OPINIÓN
Por Carolina Llorens*
Las tareas de cuidados recaen de manera desproporcionada sobre las mujeres y disidencias y en el ámbito rural la realidad es aún más compleja. Según datos del Movimiento Nacional Campesino Indígena Somos Tierra (MNCI ST), en Argentina el 60 por ciento de las mujeres rurales vive una triple jornada simultánea: producen alimentos, sostienen el hogar y cuidan del territorio. En promedio, trabajan más de 14 horas al día, lo que les deja apenas 1,6 horas diarias para el descanso o el autocuidado. Cada 29 de octubre se conmemora el Día Internacional del Cuidado y el Apoyo. Esta fecha, propuesta por las Naciones Unidas en 2023, invita a reflexionar sobre estas tareas que hacen posible la vida, pero que rara vez son reconocidas
Lejos de ser una vocación natural, el cuidado en el campo es un acto político. Para las comunidades campesinas e indígenas, el cuidado es integral: abarca la tierra, el agua, las semillas criollas, la biodiversidad, los animales y los saberes ancestrales. Sin embargo, esta labor se desarrolla en un contexto de abandono estatal y crisis climática, donde las mujeres rurales actúan como el "amortiguador" que sostiene la vida en los territorios. El impacto en la salud es alarmante: el 85 por ciento de ellas sufre estrés constante y casi la mitad no acude al médico por falta de tiempo.
Un diagnóstico de desfinanciamiento
Esta realidad rural se enmarca en un escenario nacional crítico. El conjunto de organizaciones que impulsan el Acuerdo Nacional por los Cuidados advierten que en los últimos años se destruyeron 48 de 50 políticas de cuidado, lo que profundizó el abandono y trasladó la carga de manera desproporcionada hacia los hogares y, especialmente, hacia las mujeres. "Hoy la organización social del cuidado está en emergencia", señalan. Mientras el costo de vida aumenta y el hambre crece, las redes comunitarias intentan cubrir las necesidades básicas, pero no pueden reemplazar la responsabilidad del Estado.
Para las familias rurales, esta ausencia estatal es doblemente grave. La falta de acceso a salud integral, infraestructuras y servicios básicos, sumada a la falta de regulación de la propiedad comunitaria y a las políticas de adaptación al cambio climático, coloca a las mujeres del campo en una situación de extrema vulnerabilidad. La sobrecarga de trabajo no solo limita su autonomía, sino que también se constituye como una forma de violencia estructural.

Hacia un Acuerdo Nacional por los Cuidados
El Acuerdo Nacional por los Cuidados, respaldado por una amplia diversidad de organizaciones sociales, sindicatos y académicos, plantea la necesidad de reconstruir una organización social del cuidado basada en la corresponsabilidad. Esto implica que el Estado, las familias, las comunidades, los sindicatos y el sector privado asuman responsabilidades concretas.
La propuesta no se limita a un conjunto de políticas aisladas, sino que busca ser un proyecto de país que ponga la sostenibilidad de la vida en el centro de la agenda pública.
Desde el sector rural se impulsa a que este acuerdo nacional tenga una perspectiva campesina, indígena y territorial. Para las mujeres rurales, esto se traduce en exigencias urgentes: acceso a la salud, servicios básicos, regulación de la propiedad comunitaria, reconocimiento del cuidado comunitario rural como un trabajo y políticas de adaptación al cambio climático que garanticen agua, alimentos y condiciones dignas para vivir y producir.
La urgencia de esta demanda radica en que el cuidado no puede seguir siendo una responsabilidad individual ni recaer siempre sobre las mujeres y diversidades. Construir un sistema integral de cuidados es una inversión estratégica que no solo mejora la calidad de vida de quienes cuidan, sino que también dinamiza la economía y reduce las desigualdades. En el campo, donde las mujeres sostienen la producción de alimentos y la biodiversidad, garantizar el derecho al cuidado es garantizar la soberanía alimentaria y el arraigo.
Porque cuidar debe ser un proyecto de país, en el Día Internacional de los Cuidados, la voz de las mujeres y diversidades rurales se alza para exigir que el Estado deje de mirar para otro lado y reconozca que, sin cuidados, no hay vida posible en los territorios.
*Coordinadora del Equipo de Feminismo y Diversidades del Movimiento Nacional Campesino Indígena - Somos Tierra
