Festival de Cine Ambiental: "Generar nuevas formas de hacer política y de construcción colectiva"
agosto 10, 2026
Ocho días y 35 películas sobre temas socioambientales. Se trata del Festival Internacional de Cine Ambiental (Finca), con producciones de 24 países y temas que atraviesan el amplio espectro de los territorios: pueblos originarios, campesinos, agronegocio, soberanía alimentaria, fracking y la disputa por la tierra. "Sembremos futuro", es la consigna de esta nueva edición.
Festival Internacional de Cine Ambiental (Finca) 2026
Foto: Prensa FINCA

Por Sergio Arboleya

El Festival Internacional de Cine Ambiental (Finca) reúne 35 películas de 24 países y pondrá en pantalla, fundamentalmente, la temática del derecho a la tierra y cómo “enfrentar este modelo mortífero de depredación de territorios y de cuerpos”, destaca su directora Florencia Santucho. Las proyecciones serán entre el 12 y el 19 de agosto en cinco salas de Capital Federal y Gran Buenos Aires.

Santucho señala a Tierra Viva que “el cine es una herramienta de transformación social y hoy, más que nunca, une las problemáticas y conflictos socioambientales con los derechos humanos. Une la capacidad de una sociedad de resignificarse dentro de su propia historia para generar nuevas formas de hacer política y de construcción colectiva”.

El Finca, que concreta este año su octava edición, es un desprendimiento del Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos (Ficdh), que se inició en 1997 y ambos, a su vez, dependen del Instituto Multimedia de Derechos Humanos (IMD), que 29 años atrás nació en Buenos Aires.

Tomando nota de las dificultades para juntar las peleas que atañen a ambas problemáticas, Santucho agrega: “En Argentina tenemos una larga trayectoria de organismos de derechos humanos, mientras que las luchas socioambientales fueron siempre por otros lados. El desafío es reunirlas y se está dando”.

Festival Internacional de Cine Ambiental (Finca) 2026
Foto: Prensa - FINCA

Para ella, hermana de Daniel Santucho Navajas (nieto recuperado 133 y a partir de cuya historia impulsó el documental “Identidad”, que dirigió junto a Rodrigo Vázquez Salessi), el encuentro de los derechos humanos y las resistencias territoriales “en principio se da, lamentablemente, por la gravedad de las condiciones que estamos viviendo. El ecocidio y el genocidio se relacionan abiertamente. Es algo que desde el Finca planteamos hace muchos años, cuando sentimos que era el momento de unir y asociar esas luchas para que se potencien y se fortalezcan”.

Durante mucho tiempo fue evidente que costó ver y ligar estas situaciones, derechos humanos y ambiente, salvo en el caso de algunas personalidades notables como Nora Cortinas, que también la consideraban una misma pelea…

—Así es. Y nosotros, estando del lado Norita de la vida, sabemos lo que nuestra pequeña y gran mujer sembró y trascendió. Por suerte, muchas más personas fueron también convencidas de esto gracias al posicionamiento de Norita. Pero además existieron más personas a las que conocimos a través de las historias del cine como fue el caso de Andrés Carrasco y las luchas de muchos otros que también perdieron la vida. Y lo que dejaron fue una gran conciencia sobre cómo se podía relacionar la producción intensiva de alimentos con la contaminación por pesticidas y un modelo dictatorial, un modelo que nació en la dictadura y que sigue controlando a la población, condicionando su alimentación y quitándole soberanía alimentaria. Todo está relacionado y nosotros sentimos que somos parte de un proceso en el que, de a poco, se va sembrando una nueva conciencia.

¿De qué manera se expresa ese compromiso en el marco de la octava edición del Finca?

—Llegamos a esta octava edición en un contexto muy desfavorable, no solo para la sociedad sino para la cultura toda, pero que nos encuentra resilientes y resistentes. Para esta edición del festival utilizamos como imagen el choclo andino, con muchos colores, por su resistencia a las adversidades del clima y a la monocultura. El enfoque que priorizamos este año representa la posibilidad de renacer, de centrarnos como futuro en el derecho a la tierra. Sentimos que vamos acompañando también una nueva camada de producciones audiovisuales que ponen el foco ahí. Contamos con muchas historias —desde lo documental, desde la ficción, desde la animación— que empiezan a darle un rol activo al ser humano para frenar y enfrentar un modelo mortífero, un modelo de depredación de tierras y de cuerpos. Creímos que era el momento de hablar de esta manera de la tierra y proponer un espacio donde encontramos para poder reflexionar y hacer red en un contexto nacional tan complicado, pero que también habla de una problemática mundial.

Festival Internacional de Cine Ambiental (Finca) 2026
Foto: Prensa - FINCA. Fotograma del documental "De la guerra fría a la guerra verde".

Si bien el espíritu de toda la programación 2026 se sostiene en esos principios, ¿a qué película llamarías a prestarle especial atención?

—La película “De la guerra fría a la guerra verde”, de la paraguaya Ana Recalde Miranda, habla justamente de la relación entre el modelo de monocultura en Paraguay y lo que fue la Operación Cóndor en tiempos de las dictaduras lationamericanas. Se trata de una película muy hermosa que estamos felices de poder presentar, porque aborda un tema muy cercano, no solo por lo regional sino por el modelo que eso representa. Sentimos que, a través del cine, algunas de estas historias logran trascender para volverse eternas para que otros y otras, de cualquier parte del mundo, comprendan y tomen acción por sus propios medios.

¿Se trata de subrayar la posibilidad de que el cine funcione como herramienta de lucha?

—Nuestros temas socioambientales tienen que ver con ese despertar, con ese contar historias silenciadas, con poder dar finalmente espacio, luz y visibilidad a cuestiones que están vedadas en el cine comercial. Historias que no nos quieren contar, pero que no solamente nos pertenecen sino que nos pueden ayudar a entender muchas más cosas de nuestra propia vida y avivar nuevos compromisos. La idea es que todas nuestras películas activen en el espectador esas ganas de accionar, de hacer cosas en su propio entorno personal y colectivo. Todes podemos cambiar algo y empezar a tomar conciencia de nuestro accionar, de nuestro valor y de cómo, de a poco, y entre todes podemos también cambiar una sociedad. No nos olvidamos del 2001, no nos olvidamos de los grandes cambios de paradigma que tuvimos en el país, en la región y que eso fue gracias también al saber compartido, gracias a haber entendido que podíamos posicionarnos también desde diferentes lugares y tomar el control de nuestras vidas aun cuando nos veíamos avasallados y reprimidos. Así que el cine cuenta eso: nos da la esperanza de historias de cambio, de historias positivas.

En la actualidad nacional se combinan este avance sobre los territorios con el vaciamiento cultural, ¿cómo impacta eso en el festival?

—Es un modelo que se repite a nivel mundial con un recorte a la cultura independiente, a esa cultura que interpela desde el accionar del pueblo, de la participación activa. Esa cultura indepediente viene siendo atacada en un contexto de derechización mundial que nos empuja a naturalizar la violencia, el genocidio, la depredación. En ese contexto, el cine tiene un espacio de resistencia activa. La realización de una película es un gran desafío para convocar a más personas que se están dejando influenciar o engañar por el algoritmo y se vuelven consumidoras pasivas, en lugar de sentirse convocadas por su territorio y su cultura. Y por eso desde el Finca, en esta edición abrimos un Semillas Lab, que es una incubadora de proyectos para poder acompañar a quienes tienen inciativas en desarrollo de carácter socioambiental, enfocados tanto en ambiente y derechos humanos.

¿Cómo funciona el Semillas Lab?

—El objetivo es poder acompañar, desde un comienzo, a esos proyectos con la idea de alcanzar un impacto social. Eso significa que no solamente tenemos que tener una buena idea, sino que tenemos que entender cómo poder fortalecer nuestro proyecto conjuntamente con otras realidades sociales, organizaciones, redes y construir un proceso para que esa película no solamente quede en una buena realización, sino que pueda tener su llegada a la sociedad y pueda promover cambios sociales. Nos sentimos parte de un ecosistema y cuando identificamos bien nuestros objetivos podemos encontrar aliados en el camino y trascender los límites materiales para alcanzar un impacto mucho mayor.

Festival Internacional de Cine Ambiental (Finca) 2026
Foto: Prensa - FINCA. Fotograma del documental “Nunca más una historia sin nosotros”

Películas sobre la tierra

Nacido en 2010, el Finca propondrá una semana de proyecciones con 17 cortometrajes, nueve largometrajes internacionales y nueve documentales latinoamericanos reunidos bajo el lema “Sembremos Futuro”. La programación, cuyo detalle completo puede consultarse en el sitio www.finca.imd.org.ar, abrirá el miércoles 12 a las 19.30 en la Alianza Francesa de Buenos Aires (Córdoba 946) con la proyección del documental de Priscilla Brasil “Nunca más una historia sin nosotros”, sobre la explotación de la selva amazónica.

Entre los títulos nacionales del encuentro se cuentan “La vida fracturada”, de Cristian Cartier, Martín Longo, Pablo Piovano y Maximiliano Goldschmidt, que exhibe los efectos del fracking y la resistencia indígena en la Patagonia; “Tierra que habla”, de Ana Fraile y Lucas Scavino, donde se interpela al extractivismo desde las cosmovisiones kankuama, mapuche y científica; y el documental “Propiedad privada prohibido pasar”, de Wojciech Ganczarek, también centrado en territorio patagónico.

Desde la conflictividad en torno a la Patagonia, los proyectos de saqueo y sus resistencias, además se anotan “Pailako. Cosmovisión en resistencia”, donde la dupla Tatiana Conde-Ezequiel Menevichian muestra cómo una comunidad mapuche-tehuelche soporta los embates oficiales en un territorio que es parte del Parque Nacional Los Alerces; y “Qué perforado está mi valle”, un trabajo documental encarado por Gastón Bejas, Natalia Gelós, Martín Alvarez Mullally y Nico Perrupato que se centra en la región interpelando la tensión entre las fuentes de agua y alimentos frente a la expansión de la frontera hidrocarburífera.

Con un foco más amplio, la nómina de cineastas locales en el Festival la completan Julia Mensch, directora del corto experimental “Colorado”, acerca del amaranto, planta originaria de América que hoy día es la maleza resistente a los agrotóxicos más extendida; y Luciano Militello, responsable de “La granja de la libertad”, un filme que en 35 minutos cuenta la historia de Muhab, un agricultor que sostiene una huerta en el territorio palestino ocupado de Cisjordania.

Las demás sedes del Festival son el Cine York (Alberdi 895, Olivos) y, en Capital Federal, el Cine Arte Cacodelphia (Roque Sáenz Peña 1150), el Teatro Empire (Hipólito Yrigoyen 1934) y el Centro Cultural 25 de Mayo (Triunvirato 4444).

Festival Internacional de Cine Ambiental (Finca) 2026
Foto: Prensa - FINCA. Fotograma del documental "Propiedad privada prohibido pasar".

*Edición: Darío Aranda.

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