Historia de un hombre, reflejo de un pueblo: "No son simples desalojos, es la continuidad de la Conquista del Desierto"
septiembre 7, 2026
Entrevista al lonko Lucas Melo, de la comunidad mapuche que defiende el territorio y resiste ser desalojada en Villa La Angostura. Su infancia, la negación de la identidad, el asesinato de su abuelo y el despojo de la tierra, la reorganización indígena y la militancia política. El pensar la época desde un región muy rica pero con población empobrecida. "Este país está en deuda con los pueblos indígenas, sobre todo los ricos y los que gobiernan, y tienen que empezar a pagar esa deuda", afirma.
Comunidad Mapuche Villa Langostura
Foto: Guadalupe Martínez

Por Darío Aranda

Apretón de manos fuerte al saludar y hablar tranquilo, siempre mirando a los ojos. Usa boina y ropa de campo, invita a entrar a la vivienda en el barrio Las Piedritas de Villa La Angostura. Es Lucas Melo, 56 años, lonko de la comunidad mapuche Melo, que enfrenta un conflicto territorial de décadas y que hace pocos días resistió un intento de desalojo de la policía de Neuquén y la Gendarmería Nacional. Como suele ser regla en la vida indígena, enfrente hay intereses empresarios, políticos y judiciales. Del lado mapuche, le asisten la preexistencia —reconocida por la Constitución Nacional— y una memoria que, a pesar de la violencia estatal, no fue borrada.

Su abuelo (Marcos Melo) fue asesinado en la dictadura de Juan Carlos Onganía. Los restos de su padre están sepultados en el territorio en disputa con una familia de origen belga que dice haber comprado esas hectáreas, pero nunca se vieron los documentos ni habitaron el lugar. Más de 600 hectáreas en una de las zonas más preciadas de la Patagonia.

De su infancia dura hasta el presente, del servicio militar a recuperar la identidad mapuche, del trabajo de campo a resistir desalojos, de la dictadura al peronismo y Milei. Una historia de vida que también refleja el acontecer de un pueblo milenario que desde sus siete letras en mapuzungún deja claro lo más importante; ma-puche: gente de la tierra.

Comunidad Mapuche Villa Langostura
Foto: Guadalupe Martínez

Operativo de desalojo y resistencia

"Teníamos una orden de desalojo para el 20 de agosto, pero la ejecutaron un día antes. Acá somos dos comunidades unidas, Melo y Quintriqueo, a quienes desalojaron. Todo con muchas irregularidades, ni nos dieron derecho a la defensa. No pudieron avanzar con nosotros porque no tenían protocolo respecto a los niños. Todo el proceso estuvo mal. Permanecemos en el lugar, junto al Lof Quintriqueo, defendiendo el territorio y no permitiremos el desalojo. Estamos en resguardo territorial y resistencia", resume Lucas Melo.

El territorio está ubicado en el kilómetros 2082 de la ruta nacional 40, en el conocido Paso Coihue, entre Villa La Angostura y Bariloche. A los tres días del operativo, el sábado 22 de agosto, hubo una gran movilización desde distintos puntos de Río Negro y Neuquén, una caravana de cientos de autos con más de mil personas que llegaron a solidarizarse con las comunidades.

"Contamos con el apoyo incondicional de mucha gente, trabajadores, organizaciones sociales, comunidades del Pueblo Mapuche. Estamos inmensamente agradecidos, se ha demostrado una vez más que las comunidades no estamos solas y que, pese a todo lo malo que está haciendo el gobierno de la provincia de Neuquén, vamos a seguir en este territorio, porque somos de acá y ya demostramos, con papeles del mismo Estado, nuestra preexistencia en este territorio, somos preexistentes, estamos desde antes que esto fuera Argentina", afirma.

El 26 de agosto, luego de que el caso tomara relevancia mediática en Neuquén y fuera de la provincia --con incluso interpelación al gobernador Rolando Figueroa en un viaje en Capital Federal--, el juez suspendió la orden de desalojo, pero no resolvió la cuestión de fondo, la propiedad de la tierra.

"Lo único que hay claro es que ella (María Cristina Broers, heredera del supuesto comprador belga) no tiene el título de propiedad, que no es dueña de este lote, nunca compraron este lugar y que nosotros vivimos desde mediados del 1800 por estos lugares. Entonces, todas estas irregularidades creo que lo llevaron al juez a a suspender ese desalojo, pero no anularlo", explica el lonko.

Y recuerda que la historia de este conflicto incluye el asesinato de su abuelo (don Marcos) durante la dictadura de Onganía por la tierra, luego el desalojo de su padre con todos los animales, la familia peregrinando en búsqueda de un lugar, hasta la toma de conciencia y el recuperar la tierra ancestral.

"Ellos dicen que hace 40 años son propietarios, pero no se los conoce acá y nunca construyeron nada, nunca habitaron. Nosotros hasta tenemos a nuestro padre enterrado acá. Nos quedaremos porque acá habitaron nuestros ancestros y quedará para nuestros hijos y nietos. Tienen que entender que es territorio comunitario, mapuche, donde cuidamos la tierra, el agua, el bosque, el aire. Que además no es solo para los mapuches, en para el bien de todos".

Comunidad Mapuche Villa Langostura
Foto: Guadalupe Martínez

Un asesinato que antecedió al despojo

¿Cómo es la historia de su abuelo?

—Mi abuelo aparece muerto, en la época de (Juan Carlos) Onganía, y siempre supimos que fue por la cuestión de la tierra, porque querían la tierra donde él vivía, donde él crió a los hijos, donde él quedó viudo, donde él sepultó hijos. El problema inicial de mi abuelo fue con Parques Nacionales, lo desalojan de parte de su tierra y se tiene que correr unos kilómetros, donde ahora está mi ruka (casa). Y él empieza hacer su vida ahí. Hasta que en un momento aparece muerto. Y ese lugar queda "desocupado". No lo habita nunca más nadie. Y Parques decía que era de ellos. Hasta que en el año 1975 aparece un hombre de Bélgica (Luis Broers), que decía que vivía en Mar del Plata y dice que es dueño. Casualidad, mis tíos estaban trabajando en Mar del Plata ese tiempo. Seguramente habrá tenido alguna charla con alguno, identificó el lugar y se hizo el dueño. Mi papá aún estaba vivo y decía que no, que esa tierra era nuestra. La cuestión es que el belga se instala por acá y por todos lados se dice dueño de la tierra de mi abuelo, pero nunca construyó nada ni habitó el lugar.

¿Cuál fue la reacción de ustedes?

—Éramos chicos, 7 u 8 años, pero siempre decíamos que algún día íbamos a volver. Y siempre recordábamos un manzano al costado de la ruta que sabíamos que era la casa del abuelo. Crecimos pensando en volver.

¿Y cuándo volvieron?

—En 2011. Cuando regresamos al territorio una sobrina de él (María Cristina Broers) nos denuncia. Nos citaban cada tanto desde tribunales, íbamos y ella no se presentaba. El lote siempre incluyó a las dos comunidades, el Lof Quintriqueo y nosotros.

Pero luego se activó la causa...

—Tuvo muchas vueltas y con orden de desalojo desde hace ocho años, de 2018. Pasaron alrededor de seis jueces, muchos se corrieron, todo muy raro. Y nosotros siempre pusimos sobre la mesa el querer saber qué pasó con nuestro abuelo. Incluso en algún momento le propusimos al belga ir hablar con Parques Nacionales pero ver su versión de la historia del lote, y el belga nos sacó zumbando, incluso nos amenazó con meter bala.

¿Cuántas hectáreas son?

—El lote pastoril son 625 hectáreas, pero el territorio excede el lote pastoril. Porque la veranada está por fuera el lote pastoril. Nosotros venimos de la gente del cacique Sayhueque, fue quien estuvo en toda esta zona, incluida la costa del Nahuel Huapi e incluso llegaban a la zona de Muelle de Piedra, que ahora es un country. Las 625 hectáreas y el territorio de veranada es junto al Lof Quintriqueo, con quienes nos hemos relacionado muy bien desde siempre.

¿Tuvieron el relevamiento de la Ley Nacional 26.160?

—Sí, pero no nos han entregado la carpeta del relevamiento como indica la ley. Sabemos que está firmada y aprobada, desde hace más de cuatro años, pero no nos entregan el relevamiento. El gobierno nacional no cumple con eso y es por cuestiones políticas, porque sabe que es una prueba más de que habitamos este territorio.

Comunidad Mapuche Villa Langostura - Lof Melo y Lof Kinxikew
Foto: Guadalupe Martínez

La identidad borrada y recuperada

Siete hermanos nacidos y criados en Neuquén, primero en la zona conocida como "el puerto" y luego en el barrio Las Piedritas, un sector popular de Villa La Angostura. La regla era trabajar desde chicos, y así le sucedió a los Melo, desde cortar leña, alimentar con maíz a las gallinas, buscar en el campo a las ovejas, ayudar en la cosecha de papa o separar las semillas. En verano se cortaba pasto para guardar y tener durante el invierno. A partir de los 12 años ya empezaban a hacer "trabajos de grande", sobre todo en el campo.

Tanto su padre, como sus hermanos y él trabajaron en distintas estancias, con dueños de Buenos Aires o del exterior, muchas hectáreas herederas de la llamada Campaña del Desierto. Así aprendió a trabajar con animales, arreglar alambre, rotar pasturas, cortar leña. Salía antes de las 7 de la mañana al campo y volvía luego de las 17. También aprendió de carpintería y finalmente conoció lo que sería su oficio: domador de caballos. En el medio de esos trabajos y aprendizajes, le tocó hacer la colimba. "Hay mucha gente que habla de que ojalá vuelva al servicio militar, pero nosotros la hicimos y no nos aportó nada", afirma.

La escuela, el servicio militar, el jurar a la bandera. ¿Cómo se da el proceso de recuperar la identidad mapuche?

—A nosotros siempre nos identificaron en la escuela como los indios, pero no entendíamos nada. Siempre nos decían de eso modo, en la escuela, en el pueblo o en el campo. Pero hay algo medio negado ahí, porque estaba mal visto. Creo que la búsqueda de la identidad uno siempre la lleva hasta que en un momento se hace conciencia. A algunos les llega antes, a otros después. A nosotros nos pasó cuando los viejos empezaron a partir.

¿Su papá o mamá hablaban sobre los mapuches o en mapuzungún?

—Mi papá hablaba. Pero los mayores nos decían que no hablemos en mapuzungún porque si los milicos escuchaban nos iban a cagar a palos.

¿Cómo se dio el recuperar su identidad mapuche?

—Empezamos allá por el 2005, cuando hicimos una gran juntada en Villa La Angostura, con la gente de la Biblioteca Osvaldo Bayer y la historia de los primeros pobladores. Todos empezamos a buscar para atrás a nuestros familiares y encontramos de donde veníamos. Pero el proceso de identidad es permanente. Recupera la identidad no es solo haber encontrado al abuelo lonko. Ese proceso aún no se terminó, está vigente. Porque tenemos un proceso de identidad que fue borrado o intentado ser borrado primero por la Conquista del Desierto y fue un proceso que todavía está vigente. Eso no se terminó en 1884, cuando llegaron hasta la costa del Nahuel Huapi, sigue hasta el día de hoy.

¿De qué modo?

—Los desalojos se mantuvieron siempre, y siguen hoy. Siguen las usurpaciones de territorio por las multinacionales. Entonces nuestra búsqueda de identidad y proceso de identidad y la búsqueda de la gente que se llevaron en la Conquista todavía continúa. En el museo de La Plata todavía sigue habiendo restos de gente mapuche que fue llevada ahí. Por eso no se trata de simples desalojos, se trata de la continuidad de la Conquista del Desierto.

Comunidad Mapuche Villa Langostura
Foto: Guadalupe Martínez

¿En el proceso identitario también se mezcla el reconocerse poblador, campesino, puestero e indígena?

—En la escuela y en el pueblo también nos decían gauchos. Entonces siempre nos sentimos así. Luego nos fuimos dando cuenta, los Melo, que el gaucho, el poblador, el criancero y el mapuche no tienen diferencia. Tiene la misma forma de vivir, la misma forma de ser y tenemos un orgullo que a veces a algunos no les gusta pero sabemos que pertenecemos a la tierra. También hay que contar que a muchos crianceros y pobladores les cuesta decirse mapuche porque todavía no pueden sortear la privación de su identidad. Tanto la Conquista del Desierto como la última dictadura nos privaron de nuestra identidad, y eso aún cuesta. Aún hoy a muchos jóvenes les cuesta, les da vergüenza pertenecer a una comunidad mapuche.

¿Cómo influyen las campañas y grupos antimapuches, como hay acá en Villa La Angostura y en Bariloche?

—Hay organizaciones antimapuches en toda la Patagonia, tanto en Argentina como en Chile. Y de golpe te dicen "¿cómo que los mapuches reclaman tierras acá y en Buenos Aires?" Y claro, o no saben que que cuando a los mapuches los llevaron secuestrado en la Conquista del Desierto, se los repartieron por todo el país. Y también es mentira que el mapuche reniega de la Argentina o de la bandera. Yo hice el servicio militar, juré la bandera y le tengo lealtad. Y hay mucha gente que se identifica como el mejor de los argentinos, pero le vende la tierra a (Joe) Lewis y otros extranjeros.

¿Cuándo deciden conformarse como lof?

—En el 2011, cuando decidimos realizar la reafirmación territorial. Primero fuimos cuatro hermanos y algunos sobrinos. No quisimos al inicio que sean todos porque teníamos miedo de que pueda pasar algo malo. Luego ya sí se sumaron nuestros hijos, primos, todos. Unas 30 familias. Fue un momento muy importante poder volver a ese territorio y ya como lof mapuche.

Comunidad Mapuche Villa Langostura
Foto: Guadalupe Martínez

Derechos, peronismo y contradicciones

Un hecho distintivo, referido a otros lonkos, es su reivindicación política partida muy clara.

—Sí. Para mí es común, aunque es cierto que otros indígenas lo ocultan. Soy peronista y no tengo por qué negarlo.

¿Cómo nace ese vínculo con el peronismo?

—Uno de los momentos de mi despertar político fue al conocer el Estatuto el Peón Rural. Me trajo controversia igual, porque Perón fue un milico y yo a los uniformes les tengo alergia. Lo que no se puede negar es que Perón llevó la política del pueblo al gobierno. Pero no la llevó él solo, la llevó con Evita, que fue la que organizó en muy poco tiempo a gran parte del peronismo.

¿En qué año fue el conocer el Estatuto del Peón y empezar a identificarse como peronista?

—Desde chico, en la dictadura. Vivíamos en el puerto, mi mamá era peronista, teníamos una casa muy chica, un rancho, con una pequeña ventana que daba al lago donde en las noches mi mamá ponía el farol a querosén y se ponía a hilar mientras escuchaba la radio. Al lado de esa radio había una estampita de Perón y Evita . Y una noche los milicos nos tiraron la puerta abajo, y era por esa estampita. Entraron y se llevaron la estampita y unos cuchillos viejos que teníamos. En ese momento agarré odio al uniforme, sobre todo a la policía, y me hice peronista. En esa época los milicos nos revisaban las bolsas hasta cuando íbamos a la despensa, éramos pibes nosotros y ellos nos maltrataban. Esas cosas no se olvidan.

¿Qué memoria, suya o por relatos, tiene de esa época acá?

—Se empezaron a notar más los desalojos, primero cerca del lago (Nahuel Huapi) y luego en otras zonas también, siempre contra pobladores y crianceros mapuches que hacía añares vivían en el lugar. Luego recién empezamos a escuchar de los asesinatos y desaparecidos.

¿Cuándo fue que se involucró tanto que hasta abr una unidad básica?

—Siempre creí que hay que participar como pueblo, soy parte de ese pueblo. Y nunca me gustó que haya intendentes que vengan y no hagan cosas buenas por la gente. Y creo que la única forma de cambiar las cosas es involucrarse y meterse en la discusión. Un par de compañeros me invitaron a las reuniones, se hizo campaña para un elección y armamos lo que se llamó "Encuentro Militante". Empezamos a reunirnos en casas de familia, siempre nos costaba encontrar un lugar. Yo tenía un galpón de la carpintería, media abandonado, y lo ofrecí para espacios de reunión. Habrá sido el 2015. Y hasta le pusimos nombres: "Unidad básica los nietos de (Martín) Fierro". Pero más allá de las reuniones también hicimos un merendero, todo lo que se pueda para dar una mano en el barrio. Es un espacio abierto con actividades culturales, de arte, apoyo escolar.

Queda claro el por qué de la adhesión al peronismo. Pero cómo interpreta lo que pasó, por ejemplo, en Rincón Bomba (matanza de pilagás en 1947 en Formosa) o cuando Cristina Fernández de Kirchner cuestionó a los mapuches en Vaca Muerta?

—A Perón no le perdoné lo del Malón de la Paz, que no le dé respuesta a los hermanos kollas y los mande al Hotel de los Inmigrantes, que los devuelva a Jujuy en tren sin haberles solucionado nada. Claro que Perón tuvo sus contradicciones también. Respecto a la Confederación Mapuche, de la que soy parte, y de Cristina también tengo mis críticas. Creo que ella estuvo muy mal asesorada ahí. Ella tendría que haber venido y escuchado a los mapuches. Benefició por demás a las empresas extractivistas que han venido a Vaca Muerta, por ejemplo Chevron. Nosotros criticamos eso. Pero también es cierto que fue de los gobiernos que más derechos nos dio. Por ejemplo la Ley 26.160 es del kirchnerismo.

Tampoco solucionó el tema del territorio.

—También es cierto eso. Esta es una zona muy rica, pero con comunidades muy pobres. Acá hay barrios cerrados de lujo, con mansiones, y muchas comunidades no tenemos luz eléctrica, no tenemos gas natural y pasa el caño por ahí enfrente. ¿Cómo se entiende eso? Villa La Angostura se construyó en territorio de la comunidad Paichil Antriao, les robaron la tierra y le quieren sacar lo último que les queda. Esta provincia y este país está en deuda con los pueblos indígenas. Y, sobre todo los ricos y los que gobiernan, y tienen que empezar pagar esa deuda.

¿Qué opina de Milei?

Es lamentable lo de Milei. Hizo todo en contra el pueblo. Y los millonarios están cada vez más millonarios. Y no me gusta cuando dicen que está loco. No está loco, sabe muy bien lo que hace. Además están saqueando el país, son unos delincuentes.

¿Por qué cree que llegó Milei al gobierno?

—Hay muchas cosas, pero la mayor cantidad de motivos se las dimos nosotros, nuestro espacio político. Nos peleamos por pequeñeces, muchos egos, muchos representantes que están lejos del pueblo y más preocupados por su cuenta bancaria.

¿Cómo ve el futuro?

—Hay que involucrarse. Personas como Milei y Bullrich son sufrimiento para el pueblo. Mirá cómo le pegan a los jubilados, le sacan los medicamentos a los enfermos de cáncer. Odian al pueblo, odian a los pobres. Hay que sacarlos del gobierno, que paguen por sus crímenes y reconstruir todo lo que destruyeron. Lo hicimos luego de la Campaña del Desierto, lo hicimos luego de la dictadura y lo vamos a volver hacer. Estamos vivos.

Comunidad Mapuche Villa Langostura
Foto: Guadalupe Martínez
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