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Se frenó el desalojo de la huerta colectiva de Carlos Briganti, el reciclador urbano
El Ministerio de Espacio Público porteño amenazó con levantar una huerta comunitaria construida entre los vecinos de Chacarita y el colectivo El Reciclador, encabezado por Carlos Briganti, pero el tejido social construido desde la tierra lo detuvo.
enero 14, 2021
Carlos Briganti, el reciclador urbano
Foto: Juan Pablo Barrientos

“Hoy podemos decir que la organización y el trabajo comunitario ganó, que los sueños de una ciudad más verde con más vida, son parte de la realidad”, celebró el colectivo El Reciclador, encabezado por Carlos Briganti, luego de 48 horas de mantenerse en vigilia en Roseti al 1000, en el barrio de la Chacarita, en medio del cemento en días de pandemia, defendiendo la huerta urbana construida con los vecinos de la cuadra. La amenaza de desalojo, a pedido de la Comuna 15, había llegado con la orden del Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana, y ponía en riesgo la construcción de un espacio común vecinal para el acceso a una alimentación sana.  

“Este emprendimiento va a seguir adelante y ojalá proliferan las huertas urbanas en toda la ciudad de buenos aires y en toda la argentina”, deseó Briganti, en diálogo con Tierra Viva, después de unos primeros días del 2021 que lo encontraron defendiendo la huerta de la calle Rosetti, cerca de la terraza de su casa, que se convirtió en huerta agroecológica y referencia para el movimiento de huertas urbanas en la Ciudad de Buenos Aires. “No hay huerta atrás”, es el grito de cambio del colectivo El Reciclador y su proyecto Acción Huerta Urbana, que durante la pandemia expandió la experiencia de la calle Rosetti a otros 13 puntos de una ciudad que reclama espacios verdes.   

La huerta logró resistir el desalojo ordenado por el gobierno porteño gracias a las redes construidas por la misma acción de intercambiar saberes, semillas, recomendaciones para el compostaje e ideas de reciclado para ampliar los espacios donde crecen alimentos sanos. “Acá son los vecinos que vienen a regar y a practicar las artes de la huerta en la urbanidad. Entonces ¿qué mejor que tener esto? ¿A quién le puede molestar?”, se preguntaba el colectivo ante la amenaza del Ministerio de Espacios Públicos.  

“Con los frentistas todo, sin los frentistas nada”

“No podría haber sido así sin la resistencia, la solidaridad y el compromiso de ciudadanas, ciudadanos, vecinos y vecinas al acercarse, o desde las redes sociales y mails, con su gran apoyo”, agradeció el colectivo la rápida reacción ante el llamado solidario por la amenaza de desalojo y que tuvo como base la construcción de lazos locales bajo un principio que Briganti resume como “con los frentistas todo, sin los frentistas nada”, en referencia a los vecinos de cada casa de una cuadra que deciden transformar un pequeño espacio verde en huerta comunitaria.  

El aislamiento por el Covid-19 reforzó ese espíritu de unidad y la conciencia de acceder a alimentos sanos, por lo que Acción Huerta Urbana expandió su experiencia a 13 nuevos espacios en las calles porteñas, conformados por “huerteros urbanos voluntarios que creen firmemente en el acceso seguro de alimentos sanos, un entorno y hábitat digno para la vida, y una formación ciudadana completa enmarcada en la cultura del buen vivir”, sostiene el colectivo. 

“Los frentistas entendieron y empezaron a tener una huerta disponible dentro de este ámbito de la ciudad, sobre el cemento. La ciudad no ofrece prácticamente espacios verdes, donde la lucha es constante y cotidiana por ellos y la ciudad los demanda de manera creciente”, reivindican como principio. 

¿Por qué construir huertas urbanas? 

  • Los desafíos que generan las grandes ciudades, como la Ciudad de Buenos Aires y el AMBA, requieren reforzar las políticas públicas destinadas al cuidado del ambiente y a la generación de hábitos saludables de vida, en línea con los 17 objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible adoptada por la ONU, de la cual Argentina es país miembro. 
  • La FAO ha promovido vigorosamente la agricultura urbana y periurbana en América Latina y el Caribe y su informe de “Ciudades más verdes en américa latina y el caribe” (2016), muestra cómo esta actividad es decisiva para la seguridad alimentaria y nutricional; ofreciendo alimentos locales, frescos, de elevado valor, a numerosos habitantes de las ciudades. 
  • En 2019 entró en vigencia la ley 27519 de emergencia alimentaria nacional en todo el territorio argentino, luego prorrogada hasta 2022, agravado por un contexto de crisis sanitaria y económica de pandemia sin precedentes.
  • La Ciudad de Buenos Aires se ubica entre las ciudades con peores indicadores de espacios verdes en comparación a otras ciudades del mundo. La OMS recomienda 9 m2 de espacio verde por persona, mientras que en CABA el promedio no llega a los 3 m2 por persona, producto de eso 400 mil habitantes porteños residen a más de 10 minutos del espacio verde más cercano.