Rosa Amorim: "Hablar de reforma agraria en Brasil es hablar de un proyecto de dignidad de vida"
octubre 29, 2026
Con 29 años, Amorim es la primera mujer del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) en ser electa diputada nacional. Tras la histórica victoria de Lula Da Silva en la segunda vuelta, analiza la difícil tarea que tendrá en un parlamento dominado por la derecha y la "bancada ruralista", pero confía en los jóvenes de izquierda electos y las luchas colectivas que los respaldan. "Llego al Congreso para construir la bancada de la tierra y la agricultura familiar", se ilusiona.
Rosa Amorim: "Nuestra lucha es contra el imperialismo, contra el capitalismo y contra el agronegocio"
Foto: Rosa Amorim - MST

“Com a barriga vazia não consigo dormir,
E com o bucho mais cheio, comecei a pensar.
Que eu me organizando posso desorganizar
Que eu desorganizando posso me organizar
Que eu me organizando posso desorganizar”.
Da lama ao caos, Nação Zumbi - Chico Science

“Con la panza vacía no puedo dormir,
Con el buche más lleno, empecé a pensar.
Que desorganizándome puedo organizar
Que organizando me puedo desorganizar
Que desorganizándome puedo organizar”

Por Mariángeles Guerrero y Carla Perelló
Desde Brasil

Rosa Amorim es la primera mujer del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) en ser electa diputada nacional en Brasil. Es negra, lesbiana, oriunda de Pernambuco, nordeste del país, y tiene 29 años. Integra el Partido de los Trabajadores (PT). Durante la pandemia, mientras gobernaba Jair Bolsonaro, fue una de las impulsoras de la red de cocinas solidarias que enfrentaron el hambre en los barrios populares de las ciudades. La reelección de Lula da Silva significa una victoria popular y una esperanza, pero la conformación de un Congreso con mayoría de la extrema derecha plantea sus propios desafíos. En ese escenario, sostiene que la “lucha parlamentaria” será vital. “Queremos que Brasil deje de ser uno de los países que más venenos y agrotóxicos consume”, afirma.

Hija de la lucha por la reforma agraria, Amorim creció en las filas del MST y también fue dirigente estudiantil. Desde sus orígenes, el movimiento campesino mantuvo su autonomía aunque apoyó candidaturas del PT. Pero, en 2022, tras el retroceso en materia de derechos que significó el gobierno de Jair Bolsonario, presentó sus propios candidatos. Ese año, ella fue electa diputada del estado de Pernambuco. El pasado 5 de octubre fue electa diputada nacional; una de lxs 38 legisladorxs LGBT+ que obtuvieron un escaño y una de los cuatro integrantes del MST que estarán en el Congreso brasileño.

En el histórico proceso electoral que consolidó a Luíz Inácio Lula da Silva como presidente por los próximos cuatro años, Amorim fue una de las jóvenes que acompañó la campaña para revertir la derrota que el PT obtuvo en la primera vuelta. Llevará las banderas de la reforma agraria y la soberanía alimentaria al Poder Legislativo. Allí el agronegocio presiona, de la mano de la bancada ruralista, para obtener beneficios y seguir extendiendo la frontera agropecuaria, causando deforestación y contaminación.

En contraste, el MST lleva cuatro décadas de lucha por la tierra para la producción de alimentos sanos. “Alimentamos al pueblo porque con comida en la panza podemos tener mentes pensantes y con mentes pensantes podemos organizarnos”, sostuvo en entrevista con Tierra Viva, haciendo honor a la histórica banda nordestina Nação Zumbi liderada por Chico Science.

Rosa Amorim: "Nuestra lucha es contra el imperialismo, contra el capitalismo y contra el agronegocio"
Foto: Prensa PT

Las cocinas solidarias, que define como “una tecnología social para organizar al pueblo”, se convirtieron en política pública en 2023, durante el gobierno de Da Silva. Su objetivo es vincular el campo con la ciudad, llevando alimentos sanos a espacios comunitarios de los barrios populares. En esos ámbitos se brinda un plato de comida pero también escucha, alfabetización, contención y cuidados. Para la diputada, comer es el primer paso para cuestionar por qué existe el hambre y la pobreza.

—¿En qué situación está hoy la soberanía alimentaria en Brasil?
—Hablar del hambre no es solamente hablar de si el pueblo come por la mañana, por la tarde y por la noche. Es más profundo. Combatir el hambre también significa hablar de la calidad de lo que se come. Y para eso vamos a tener que librar una lucha muy grande. Ya la estamos librando, pero va a ser todavía mayor: la lucha contra el agronegocio, contra el modelo de producción vigente que hace que las personas se enfermen por lo que consumen todos los días. Queremos que Brasil deje de ser uno de los países que más venenos y agrotóxicos consume. Y esto tiene una relación directa con la lucha parlamentaria. Vamos a tener que librar una enorme disputa contra el agronegocio en el Congreso para reducir la cantidad de agrotóxicos que se autorizan en Brasil. También vamos a tener que poner en la agenda la ampliación de las tierras cultivables destinadas a la agricultura familiar y campesina. Llego al Congreso Nacional para conformar y construir la bancada de la tierra, de la agricultura familiar y de la agricultura campesina. Queremos debatir cómo combatir el hambre y qué estamos consumiendo en Brasil. Tenemos que debatir la seguridad alimentaria y un nuevo modelo de producción que incluya la agroecología, una alimentación sin venenos y la defensa de la agricultura familiar. Así podremos tener un proyecto de vida y no de muerte en nuestro país.

— En 2022, el MST decidió entrar en la política institucional y electoral con candidaturas propias. Según su experiencia, ¿qué desafíos supone el paso del movimiento social a espacios institucionales, teniendo en cuenta las cuestiones que mencionó?
—Brasil vive hoy un momento muy interesante desde el punto de vista de la izquierda y de la necesidad de renovar la política. La renovación política no tiene que ver solamente con la edad, sino también con quiénes son las personas en las que hoy la sociedad deposita su confianza para que lleven esa representación y esa lucha en Parlamento brasileño, con mayor preparación. Durante mucho tiempo tuvimos cuadros burocráticos elegidos por la fuerza de una estructura y no tanto por una fuerza ideológica dentro de esos espacios. Por ejemplo, yo soy del PT, que tenía el bloque legislativo más envejecido y más burocratizado. Si tenemos que enfrentar a una extrema derecha que renovó sus cuadros y quiere presentarse como una novedad en el país, nosotros también necesitamos renovar los nuestros y elevar la calidad del debate para salir a enfrentarla.

Rosa Amorim: "Nuestra lucha es contra el imperialismo, contra el capitalismo y contra el agronegocio"
Foto: Marcelo Cruz - MST

—¿Qué significa ser la primera mujer del MST en llegar al Congreso?
—Para mí es importante llegar al Congreso Nacional porque no me represento solamente a mí misma, sino que represento esa renovación. Una renovación joven, pero que no parte del proyecto de un individuo, sino de un proyecto colectivo. Mi llegada al Congreso Nacional nos da la posibilidad de hablar sobre el futuro del país que queremos construir: un futuro joven, de mujeres, de personas LGBT, de personas negras. Pero, sobre todo, un futuro respaldado por una lucha política colectiva, que tiene como banderas la reforma agraria y el Movimiento Sin Tierra. Por eso vamos a radicalizar nuestra actuación en el Congreso Nacional. Cargamos con ese desafío colectivo de enfrentar a una mayoría parlamentaria de extrema derecha. Una mayoría que impulsa proyectos individuales, respaldados por el propio sistema. Nosotros llegamos con una lucha combativa, antisistémica. Sobre todo, con la lucha por construir un proyecto popular de nación.

—¿Qué cuestiones aún le faltan a Brasil para construir una reforma agraria integral, popular y feminista?
—Llevar adelante una reforma agraria en Brasil depende de una decisión política y de la fuerza que tengan los movimientos y las organizaciones para ponerla en el centro de la lucha social y popular. Pero no depende solamente del tamaño de nuestra movilización. La posibilidad de que avance la reforma agraria implica una conjunción de factores. Por un lado, está la lucha social, que es la que lleva adelante el MST: organizar al pueblo, identificar los latifundios improductivos, ampliar las ocupaciones, la presión para conquistar la tierra y la presión al Estado para que haga la reforma agraria. Pero ese avance se produce a partir de la combinación de la lucha social con la lucha institucional. Sin un presidente que consiga destrabar la reforma agraria y colocarla como prioridad, no podemos avanzar.

—¿Y cómo se dio esa lucha institucional durante el gobierno de Lula?
—El presidente Lula, aunque avance muy lentamente en materia de reforma agraria, todavía la incluye en su proyecto político. Hay otra dimensión de la lucha en la que tenemos que avanzar para garantizar la reforma agraria: la lucha ideológica. Tenemos que lograr que la sociedad comprenda por qué es importante que haya reforma agraria en Brasil. Hoy, gran parte de la sociedad ve a los movimientos del campo como criminales, como invasores de tierras. Tenemos que romper esa hegemonía de pensamiento y librar una disputa en la sociedad sobre la urgencia y la necesidad de la reforma agraria. Nosotros lo hacemos, pero la extrema derecha domina los medios de comunicación. Solo vamos a conseguir que avance la reforma agraria si combinamos la lucha social, la lucha ideológica y la lucha institucional, que es la lucha política en el país. Y cuando hablamos de lucha institucional, no hablamos solamente del Poder Ejecutivo, sino también del Poder Legislativo. El Congreso Nacional, que define el presupuesto y las leyes, está integrado en más de un 80 por ciento por representantes directos del agronegocio. Si no damos vuelta esta situación, no tendremos perspectivas de avanzar en la lucha por la reforma agraria a mediano y largo plazo.

Rosa Amorim: "Nuestra lucha es contra el imperialismo, contra el capitalismo y contra el agronegocio"
Foto: Mídia NINJA

—¿Qué mensaje le daría a otros movimientos campesinos de América Latina, teniendo en cuenta la persecución y la violencia que sufren quienes defienden sus territorios y luchan por la tierra y por la reforma agraria?
—El mensaje más importante que Brasil le deja al mundo y a América Latina, y que América Latina le deja a Brasil, hermanados, es el fortalecimiento de la lucha. Vamos a aumentar la movilización y la lucha. El campo, que estuvo muy relegado en los procesos de lucha, vuelve a colocarse en el centro de todo. Porque nuestra lucha es contra el imperialismo, contra el capitalismo y contra el agronegocio. Es una lucha por un nuevo modo de vivir, por vivir bien, por vivir con dignidad. Vamos a enfrentar una de las mayores crisis de la humanidad: la crisis ambiental y de la vida. Hablar del medioambiente es hablar de la vida. Los movimientos del campo y los movimientos sociales que luchamos todos los días para producir alimentos y preservar nuestra tierra, nuestras aguas, nuestras tierras raras, nuestros suelos y nuestras comunidades tradicionales, indígenas y quilombolas, somos hoy los guardianes de la lucha por la vida. Ese es el mensaje. No vamos a desanimarnos ni a tener miedo. Vamos a darnos ánimo.

—¿Se abre una nueva etapa tras el resultado de las elecciones en Brasil?
—A partir de este próximo período, vamos a impulsar las luchas más importantes e imprescindibles para garantizar la supervivencia de la humanidad. Tenemos que ocuparlo todo: el terreno de la lucha ideológica, las redes sociales y la institucionalidad. Creo que el Movimiento Sin Tierra hizo algo muy importante: no limitarse a la lucha social, sino también ocupar el Parlamento y los espacios de poder y de decisión política de este país. Ojalá podamos tomar eso como ejemplo y ocupar esos espacios en todo el mundo, también en toda América Latina. Las elecciones de Brasil no son importantes solamente para Brasil y para la defensa de nuestra democracia. Pueden ser un respaldo para toda América Latina, un freno al crecimiento del fascismo en nuestra región.

Cosechar y seguir sembrando para la transformación de Brasil

La elección de Amorim y la agenda que plantea para el Congreso es la cosecha de 40 años de organización del MST en términos de disputa por la tierra y en favor de la soberanía alimentaria. Pero es parte de una semilla que puede fortalecer la participación política del campesinas y campesinos en la toma de decisiones en el país vecino.

—¿Cómo analiza el escenario de polarización de la sociedad que se reflejó en el Congreso eligiendo, como mencionó usted, con una gran bancada de la extrema derecha representada por el Partido Liberal, pero al mismo tiempo la eligió a usted y a otros liderazgos jóvenes de diversas procedencias organizativas como Ana Elisa (Mina Gerais), Gui Cortéz (San Pablo) y Joanes Manoel (Pernambuco)?
—La respuesta de las urnas en las elecciones legislativas es que hoy la izquierda brasileña necesita renovarse, y la respuesta fue la renovación. Estamos llegando a un Congreso Nacional más renovado y más joven. La izquierda eligió la bancada más joven de toda su historia, lo que demuestra que esta elección tiene que ver con la construcción del país que queremos. Y hablar del futuro también significa hablar con la juventud. Estamos muy entusiasmados, aunque también preocupados, porque vamos a enfrentar a una mayoría parlamentaria más inclinada a la extrema derecha, más conservadora, más racista, más elitista. Pero tenemos una respuesta para eso: una bancada más preparada, más renovada, más decidida y respaldada por luchas colectivas. Las cosas tampoco van a ser fáciles para la extrema derecha, porque está llegando al Congreso Nacional una juventud con mucha energía y muchas ganas de confrontar y luchar. La extrema derecha sigue siendo fuerte y necesita ser derrotada. Y solo será derrotada mediante la lucha y la movilización popular, dentro y fuera del Parlamento.

—¿Cómo considera que fue el vínculo entre el MST y el último gobierno de Lula da Silva?
—El gobierno de Lula es importante y necesario para que podamos luchar, ser escuchados y conseguir victorias en ese proceso. Necesitamos defenderlo cuando la lucha es contra la extrema derecha, contra Estados Unidos y en defensa de la democracia, pero nuestra autonomía nos permite criticarlo, golpear su puerta y organizar movilizaciones. Queremos a este gobierno, pero no para respaldarlo sin cuestionamientos. Al contrario, queremos poder presionarlo cuando sea necesario y que la presión del MST pueda desembocar en una mesa de negociación para avanzar en la lucha que venimos construyendo. Sin democracia y sin un gobierno democrático, los movimientos sociales quedan silenciados. Durante este último gobierno de Lula, luchamos mucho y, aunque fue muy importante porque tuvimos nuevos asentamientos, se liberaron créditos para la agricultura y regresaron ministerios muy importantes, conseguimos pocos avances en relación con lo que la reforma agraria necesita en el país. Todo eso sigue estando muy por debajo de lo que necesitamos para mejorar la vida de quienes viven en el campo y avanzar en la reforma agraria. Nuestra lucha no se detiene cuando elegimos a un gobierno, sino que continúa.

Rosa Amorim: "Nuestra lucha es contra el imperialismo, contra el capitalismo y contra el agronegocio"
Foto: Mídia NINJA

—¿Cómo hay que seguir concientizando a los sectores populares?
—Solidaridad es organización popular. El MST, tanto en el estado de Pernambuco como en todo Brasil, está haciendo precisamente eso: salir del campo para ocupar también la ciudad. Estamos en las periferias con cocinas solidarias, con organización de base, con organización popular, con un trabajo de hormiga. Esta disputa es muy importante y tenemos que seguir librándola. Hay que ser creativos en las formas de organizar al pueblo. Si no organizamos a nuestro pueblo (lo que en la segunda vuelta llamamos “nuestro ejército”), no solamente en las redes sino en la vida real, no vamos a cambiar las cosas. La extrema derecha y el fascismo tienen sus propias formas de organización. En muchos lugares lo hacen a través de las iglesias evangélicas y, en otros, mediante el narcotráfico organizado. Nosotros también necesitamos construir nuestro ejército, nuestra movilización popular en el territorio.

—¿Desde dónde debe construirse mayor nivel de organización popular?
—Es en las periferias y en los lugares más alejados donde tenemos que organizar nuestras tropas. Lo estamos haciendo en Recife. Fui la candidata más votada de mi partido y esos votos no surgieron de la nada, sino de la organización popular en las periferias y en el campo. No podemos abandonar la perspectiva de la organización política. Soy una joven que podría estar deslumbrada solamente por la lucha en las redes sociales, pero no. Sé lo importante que es organizar realmente a las personas allí donde viven, donde habitan, estudian y trabajan. Tenemos que poner eso en el centro de nuestra actuación y transformar nuestra práctica política en un movimiento colectivo de organización política del pueblo en todos los lugares.

—¿Cómo describiría la situación actual del MST en términos de organización y desafíos políticos?
—El MST, al llegar a sus más de 40 años, se consolida como uno de los mayores movimientos que tenemos en América Latina, con expresión en todo el mundo en defensa de la lucha por la reforma agraria, de la lucha por la tierra. Pero a lo largo de estos más de 40 años, esa lucha ha ido mucho más allá de la propia reforma agraria. Hablar de la lucha por la reforma agraria en Brasil, hablar del Movimiento Sin Tierra, es hablar de un nuevo proyecto crítico para Brasil, de un proyecto de dignidad de vida para su pueblo. Hablar de reforma agraria es hablar de producción de alimentos saludables, de aquello que nos garantiza la vida. Por lo tanto, a lo largo de estos 40 años, el MST se adapta, se actualiza, se renueva y sigue siendo más necesario que nunca para impulsar un proyecto de transformación popular para su pueblo. En Brasil no se puede combatir las desigualdades sociales ni construir un país más justo y soberano sin poner la agenda de la reforma agraria en el centro. El MST ha atravesado muchos momentos políticos del país y hoy está más vivo que nunca.

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