“Levantar nuestras voces y decir 'acá estamos las mujeres indígenas'”
septiembre 4, 2026
El 5 de septiembre es el Día Internacional de la Mujer Indígena. Claudia Aguirre es qom, vive en Chaco e integra la organización Mujeres Estrellas, desde la que trabajan en la recuperación de la lengua y en contra de la violencia de género. “El colonialismo trajo el machismo, pero la mujer indígena siempre tuvo un rol importante en las comunidades”, asegura.
La mujer indígena siempre tuvo un rol importante en las comunidades

Por Mariángeles Guerrero

Claudia Aguirre es qom, profesora intercultural de idiomas y vive en el asentamiento Cristo Rey, en el norte de Resistencia (Chaco). Trabaja en el Instituto de Formación Superior San Fernando Rey e integra Alpi Huaqaanepi (Mujeres Estrellas, en qom), espacio intercultural de mujeres y disidencias feministas cristianas. Promueve el idioma originario como parte de la defensa de su cultura y de la espiritualidad ancestral. Advierte que el panorama político es "muy difícil", pero señala: "Ojalá que podamos conquistar más derechos y que también se nos visibilice. Tratamos de levantar nuestras voces y de decir 'acá estamos las mujeres indígenas'".

En el barrio donde vive, relata, se ve mucha pobreza: dificultades en el acceso a la salud, falta de trabajo, precariedad de las viviendas. “Todos los que estamos en esta zona estamos por debajo de la línea de pobreza”, sintetiza.

—¿Qué ocurre con respecto a los derechos indígenas?

—Seguimos peleando por los derechos, tratando de insertarnos en distintos espacios. Hay muchas mujeres indígenas que, desde sus lugares y espacios, militan por los derechos, aportan su granito de arena. Pero es difícil. En el ámbito educativo, por ejemplo, no se da una buena interculturalidad porque hay mucho desconocimiento. Hace poco fui a un colegio a hablar sobre la Masacre de Napalpí. Y muchos chicos no conocían esa historia. O quizás la habían escuchado nombrar, pero no la conocían en profundidad. Las comunidades indígenas no somos algo del pasado. En Chaco hay tres pueblos, Wichí, Qom y Moqoit, que estamos, que resistimos y que queremos contar la historia. Pero no la historia oficial que siempre se contó, sino la de nuestros pueblos. Chaco es una de las provincias pioneras en cuanto a educación intercultural. En el Barrio Toba, en Resistencia, hay un complejo educativo donde se trabaja la lengua materna en todos los niveles y la identidad porque es una escuela de gestión comunitaria bilingüe e intercultural. En Fontana (localidad vecina a Resistencia) también hay una escuela bilingüe; en el barrio Mapic, de Resistencia, también se trabaja la lengua qom. Pero falta mucho, si tenemos en cuenta que en la provincia las tres lenguas indígenas fueron declaradas lenguas oficiales.

Mujeres Estrellas está integrada por mujeres qom y por mujeres de identidad marrón. Recientemente se sumaron jóvenes de entre 17 y 20 años. Una de sus tareas principales es la promoción de la lengua qom y la sensibilización sobre la violencia de género en los ámbitos religiosos.

—¿Por qué se conformó la organización Mujeres Estrellas?

—Surgió porque las mujeres sufríamos muchas violencias en espacios religiosos. Un día nos juntamos a compartir todo lo que nos pasaba y nos dimos cuenta de que no estábamos solas. A través de Mujeres Estrellas fuimos conociendo otras redes de contención y nos dimos cuenta de que teníamos que buscar nuestra espiritualidad ancestral, porque nosotras como mujeres indígenas tenemos una espiritualidad ancestral, la espiritualidad de nuestras ancestras, de nuestro pueblo. Todo eso se fue perdiendo. Entonces la idea es rescatar la cosmovisión a través de los relatos. Tenemos una anciana que es nuestra asesora lingüística y a la que recurrimos cuando tenemos alguna inquietud o queremos saber algo de cómo era antes.

La mujer indígena siempre tuvo un rol importante en las comunidades
Foto: Claudia Aguirre

—¿Qué cuestiones fueron recuperando?

—La identidad. Por eso creo que ahora se sumaron estas chicas tan jovencitas, porque particularmente en la ciudad tenemos una gran pérdida de la lengua materna. No pasa lo mismo en el interior de la provincia. Acá, al estar en contacto todo el tiempo con el castellano por este proceso de aculturación o transculturación, las personas que pertenecemos a pueblos originarios vamos perdiendo la lengua. No porque queramos, sino porque si uno se tiene que implantar en el sistema educativo, en la sociedad, todo es en castellano. Y al perder nuestra lengua, perdemos nuestra identidad. Sobre eso estuvimos trabajando mucho.

—¿Cómo llevan adelante ese trabajo?

—A través de talleres con infancias y con mujeres. Armamos carteles con palabras o frases simples, de uso cotidiano. También trabajamos a través de canciones y de relatos. Les enseñamos la forma de saludar a sus abuelos o palabras básicas, cosas que ellos puedan repetir. También les damos un refrigerio, pero ahora está tan difícil la situación económica que cuesta un poco compartir eso.

En 2024, el Programa de Lenguas Originarias de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires realizó un mapeo con base en datos del Censo Nacional de 2022. Según ese relevamiento hay en Argentina 13 lenguas indígenas que registran hablantes; diez que están en “proceso de revitalización”; ocho que registran “hablantes o entendedores” y nueve que no cuentan con hablantes. En ese mapeo, el qom figura en Chaco, Formosa, Salta, Jujuy, Santa Fe y Buenos Aires con un total de 39.421 hablantes o entendedores.

Aguirre habla su lengua materna desde niña. Y también canta en qom. “Me encanta cantar en mi lengua. Por eso cuando me invitan a hablar sobre historia de los pueblos, sobre cultura, siempre tengo que cantar. Siento que regalo algo, me hace muy bien transmitir a través del canto”, expresa.

Resalta la importancia de que no se pierdan las formas de nombrar las cosas que construyó su pueblo de forma ancestral. “Quizás en mi adolescencia no lo valoraba y no buscaba hablar, pero hoy siendo mamá siento esa necesidad de valorar esa lengua. Porque como siempre le digo a mis hijos: si se pierde la lengua, se muere un pueblo”, agrega.

La mujer indígena siempre tuvo un rol importante en las comunidades
Foto: Claudia Aguirre

—Mujeres Estrellas se presenta como una organización feminista. ¿En qué momento usted empezó a trabajar con esa mirada? 

—En el 2008 o 2009 yo asistía a una iglesia cristiana evangélica. No era de mi comunidad, era una iglesia criolla. Y había situaciones que yo no sabía cómo llamarlas, no sabía que había violencia en los ámbitos religiosos. Había mucha imposición hacia las mujeres. El pastor decía que las mujeres estaban para servir al marido y para tener todos los hijos que Dios le mande. Yo pensaba que eso estaba mal, había muchas situaciones de violencia que yo vivía ahí y me daba cuenta pero no sabía cómo llamarlo. Muchas veces me sentía sola, lloraba porque pensaba distinto. Y tampoco conocía esas palabras: “feminismo”, “violencia psicológica”, “machismo”, “patriarcado”. Solo sentía que había una violencia hacia mí. Entonces me alejé de esos espacios. En 2019 fue cuando comencé a ponerle palabras a esas situaciones. En otra iglesia, una pastora me dijo que si yo estaba en el camino del Señor, tenía que dejar todo lo que sea de mi cultura porque “eran cosas del diablo”. Todo eso me hizo ruido porque ¿cómo algo que es de mi pueblo, algo que me enseñaron, iba a ser del diablo? ¿Cómo iba a dejar mi cultura, si es mi identidad? ¿Cómo podía ser que Dios esté en contra de eso? Y a través de mujeres que fui conociendo, hoy milito el feminismo, los derechos de los pueblos indígenas y la identidad, el rescate de la lengua materna y de todo lo que soy. Pero tuve que pasar un proceso de mucha angustia, donde me sentía sola, donde sentía culpa, porque estos espacios trabajan la culpa: todo es por culpa de la mujer, porque Eva comió la manzana y todo eso. Actualmente no voy a ninguna iglesia. Todavía estoy en un proceso de búsqueda.

—¿Qué le aportó volver a sus raíces?

—Teniendo en cuenta todo este proceso de asimilación y de imposición, porque también son una imposición las religiones, volver a mis raíces me llevó a encontrarme a mí: a Claudia, mujer indígena. Estoy tranquila y con la certeza de ir por buen camino. Mi abuela de hecho es cristiana evangélica, en ella están mutuamente lo cultural y lo religioso. Entonces creo que puedo tranquilamente vivir mi identidad y mi cultura, sin tener esa culpa que me dejó la religión.

—Sobre esas palabras que fue encontrando, “feminismo”, “patriarcado”. ¿Cómo lo ve en su comunidad?

El colonialismo también trajo el machismo, pero la mujer indígena siempre tuvo un rol importante en las comunidades. La mayoría de las personas qom que conozco son cristianas evangélicas. Y siempre es el hombre el que está predicando, el pastor, y va transmitiendo desde su mirada machista o patriarcal de que la mujer tiene que estar en la cocina y que tiene que criar a los hijos. Pero hoy en día veo a muchas mujeres trabajando, llevando adelante su familia, luchando, abarcando espacios. Hasta el año pasado tuvimos una diputada provincial qom (Andrea Charole) y creo que son esos espacios los que tenemos que conquistar. También tenemos una hermana del Pueblo Qom que está en el Poder Judicial, hay hermanas que están como traductoras en distintos espacios. En educación y en salud conozco hermanas que trabajan como enfermeras, como auxiliares. En el barrio Toba tenemos directoras en algunos niveles del complejo educativo.

Solo en los primeros seis meses de este año se deforestaron en Chaco 3.800 hectáreas, según el último relevamiento de Greenpeace. En mayo pasado, por ejemplo, la localidad de Castelli quedó bajo agua tras lluvias intensas, algo que no había ocurrido hasta ese momento. Quienes viven en la zona señalaron el desmonte como una de las principales causas.

—En ese proceso de volver a la espiritualidad qom, ¿qué recuperaron sobre el cuidado del territorio y del cuerpo?

—Siempre nos enseñaron que el monte era nuestra vida. El monte es el que brindaba todo lo necesario a las comunidades. ¿Cómo no cuidar y respetar el monte, si a través del monte tenías la comida, la medicina? Si una raíz, una plantita, una corteza, un árbol, es medicina natural. Creemos en los seres protectores de la naturaleza y eso tratamos de recuperar. Y cuando hablamos de territorio no es como lo ven desde la mirada occidental. Este Gobierno derogó la Ley 26.160 y las comunidades están desprotegidas, muchas reclaman lugares ancestrales, muchas otras fueron desalojadas. Y sobre el cuidado del cuerpo, siempre se nos enseñó cómo cuidar a los bebés, o los cuidados que tiene que tener una niña con su primera menstruación. Tratamos de recuperar esos saberes que se están perdiendo, lamentablemente. Quienes estamos en la ciudad fuimos perdiendo eso por estar en este proceso de aculturación: dejar nuestra cultura para adaptarnos a la cultura dominante.

—¿Qué implica ser hoy mujer e indígena en Argentina que gobierna Javier Milei?

—Este es un gobierno racista, discriminador y antiderechos en todos los ámbitos. Teníamos el Día de la Diversidad Cultural y ahora, por un decreto, vuelve a ser el Día de la Raza. También derogó la Ley 26.160. Ser mujer indígena en este gobierno es muy difícil. Nos cuesta mucho pelear por los derechos, visibilizarnos. En Chaco tenemos a un aliado de Milei, que es el gobernador Leandro Zdero, así que es difícil también.

—Los pueblos indígenas llevan más de 500 años en resistencia. ¿Cuál es la esperanza que ve como mujer, como parte de un pueblo indígena, como alguien que está recuperando sus raíces y su lengua?

—La esperanza que tengo es que sigamos generando espacios, sumar nuestro granito de arena en lo que podamos aportar. Creo que podemos lograr muchas más cosas. Tenemos una ley que oficializa las tres lenguas indígenas en Chaco, pero faltan políticas de acción concreta. Nosotras estamos en contacto con otras mujeres, aportamos lo que podemos y también en relación al acompañamiento de las comunidades. Ojalá que podamos conquistar más derechos y que también se nos visibilice, porque a veces estamos invisibilizadas en nuestros propios espacios. Eso pasa, pero hoy tratamos de levantar nuestras voces y de decir “acá estamos las mujeres indígenas”.

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