Divide y vencerás - Julio César
OPINIÓN
Por Diego García Ríos
Balcanización: dícese del proceso por el cual un territorio que antes estaba relativamente integrado se fragmenta en varios Estados, regiones o entidades políticas más pequeñas, generalmente debido a conflictos políticos, étnicos, religiosos, económicos o territoriales. El término proviene de la región de los Balcanes, especialmente de la fragmentación del antiguo Imperio Otomano y, más tarde, de la disolución de Yugoslavia.
Y ese proceso de fragmentación territorial es el que está viviendo Argentina hoy, a instancias de la política del garrote que les impone este gobierno nacional a las provincias. Asistimos a tiempos en que los gobernadores se manejan con el “sálvese quien pueda”, donde las gestiones se pelean por huesos que casi no tienen carne para pellizcar. El ahogo presupuestario a las provincias es tal y el maniqueísmo entre los actores es tan fuerte, que se termina apelando a un discurso de falso federalismo que no hace más que traicionar los principios con que tantas voces del siglo XIX enarbolaron esas banderas.
Un par de culos va a patear, de los que le juran más lealtad - Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
Primer escenario: no hay plata
Desde que el gobierno de Javier Milei asume la presidencia, se manejó con el mismo discurso de insuficiencia presupuestaria (en pos del pago de la deuda externa y del mentado “equilibrio fiscal”), incumpliendo todo tipo de marco legal: desde la Constitución Nacional (1994) hasta la Coparticipación Federal (Ley 23.548, sancionada en 1988). No es el primer gobierno que maneja la caja a discreción según la simpatía política (o, mejor dicho, la genuflexión) de cada gobernador/a, pero lo que sí es una novedad es que no solo no remite fondos básicos, sino que espeta todo tipo de insultos a quienes le dan gobernabilidad (por ejemplo, mediante la firma del llamado “Pacto de Mayo”) o le ofrecen votos en el Congreso mediante los diputados y senadores, que se manejan como cortesanos de los propios gobernadores.

Tengo los dedos ateridos de tanto esperar a ese auto que me lleve por las Rutas argentinas - Almendra
Segundo escenario: la no inversión en obra pública
Hoy los dedos estarían ateridos, pero ya no de esperar, sino de transitar por las rutas argentinas. El estado paupérrimo y calamitoso del sistema de interconexión nacional es tan grande que eso no solo atenta contra el desarrollo productivo de un país, sino que se convierte en un asesino silencioso de víctimas que se cobra la desinversión vial.
Si bien la situación es preocupante desde hace muchas décadas, el actual es el primer gobierno que, de manera explícita y deliberada, decide no invertir un solo peso en reparar o mantener rutas, y mucho menos, construir nuevas para comunicar la gran extensión argentina.
Bajo el argumento de que es un asunto que deberían tomar agentes privados para invertir, la realidad es que muchas rutas nacionales y provinciales poseen cráteres lunares, tienen escasa o nula señalización y la experiencia de transitar caminos se parece más a una aventura arriesgada que a una experiencia placentera.
Vale decir que esta situación comenzó a abrirse gracias al menemismo de los noventa (enaltecido por la administración actual), que tomó la decisión política de “camionizar” las rutas en detrimento del transporte ferroviario; situación que los gobiernos posteriores tampoco se esmeraron demasiado en revertir. Entonces, cada gobierno provincial suplica las migajas que le permitan, de manera escueta, sostener las condiciones mínimas de transitabilidad. Todo esto, por supuesto, sin criterio de desarrollo territorial nacional ni provincial alguno.

Vas corriendo con tus Nikes y las balas van detrás(lo que duele no es la goma, sino su velocidad)
Indio Solari y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado
Tercer escenario: RIGI y reforma laboral
El Gobierno aseguró que viene a cambiar las cosas de raíz, estructuralmente. Es por eso que apela al siniestro Ministerio de Desregulación para quitar lo que ellos llaman la “hojarasca estatizante” que atenta contra la libertad (de empresa), que no son más que marcos normativos y regulatorios con los que cuenta la población para que el abuso de este sistema desigual no sea tan notorio.
Y dos de los alfiles que necesitaron sancionar, también con el beneplácito y connivencia de los Estados balcanizados provinciales, son: el Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (recargado por el “Súper RIGI”, destinado a los amigos tecno-magnate-fascistas para que coloquen sus granjas de procesamiento de datos en ambientes fríos), que no es más que una alfombra roja para que las empresas multinacionales recalen con facilidad en el país; y la reforma laboral, que crea las condiciones materiales en el mercado de trabajo para disciplinar —aún más— la mano de obra. Entonces comienza a darse una nueva disputa entre gobernadores (e incluso distritos) para ver quién es más flexible y ofrece mejores beneficios a estos actores internacionales, con la esperanza de conseguir algunos puestos de trabajo, dado que este esquema de inversiones casi que no deja regalías ni atisbos de desarrollo regional.
Para el que mira sin ver, la tierra es tierra nomás
Atahualpa Yupanqui
Cuarto escenario: glaciares
Un nuevo capítulo de la balcanización del país se dio con el debate de la reforma a la Ley Nacional de Glaciares, que acrecienta las superficies de explotación minera sobre los cuerpos de agua congelada y flexibiliza las conductas de los actores que se ven beneficiados por el RIGI y Súper RIGI.
Con una sorprendente ignorancia sobre el tema y atados a un discurso de falso federalismo, los cortesanos del Congreso Nacional decidieron modificar una Ley que estipulaba algunos obstáculos para la explotación desbocada de recursos en detrimento del agua dulce. El argumento fue que los glaciares les pertenecen a las provincias desde la Reforma Constitucional de 1994, sin querer atender el carácter integral de una cuenca, sin entender que el derretimiento de un glaciar alimenta a poblaciones y cultivos en otras jurisdicciones y haciendo —una vez más— el juego ombliguista del sálvese quien pueda.
Satisfechas con esta aprobación, las provincias cordilleranas no tendrán que rendirle cuentas a nadie y podrán “negociar” con las empresas mineras más grandes del mundo las condiciones de explotación, con un RIGI y una ley laboral que suponen una barrera permanentemente levantada para los intereses de estos actores.

Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas
Atahualpa Yupanqui
Quinto escenario: Ley de tierras, manejo del fuego y zonas frías o cálidas
Renovados capítulos de balcanización pudimos ver con la bochornosa sesión de la mal llamada “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada”. Allí, las manos levantadas casi que respondieron de manera directa a aquellos poderes territoriales que se encuentran vinculados con la venta de tierras (fértiles o paisajísticas) a extranjeros, sin importar que los bienes comunes exceden los límites administrativos. También se iba a quitar el impedimento de venta de una tierra incendiada intencionalmente con fines inmobiliarios. Afortunadamente, la movilización popular logró frenar este avance gubernamental, el cual no quita que vuelva recargado más adelante.
Finalmente, todo este año asistimos a un precámbrico debate sobre el derecho federal que tienen algunos espacios del país para obtener subsidios a la energía por ser zonas frías o cálidas. Como el mediomundo del ajuste abarca a todo el territorio nacional, casi sin distinción ideológica, entonces los gobernadores se lanzan, nuevamente, a negociar presupuestos individualmente, sin importar lo que les sucede a otras provincias hermanas.
Muchos calzan gorro frigio solamente por ser calvos - Hermética
La fragmentación territorial interna que experimenta el país en la administración Milei se encuentra en las antípodas de la idea de federalismo que nuestra Constitución Nacional consagra.
Lejos de la autonomía en la toma de decisiones por parte de provincias y municipios, lo que observamos es una concentración de poder unitario que distribuye dádivas a cambio de favores políticos en el Congreso Nacional. Y esto, lejos de suponer soberanía, no hace más que generar mayor dependencia y vulnerabilidad de los territorios que se encuentran cada vez más a merced de decisiones centralizadas. El gorro frigio (símbolo de la libertad, la república y la emancipación frente a la opresión) con el que muchos gobernadores, diputados y senadores enarbolan sus discursos, no es más que una pantomima que intenta mostrarse como “federalismo opositor” servil ante esta política de barbarie.
