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Menos consumo de leche, más problemas para tamberos
agosto 21, 2020
Sección: Territorios
El aumento del precio de la leche durante 2019 benefició al productor, pero perjudicó al consumidor. El impacto de la devaluación, la falta de financiamiento y el delgado equilibrio entre la rentabilidad y el precio en góndola. La mirada de las cooperativas tamberas.
Menos consumo de leche, más problemas para tamberos
Agencia Tierra Viva

Por Federación de Cooperativas Federadas Ltda. (Fecofe)

Abordar la problemática de la leche y sus derivados siempre tiene un doble enfoque ético, por ser un eslabón de toda una cadena productiva, confrontado con la realidad de ser a la vez un alimento irreemplazable en la nutrición de la población. En el actual estado de emergencia sanitaria, social y alimentaria adquiere una importancia especial, que desnuda contradicciones elementales de una sociedad que debate hasta dónde la falta de regulación y la intermediación parasitaria extingue a los tamberos y hambrea a sus habitantes.

Las cadenas agroalimentarias se componen de un controvertido trayecto que comienza en la producción primaria, continúa en su transformación industrial, luego en la distribución y la comercialización, hasta llegar a los consumidores de los alimentos. En particular, en la «cadena láctea» los tambos y las industrias son los eslabones que mantienen su economía orientada exclusivamente al sector, mientras que los distribuidores, transportistas y comerciantes, entre otros, son actores externos que funcionan como complemento de servicio y cuyos intereses son antagónicos a los de los primeros, lo que provoca colisiones por la disputa de la renta. 

Estas tensiones impactarán luego en el bolsillo de los consumidores. Con los costos dolarizados, la presión fiscal, la suba de tarifas, la merma en las ventas y el estancamiento del precio al productor los últimos cinco meses, toda la cadena está en situación crítica.

Bernardo Arocena, presidente de la Sociedad Cooperativa de Tamberos de la Zona de Rosario Limitada (Cotar) reflexiona que «el tambo es una actividad que requiere planificar mucho tiempo para adelante, un día hay retenciones y el maíz es más barato, después no hay retenciones y el maíz es más caro; con los insumos pasa lo mismo. En la lechería se necesitan dos o tres años de anticipación porque hay que considerar pastura, vacas a preñar, crianza, etcétera. Los productores en un momento debemos decidir entre sembrar alfalfa para las vacas o sembrar soja. También pasa que te cambian las reglas en dos meses y quedás perdiendo plata».

Leche en pesos, insumos en dólares

El año pasado el precio de la leche subió más de un 100 por ciento. Un 40 por ciento por encima de la inflación. Esto trajo un alivio inobjetable para productores tamberos y cooperativas. Pero el precio no es la única variable y se está lejos de una solución perdurable.

Los costos dolarizados socavan paulatinamente la mejora en la rentabilidad. «Cada vez que aumenta el dólar a la leche la destruye, porque los costos son en dólares y el precio que se cobra es en pesos. Lo que más necesita el productor es asistencia crediticia. Ahora estamos financiando con recursos de la cooperativa, que con la inflación provoca descapitalización, entonces es fundamental contar con capital de trabajo sobre todo en los meses estivales para hacer las reservas para el invierno, porque las vacas te lo devuelven con leche, pero si no tenés capacidad económica para hacer las reservas al poco tiempo aparecen las dificultades productivas», advierte Juan Domingo Sola, presidente de la Cooperativa Tambera las Cañitas, de la localidad de El Tío (Córdoba).

Para Ramiro Echavarri, presidente de la Cooperativa Tambera Dos Hermanas, de Serrano (Córdoba), los productores venían bien porque el precio de la leche se había recompuesto y mejoró su situación, a su vez, de la cooperativa. Sin embargo, también reitera la dificultad que provoca el precio del dólar. «Lo que más fuerte nos ha pegado es la gran devaluación del año pasado. Los productores se han ido desfinanciando con estos movimientos. Los proveedores de insumos quieren cobrar rápido, y la cooperativa antes tenía una espalda que hoy no la tiene, se fueron acortando los plazos. Necesitamos crédito a tasa subsidiada para hacer inversiones a las que nos resulta imposible llegar. Por ejemplo, hoy comprar una picadora de forrajes en dólares para nosotros es imposible», explica.

Y del otro lado está el mercado interno. El poder adquisitivo de los consumidores, que atraviesa un derrumbe histórico, lleva la situación a niveles dramáticos. La salida del negocio es la exportación, cuya volatilidad no admite certezas, ni tampoco es garantía de apropiación de los productores. Y el hambre no espera. En la mesa de las familias argentinas, la urgencia subyuga, mientras los comedores comunitarios se multiplican en la desesperación.

«La devaluación impactó en los productores tamberos, que de 37 centavos de dólar por litro pasaron a cobrar 22 centavos, y las usinas lácteas se sumergieron en serios problemas de tipo financiero. Las condiciones para exportar tienen que ser más transparentes y sin tanta burocracia. También debe existir un mayor control de las empresas que trabajan en el mercado marginal, en negro, y que compiten con las cooperativas que trabajan absolutamente todo en blanco», relata Carlos Bergia, tesorero de la Cooperativa Agrícola Ganadera de Arroyo Cabral.

La concentración amenaza a los tamberos cooperativos

«El valor de los cereales está por debajo del valor de la leche, o sea que las relaciones con el costo de alimentación están muy bien, por lo que hoy los tambos todavía son rentables», analiza Hernán Ghersi, gerente de la Cooperativa de Tamberos de Huanchilla. «Venimos insistiendo en la necesidad de armar, para los tambos pequeños y medianos, la alternativa de un tambo asociativo más grande donde se puedan aprovechar los beneficios de producir a gran escala y reducir muchos costos», propone.

Si bien no hay cifras definitivas sobre la cantidad actual de tambos, es notorio el cierre de establecimientos en todos los territorios consultados. La concentración no sólo ha continuado implacable, también se profundizó drásticamente. Las perspectivas son decepcionantes: 2019 cerró con menor producción que 2018, y con menor rentabilidad, a pesar de los flujos de exportación. Cerca del 90 por ciento de la producción de leche y derivados se comercializa en el mercado interno.

«Una recuperación del precio internacional haría que se pueda volver a exportar y compensar el mercado interno donde la mayoría de las cooperativas participamos, pero debe ir acompañado del consumo. Hoy nos estamos sacando los ojos entre cooperativas y empresas privadas por los precios cuando en realidad el problema es el consumo», asegura Sergio Vigliano, presidente de la Cooperativa Agrícola Tambera de James Craik. Y alerta: «Es preocupante la pérdida de litros y socios del sistema cooperativo a manos privadas, donde obtienen facilidades de pago y pasa a un segundo plano lo que brinda el sistema cooperativo; no solamente lo que pasó con Sancor, sino con otras cooperativas, sobre todo las que industrializan”. 

La ecuación productiva y moral de la leche

«También hay un contexto climático con deficiencias en perfil de agua y cobertura de materia orgánica, en algunas zonas se nota bastante. El panorama es incierto. Los insumos para la elaboración de quesos y leche en polvo son dolarizados y es imposible trasladarlo a precio por la baja en el consumo», puntualiza.

Con la crisis muchas industrias reducen el precio pagado al productor. Si bien hay suficiente forraje disponible, a partir de la sequía de estos últimos meses se ingresa a una primavera con pocas reservas hídricas que puede producir retrasos en la siembra de pasturas y maíces. La situación provoca al mismo tiempo una urgencia en la cobranza ante la virtual clausura de las posibilidades de financiamiento.

Marcelo Protti, gerente de la Cooperativa Limitada de Tamberos La América de Suardi (Santa Fe), cuenta que en su planta extrusora procesan poroto de soja y obtienen aceite y expeller (subproducto derivado del proceso de extrusado y prensado), que se venden en su totalidad a tamberos de la zona. 

«Si bien se nota un esfuerzo en bajar las tasas de interés, todavía siguen siendo altas, por lo que el financiamiento sigue siendo uno de los mayores problemas. Los plazos que se manejan con los proveedores son totalmente distintos, y en la mayoría de los casos están dolarizados. En la comercialización de granos el pago es a máximos de 15 días y el expeller lo vendemos al asociado a 30 y 60 días, y en algunos casos hay retrasos en los pagos», advierte Protti.

El universo de la cadena láctea es muy complejo. Uno de los grandes desafíos del actual gobierno será resolver la intrincada ecuación productiva y moral. Creatividad, sensibilidad y decisión política se esperan en los tambos y en las vísceras de los más necesitados.


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