Por Nahuel Lag
A dos años de la asunción del gobierno de Javier Milei, la Mesa Agroalimentaria Argentina publicó un informe alarmante del sector productivo integrado por cooperativas, federaciones y familias productoras de todo el país. En él describe el “acelerado proceso de deterioro productivo, comercial y social” como consecuencia de “la combinación de apertura importadora, desregulación estatal, caída de precios en origen y atraso cambiario”. A la luz de la cifra de la inflación de diciembre informada por el Indec (2,8 por ciento) y con el rubro alimentos subiendo por segundo mes consecutivo por encima del nivel general (3,1 por ciento), las alertas expresadas desde el campo vuelvan a poner en cuestión los “pilares” puestos por el ministro de Economía, Luis Caputo, como “único camino viable para erradicar definitivamente la inflación”.
“Un modelo que beneficia a unos pocos, mientras empuja a la mayoría de los productores a una crisis estructural”, denuncia la Mesa Agroalimentaria en el informe. La Mesa —integrada por UTT, MNCI-Somos Tierra, Bases Federadas, Fecofe y Fonaf— deja en claro que “numerosos productores están decidiendo abandonar sus fincas y reducir la actividad” por la pérdida de competitividad externa, la caída de márgenes y la imposibilidad de sostener inversiones mínimas. Y adelantan que eso generará más efectos directos sobre la caída del empleo regional y el precio de los alimentos.
“El perjuicio de las políticas que lleva adelante el gobierno nacional no es solo sectorial: son millones las familias perjudicadas, si se considera al amplio espectro de la sociedad conformado por trabajadores y trabajadoras, sectores medios y personas excluidas que ven cada vez más difícil proveer de alimentos sanos y a precios accesibles la mesa de los argentinos”, sentencia el informe.

El informe fue elaborado junto al Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que sigue la evolución de los precios de los alimentos a través del Observatorio de Frutas y Verduras. Ya había anticipado, durante diciembre, el aumento del precio de los alimentos, en particular de las frutas. El CEPA viene además evidenciando que la política de importaciones, como método para bajar los precios, con casos clave como la naranja y el limón “pone en evidencia la ausencia de una planificación estatal orientada a garantizar el abastecimiento interno”.
En tanto, el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) aporta otro informe para completar la mirada sobre los impactos del plan de Caputo para “erradicar definitivamente la inflación y hacer grande a Argentina otra vez” —según celebró tras conocerse una inflación anual del 31,5 por ciento— y repasa los “Ganadores y perdedores del modelo de Milei”.
El relevamiento del CESO pone entre los ganadores a las grandes empresas y complejos exportadores concentrados. En particular, destaca a las puntas de lanza del sector primario extractivo: “la ‘Agricultura’ creció 17,1 por ciento impulsada por mejores condiciones climáticas e impositivas, y ‘Minas y Canteras’ 16,1 por ciento, potenciada por la maduración de inversiones previas y un marco regulatorio más favorable (RIGI)”. El crecimiento del sector ‘Agricultura’ es producto de un año de récords de exportación registrados gracias a una buena cosecha y a la decisión del Gobierno de reducir, en un breve lapso, las retenciones de granos a cero. Ese crecimiento queda, sobre todo, en manos de un acotado grupo de grandes productores y empresas agroexportadoras, en su mayoría, de capitales extranjeros.
“Estamos en un escenario social y productivo muy delicado: ya se están generando abandonos de fincas, algo que se ve en distintos sectores productivos. De ese modo se termina afectando la mesa de los argentinos, el empleo y las economías regionales”, advierte el informe de la Mesa Agroalimentaria. Y plantea la situación para los próximos años como “un punto de inflexión”.

El precio de los alimentos sigue por arriba del bolsillo
El capital político del gobierno está anclado en la reducción de la inflación: en comparación al último año del gobierno del Frente de Todos, cuando alcanzó un 211 por ciento, y a su primer año de gobierno, diciembre de 2024 cerró con 117,8 por ciento. La cifra del 31,5 por ciento de diciembre pasado es la más baja desde 2017. Pero aún está lejos del 23,9 por ciento con el que cerró la década kirchnerista, que La Libertad Avanza señala como el inicio de todos los problemas. Por su parte, las organizaciones campesinas y de medianos productores recuerdan aquella época como una en la que existían algunas políticas de protección y asistencia.
Este año, mientras el “ancla fiscal” se valió de recortes presupuestarios como la eliminación del Instituto de Agricultura Familiar o el desfinanciamiento del INTA —con una caída del 41 por ciento en la ejecución presupuestaria de la Administración Pública Nacional en 2025, según el CEPA—, la categoría de “Alimentos y bebidas no alcohólicas” continuó siendo el rubro con mayor incidencia en el bolsillo de los argentinos en diez de los doce meses del año, según los informes de precios al consumidor del INDEC, por los aumentos en carnes y derivados; pan y cereales; leche, productos lácteos y huevos; verduras, tubérculos y legumbres.

Noviembre y diciembre marcaron un quiebre respecto del precio de los alimentos, ya que se ubicaron por encima del nivel general de precios y en aumento: 2,8 por ciento y 3,1 por ciento, respectivamente. Eso no ocurría desde abril cuando la inflación general marcó un 2,8 por ciento y los alimentos un aumento del 2,9 por ciento; tras superar la media también en febrero y marzo, que registró la inflación más alta del año, con un 5,9 por ciento en alimentos.
Desde mayo, los alimentos habían quedado por debajo de la inflación general de precios, pero al observar canastas específicas de alimentos el impacto en los bolsillo se podía dimensionar. Según el Observatorio de Frutas y Verduras del CEPA, el segmento de Verduras, Tubérculos y Legumbres (VTL) —que reúne batata, cebolla, lechuga, papa, tomate y zapallo, y representan el 75 por ciento del volumen de comercialización del Mercado Central de Buenos Aires (MCBA)— tuvo una variación interanual de 21,7 por ciento. Mientras que el segmento de frutas —banana, limón, manzana y naranja, que representan 55 por ciento del volumen comercializado en el MCBA— presentó un incremento interanual del 65,4 por ciento el año, el doble de la inflación general.
El informe del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC también dimensiona los aumentos en los alimentos de consumo popular: limón (31,2 por ciento), manzana (16,4 por ciento), asado (13,5 por ciento), cuadril (10,4 por ciento), nalga (9,9 por ciento), naranja (9,7 por ciento), paleta (9,5 por ciento), zapallo anco (9,4 por ciento), carne picada (7,6 por ciento), pan de mesa (6,3 por ciento).
Un último dato para contrastar es el de la canasta básica alimentaria, que incluye los productos esenciales para cubrir las necesidades nutricionales mínimas de una familia. Con la inflación de diciembre aumentó un 4,1 por ciento para alcanzar un precio de 589.510 pesos: lo que una familia necesita para no caer en la indigencia. El salario mínimo, vital y móvil decretado por el presidente Javier Milei —sin acuerdo de los sindicatos— fue de 334.800 pesos para diciembre.

El impacto del modelo en la producción del campo que produce alimentos
La pregunta que queda flotando al otro lado de la góndola es: ¿por qué, si los precios aumentan, los productores no se benefician? El informe “Ganadores y perdedores del modelo de Milei” del CESO reconoce el proceso de desinflación, en comparación con los años anteriores, pero advierte que el “desempeño agregado oculta fuertes diferencias en el comportamiento de los distintos rubros” y marca que “la desaceleración inflacionaria no revirtió el deterioro social ni productivo”.
El informe precisa que entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 la recomposición de precios relativos dejó entre los ganadores del modelo a quienes lograron los mayores aumentos reales: “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” (+71%), “Educación” (+47%) y “Comunicación” (+34%), mientras que el rubro “Alimentos y bebidas no alcohólicas” registró una caída del 10 por ciento en la recuperación de los precios, quedando entre los tres peores sectores. Los números fríos de la economía indican que el sector “Agricultura” creció un 17,1 por ciento, pero no fue así para quienes producen para el mercado interno.
“El balance de los dos primeros años muestra que los sectores primarios exportadores —particularmente agro, minería e hidrocarburos— continúan siendo ganadores”, señala el informe del CESO. Contrapone que la desaceleración de la inflación convivió con una marcada redistribución de precios relativos que “profundizó el deterioro de los sectores vinculados al mercado interno y que enfrentan la competencia de productos importados”.
En ese sentido, el informe de la Mesa Agroalimentaria se suma al contraste sobre la mentada “potencia exportadora del país” y pide mirar la situación que atraviesan los productores frutihortícolas y las economías regionales. “El modelo de desarrollo del agro argentino se apoya en pocos jugadores concentrados, mientras una amplia base productiva atraviesa crisis recurrentes”, sentencia. Explica que, mientras las exportaciones también aumentaron en el sector frutihortícola, los productores de hortalizas vieron su rentabilidad debilitada, ya que los precios se sitúan por debajo de la inflación, mientras que los costos de los insumos y la logística siguen aumentando.

Como ejemplo, el informe de la Mesa Agroalimentaria cita el caso de los productores de frutas, en particular de peras y manzanas en el valle de Río Negro y Neuquén. Señala que, a pesar de mantener altos volúmenes de producción y un aumento del 51 por ciento en las exportaciones, el precio pagado a los productores aumentó sólo un 2 por ciento interanual.
“Producir en nuestro país se volvió caro en dólares frente a otros países del hemisferio sur (Chile, Sudáfrica, Brasil, Australia). Para los pequeños productores esto implica una mayor dificultad para colocar fruta en exportación, precios internacionales que ya no cubren la estructura de costos y más presión para vender en el mercado interno a precios que no sostienen la rentabilidad”, indica.
El informe de diciembre del Observatorio de Frutas y Verduras del CEPA aporta otro ejemplo: la papa. En diciembre incrementó su precio un 17 por ciento. El CEPA indica que 2025 fue un año de “crisis severa” para el sector debido a una sobreoferta en el mercado interno, con precios por debajo del costo de producción, derivada de una buena cosecha y de la caída de las exportaciones por falta de competitividad.
“La ausencia de políticas de regulación, sostenimiento de precios y herramientas de administración del comercio expuso al sector a una fuerte volatilidad y puso en riesgo su sostenibilidad”, advierte el informe elaborado por el analista económico Eduardo Sánchez.
Las importaciones no solucionan ni planifican el abastecimiento de alimentos
“Las importaciones –muchas veces más caras que la producción local– no responden a una lógica de mercado sino a una política que debilita la producción nacional, profundiza la concentración y erosiona los ingresos de quienes sostienen la diversidad alimentaria del país”, sentencia el documento de la Mesa Agroalimentaria. Los casos que lo demuestran son varios.
Un ejemplo aportado por el CEPA es el de la naranja, que registró un incremento interanual de 137,8 por ciento en su precio, como consecuencia de la apertura de las importaciones. De acuerdo al relevamiento, el kilo del cítrico producido en Entre Ríos fue de 1.049 pesos, en Buenos Aires de 2.291 pesos y el kilo importado de España 3.400 pesos. “El ingreso de mercadería de otros países no obedece al comportamiento económico sino a la falta de abastecimiento local”, invita a la planificación el CEPA, que advirtió casos similares con la producción de limón, tomate y cebolla.

El informe de la Mesa Agroalimentaria cita otro estudio sobre la producción de carne porcina y el fuerte incremento de importaciones desde Brasil. Precisa que la importación de carne de cerdo pasó de 545 mil cabezas en octubre de 2023 a 3.720.000 en octubre de 2025, según datos de la secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. Esto impactó, por un lado, en la cantidad de productores porcinos en el país con una merma de 279 unidades productivas entre octubre de 2023 y 2025; y, por otro lado, en la concentración del sector. El promedio de cabezas por productor se incrementó un 20 por ciento en sólo dos años, pasando de 454 a 544.
Otros dos sectores son un claro ejemplo de la política del gobierno nacional respecto a la apertura de importaciones y a la desregulación. Con el DNU 70/2023, del inicio de su gobierno, el Ejecutivo atacó directamente el funcionamiento del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), mientras que el Instituto Nacional del Vino (INV) fue degradado y se le quitaron sus funciones técnicas.
En ambos casos, indica la Mesa Agroalimentaria, la apertura de importaciones —aumentó 415 por ciento sólo en 2024, según datos del INV— y la desregulación lograron bajar los precios, pero a costa de la rentabilidad de los productores. En el caso de los productores de yerba mate sufrieron la caída del precio de la hoja verde de 45,9 por ciento entre diciembre de 2023 y junio de 2025; aún más que la caída del precio en góndola, que fue del 31,8 por ciento.
“Sin políticas que protejan a la base productiva, el país corre el riesgo de desarticular cadenas claves. Lo que está en juego no es solo la rentabilidad de un sector, sino la soberanía alimentaria, es decir, un modelo de desarrollo que la Argentina necesita para su presente y su futuro”, destaca la Mesa Agroalimentaria.

