Por Sergio Sánchez
Pablo Bruno creció entre un barrio popular de la capital cordobesa y el paisaje de las sierras. Oriundo del barrio General Pueyrredón, el joven cantante, guitarrista y compositor pateó las agitadas calles de su ciudad y conectó tempranamente con la fuerza vital de la naturaleza. “También crecí en el barrio Centro América, que es donde vivían mis abuelos. Fueron los dos lugares donde me he criado, unas raíces bien cordobesas”, resalta el músico de 28 años. “Siempre estábamos en la calle con la changada, andando en bicicleta, jugando a la pelota, echando moco. Agradezco esa niñez, porque la pude disfrutar”, dice. “Además, mis viejos desde chiquitito siempre me llevaron a las Sierras Chicas de Córdoba. Empecé a ir desde los 4 años para allá y le agarré amor al monte. En paralelo, con mis abuelos íbamos siempre al campo”, recuerda.
“Entonces, el barrio, las sierras y el campo fueron los tres lugares a donde me crie”, sintetiza Bruno, quien acaba de publicar su cuarto disco de estudio, Hogar (2026), una obra que justamente habla de cuidar la casa propia: la íntima y la social; la espiritual y la comunitaria.
"Entré en el vuelo de la palabra hogar como filosofía. Lo más importante que podemos hacer es cuidar ese hogar que habitamos, ese hogar-cuerpo, ese hogar-tierra, que es lo mismo", grafica el cantautor antes de presentar el disco el viernes 16 de octubre a las 21 en JJ Circuito Cultural (Jean Jaures 347). "En las canciones está ese cuidado hacia la sierra, la naturaleza, que es el lugar más presente que tenemos para habitar y cuidar. Hace unos días venía de Mendoza, de San Rafael, y un amigo me decía: 'Nosotros estamos defendiendo el agua'. Más allá de la palabra lucha, porque es una defensa que tenemos que realizar como tribu para las nuevas generaciones".
Con el acento puesto en la música de raíz folklórica, el disco recorre diferentes estados emocionales y climas musicales, desde la cumbia "Luna de los desvelos" hasta la introspectiva y despojada "Sentirme hogar", pasando por la chacarera percusiva "Donde el milagro hecha brotar", la reflexiva "Zamba del juglar", la instrumental “Canción de otoño” o la chacarera comunitaria "Ahicito en los encuentros".

“Encontrarnos, compartir el pan/ construir en hermandad/ Volvamos a lo simple/ militemos la paz/ Donde el amor construye/ un puente al hogar”, canta como un manifiesto de vida en “El abrazo de hogar”. "En la comunidad entra la familia, las amistades, la tribu con la que uno comparte y la naturaleza; el sitio que uno elige vivir y cuidar", sostiene el artista en torno al concepto.
—¿De dónde nace tu necesidad de defender el monte, el agua y las sierras?
—En las Sierras Chicas he compuesto más de la mitad de mis canciones. Es un lugar donde no llega el agua, estuve viviendo un tiempo ahí. Hay todo un sistema de riego y cuando llueve se llenan los tanques. Entonces, la lluvia está relacionada con la bendición. Uno cuando no tiene el agua se da cuenta de la importancia y la vitalidad máxima que tenemos. Uno aprende a habitar una conciencia del cuidado. En Córdoba estamos muy acostumbrados a gente que lava los platos y deja la canilla abierta. Y hay sitios donde el agua falta.
—¿Y una canción puede ser un instrumento o herramienta para despertar una reflexión?
—Hace unos días estaba cantando una canción inédita en San Rafael, que en un momento dice: "Agua tesoro del mundo". También dice: "Vivo feliz cantando/ con la esperanza firme en la canción". Creo que desde el arte, en este caso desde la música, es sumamente importante poner en palabras ciertas cuestiones, porque la gente siempre se sensibiliza más a través del arte. Porque toca células más sutiles. Y va a despertar algo a través de una canción, una poesía o una obra de teatro. El arte siempre es fundamental para habitar esos espacios. Estamos atravesando un presente particular en relación a la lucha por el agua. Y en Mendoza le están poniendo el cuerpo a esa causa hace mucho tiempo.
—¿Sentís una responsabilidad social de hablar sobre determinados temas que te incomodan en esta época?
—Lo siento algo muy personal y de búsqueda artística. Es importante cantarle a lo que veo en cuanto a injusticias o maltrato hacia la naturaleza. O sobre otras cosas, como cantar hacia adentro de uno mismo. Habitar esos lugares implica una responsabilidad muy linda. No me sale cantar por cantar. Siento que cobra sentido cuando hay una palabra a la hora de cantar y compartir. Pero del mismo modo respeto a cada artista con su camino.
—También te has expresado sobre el cuidado de la universidad pública y el respeto por la memoria en contexto de dictaduras y pueblos originarios.
—Son temas que me sensibilizan y me atraviesan como historia. No he vivido una dictadura, pero sí he compartido con gente que en su mirada hay una nostalgia, una tristeza muy fuerte. Entonces, en una mirada uno puede empatizar. Tiene que ver con escuchar y sensibilizarse con parte de nuestra historia como país y continente. También me gusta estudiar acá en Córdoba sobre los comechingones y los sanavirones que habitaron estas tierras; la gente que hacía sus casa-pozo acá en Córdoba. Estoy en ese camino, a nivel nacional y latinoamericano, de conocer cada vez más nuestra ancestralidad, que es tan rica y que me llena. Latinoamérica tiene una riqueza cultural y ancestral sublime.

En este sentido, una de las canciones que sobresalen en el disco es “Cordillera y quebracho”, una chacarera que reflexiona sobre los desmontes y reivindica a los organismos de derechos humanos. La particularidad también es la participación del cantor y guitarrista santiagueño Raly Barrionuevo, afincado hace varios años en Unquillo. "Hablando con Raly, que vive por acá, le comenté que me gustaría que participe en la canción, porque cuando la compuse escuchaba su voz", cuenta Bruno. "'Yo soy argentino y elevo mi canto/ latinoamericano, cordillera y quebracho', dice la letra. La importancia de la unión de Latinoamérica. Raly es un referente, me he criado escuchando su música. Es hermoso que haya estado y compartido conmigo", resalta el artista que, dice, admira y siente afinidad artística con Duratierra. Mery Murúa, Paola Bernal, Ramiro González, Lisandro Aristimuño y José Luis Aguirre, entre otros.
"Cordillera y quebracho" es una canción que compuso hace un tiempo. "En Buenos Aires estaban por cerrar un hospital público histórico y ahí empezó a brotar la idea de la canción. Empecé a escribir de varias cosas y vi fotos del actual Gobierno utilizando imágenes con el Nunca Más de una forma muy incoherente; poniendo en dudas ciertas cosas que ya estaban muy firmes en la memoria de la argentinidad", recuerda. "Ni hablar acá en Córdoba que siempre atravesamos desmontes y que intentan quemar gran parte de los bosques para hacer negocios inmobiliarios. Toda esa sensación me movilizó y también la importancia de nuestra educación pública, que es una de las mejores del mundo. La canción también nombra a las Abuelas de Plaza de Mayo como ejemplo de lucha en todo el mundo. Una lucha con firmeza y amorosidad".
