincias nació en 1936, dos años antes que SanCor. Poliotto relata que fue a partir de la fusión de cooperativas más pequeñas de los pueblos aledaños, como Seeber, Eusebia y Carolina y Pueblo Marini. “El cooperativismo es emblema en la zona”, subraya. Giusiano agrega que las cooperativas de esa región son mayoritariamente tamberas. Allí se encuentra, precisamente, el corazón de la cuenca lechera santafesina.
El desarrollo de Las Dos Provincias se motorizó por la necesidad de SanCor, que acopiaba leche de los tambos chicos. La cooperativa era entonces una usina láctea. “Los productores llevaban la leche en los tachos, en carretas, y depositaban la leche en esas usinas, donde se hacía algún tipo de procesamiento. Esa fue la semilla de las cooperativas tamberas en la zona”, explica.
Cuando Sancor creció, esas usinas lácteas desaparecieron. Pero las cooperativas quedaron adheridas a Sancor. Desde ese momento, siguieron trabajando con la empresa. SanCor pagaba por los servicios a las cooperativas y luego se lo descontaba al productor tambero al momento de pagarle la leche que le había vendido.
Así trabajaron con SanCor hasta 2017. Pero, en ese año, debido a la crisis, varios productores no cobraron. Las Dos Provincias decidió desafiliarse y transformarse en una cooperativa de servicios. Dichos servicios son agrícolas, prestados a socios y a terceros. De esta manera, a través de la economía social y solidaria, buscan acompañar la producción tambera en la zona.
Entre penas y vaquitas
Según el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes), las cooperativas agropecuarias están formadas por productores rurales con el objetivo de adquirir en mejores condiciones de calidad y precio en maquinarias, semillas, abonos, todo tipo de insumos. También, de proveer asistencia técnica y profesional y colocar la producción a precios convenientes en el mercado.
Lo significativo de contar con una empresa de estas características es que la solidaridad acompaña el momento crítico que viven los productores primarios de leche ante la crisis industrial y la baja del consumo. “Sancor fue una innovadora en los sistemas de producción de leche. Fueron muy importantes las capacitaciones. De lo que tenemos hoy en la lechería argentina mucho le debemos a Sancor. Cuando entró en crisis, el productor quedó desprotegido”, valora Giusiano.
"Toda la leche que SanCor recolectaba en sus distintas enfriadoras, está siendo tomada por grandes empresas que han absorbido aquellas plantas. Las otras quedaron cerradas y su personal quedó sin trabajo, generando una enorme crisis económica en las localidades donde esas plantas tenían recolección", describe Garzia.

Giusiano alerta que el productor primario está pasando un momento crítico y que eso impacta en los cobros de los servicios. “Las formas de pago de algunos servicios es de 30 a 60 días, pero te lo pagan entre 30, 60, 90 y 120 días. Te dicen ‘antes no te lo puedo pagar’”. A la quiebra de Sancor se suma el conflicto de Verónica y el crecimiento de multinacionales como Saputo. Además, según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el consumo de leche viene en caída desde 2017. Desde ese año, no pudo repuntar el consumo de 200 litros per cápita. En 2025, ese consumo se ubicó en 175 litros.
A este panorama se sumaron los problemas climáticos más agudos, que impactan en el ganado y en la posibilidad de ordeñe. “Si un productor medio necesita 60.000 litros para mantener su sistema, estaba ordeñando 50 o 55.000 litros”, describe.
Y recuerda que, cuando las industrias lácteas eran más solventes, equilibraban la baja de litros producidos con el precio que se le pagaba al tambero. “Pero ahora el precio de la leche no acompañó a la baja de la producción”, lamenta. Eso implica que la tasa de endeudamiento para el tambero aumenta más que el precio que percibe por su producto. “Estamos esperando a que la industria se decida a aumentar un poco más los precios que se le pagan al tambero”, dice Poliotto.
Para paliar la situación de los pagos demorados, Las Dos Provincias generó un acuerdo con la empresa Saputo, que devuelve los gastos de producción al pagar la leche al productor primario. Giusiano avizora “algún tipo de colapso” ante una eventual incremento de la producción de leche en primavera y la falta de industrias en la zona que elaboren la materia prima.
La unión hace la fuerza
El gerente de Las Dos Provincias comenta que, entre todas las cooperativas tamberas de la provincia de Santa Fe, interpelan a los funcionarios del gobierno de Maximiliano Pullaro para tener respuestas. En lo que va del año, ya cerraron dos tambos: “No queremos que se cierren más”, asegura. En mayo, el gobierno de Santa Fe creó la Mesa de Cooperativas Tamberas para abordar la problemática.
“Por parte del gobierno nacional, esperamos que el Banco Nación salga con una tasa más acorde o algún tipo de tasa que le convenga al productor. Pero las tasas son altas”, admite.
Poliotto subraya la importancia de la organización cooperativa: “Por estrategia económica y política, siempre al aunar esfuerzos e ideas salen proyectos”. Y ejemplifica una experiencia reciente con la Federación de Cooperativas Federadas. “Por intermedio de Fecofe logramos construir un ‘techo verde’ con paneles solares que van a abastecer de luz a los escritorios, a la administración, al supermercado y al taller de la cooperativa. Fecofe fue intermediaria ante el gobierno de la provincia para que se pueda percibir un porcentaje del presupuesto de la obra”.

La unión se vuelve necesaria cuando no hay ningún mecanismo de apoyo crediticio a las cooperativas del sector agropecuario o lácteo. “En el caso de aquellas cooperativas lácteas que sobreviven, como la cooperativa Arroyo Cabral (situada en Córdoba), pueden estar enormemente afectadas por la disminución del consumo interno”, añade Garzia.
Y denuncia que hay "un ataque legislativo" por parte del Ejecutivo Nacional al estatus impositivo del cooperativismo a nivel nacional. Por ejemplo, el proyecto de Ley Hojarasca, que proponía que las cooperativas (hoy exentas del pago de ingresos brutos) paguen este tributo por sus inmuebles y edificios. “Si el Gobierno sigue con la intención de cambiar el estatus impositivo de este sector vital de la Argentina, muy probablemente se caerán muchísimas cooperativas, no solo lácteas y agroalimentarias”.
“No hay palabra más odiada por el cooperativismo que la palabra ‘concentración’”
Garzia denuncia que la situación general de la lechería está quebrando a los tamberos chicos, que durante años ordeñaron para las empresas radicadas cerca de sus tambos. "Hay una enorme concentración de la tierra y de la industria, hay multinacionales que se están haciendo cargo de empresas nacionales", describe Garzia respecto de la reconfiguración del negocio que dejó a los productores con menos plantas de procesamiento locales, más dependientes de las grandes empresas y con el avance, desde fines de los años 90, de los pooles de siembra sobre sus campos.
El secretario de Fecofe da una dimensión de la concentración. Pone como ejemplo a la empresa La Serenísima, históricamente controlada por Mastellone y recientemente comprada por las multinacionales Arcor y Danone. Tiene su planta procesadora en General Rodríguez, Buenos Aires, pero colecta leche de tambos de Villaguay (Entre Ríos). Es decir, recorre 700 kilómetros de ida y vuelta para buscar la materia prima. Y luego hace el mismo recorrido para llevar los productos a los supermercados entrerrianos.

“No hay una palabra más odiada por el cooperativismo que la palabra ‘concentración’”, sentencia Garzia. Y detalla cómo impacta el modelo concentrado: si un tambo quiere venderle a una empresa chica de su pueblo y le pagan 50 pesos el litro, llega una empresa grande y le ofrece 60 pesos. La diferencia de precios hace que la pyme local cierre y, posteriormente, la empresa grande que ya no tiene competencia en el territorio, comprará la leche a 40 pesos.
Para Garzia, los consumidores son las otras víctimas de este proceso, por el encarecimiento de los productos en góndola. "La ruralidad que tenemos ahora es de leche más cara y de desocupados", alerta.
En el caso de las cooperativas que anteriormente tenían alguna posibilidad de industrialización y tuvieron que abandonarla por una cuestión de costos, explica Garzia, se han transformado en prestadoras de servicios de grandes tambos. "La sección servicios ha reemplazado a la sección industrialización", apunta. Y agrega: "Eso ha dejado vivas a las cooperativas: si no tuvieran esa oportunidad de brindar servicios, hoy casi todas las relacionadas con el sector lácteo estarían desaparecidas".
“A la política pública no le interesó nunca sostener a los pequeños y medianos productores y mucha de la dirigencia rural estuvo ausente en este tipo de problema. Por ejemplo, la Federación Agraria Argentina y la Sociedad Rural Argentina que han dejado, en silencio, que ocurra este fenómeno de concentración y de desaparición de productores”, cuestiona.
