Por Anabel Pomar
Cobertura colaborativa entre Revista Cítrica, Agencia Tierra Viva y El Ciudadano
En una audiencia cargada de expectativa, y en un fallo favorable para el agronegocio, en el día de hoy, miércoles 25 de junio, los jueces del Tribunal Federal 2 de Rosario, integrado por Elena Dilario, Román Lanzón y Eduardo Rodrigues Da Cruz, absolvieron a los siete productores —por entender que los hechos señalados a cada uno de ellos, contaminación con agrotóxicos, no fueron debidamente acreditados—, y condenar solamente a dos funcionarios municipales, Guillermo Naranjo y Mario Daniel Tocalini, a cargo de fiscalizar las pulverizaciones con agroquímicos. Sabrina Ortiz, víctima y denunciante, fue clara: “Esto es solo una instancia. No vamos a parar hasta que dejen de fumigarnos. No hay que quebrarse ante tanta impunidad”.
Los jueces, con ese fallo, cuyos fundamentos serán leídos el 10 de agosto, y que puede ser apelado, le dieron la razón a siete de los nueve imputados. Todos los acusados relacionados directamente con la actividad agro-venenosa, Fernando Esteban Cortese, Mario Roces, Víctor Hugo Tiribó, José Luis Grattone, los hermanos Carlos y Hugo Sabbatini, y el peón Cristian Taboada, fueron absueltos.
Sabrina Ortiz aseguró tras conocerse la sentencia: “Las pruebas científicas son contundentes, nuestros cuerpos tienen veneno. El que me envenenó fue Mario Roces que vive enfrente de mi casa y está probado. Esta es solamente una instancia y sabemos que podemos doblar este veredicto. Vamos a seguir para que eso se logre, para que dejen de enfermarnos para siempre”.

El tribunal, que se despegó de su responsabilidad en tutelar derechos consagrados por la Constitución Nacional y de ejercer su tarea de control de otros poderes del Estado, basó sus absoluciones en argumentos que incluyeron, a modo de justificación, que si bien los daños a la salud y al ambiente existieron, no es el ámbito penal adecuado para dirimir, entre otros señalamientos, “si los metros de exclusión son insuficientes para cuidar la salud, o si las sustancias que se aplican son malas o no deberían autorizarse”, sino que eso debe ser atendido por los legisladores o los políticos responsables en otros ámbitos y lugares. “Un juez penal no está acá como un superhéroe para darle respuestas a lo que pide la sociedad sino para aplicar la ley”, se lo escuchó decir a Lanzón en una de las frases más descarnadas para las víctimas que lloran a sus familiares muertos y que hace década piden justicia.
Sobre las protecciones, medidas cautelares dictadas para alejar los venenos de las personas, el fallo estableció que queden vigentes hasta tanto el veredicto quede firme, pero se negaron a extender esas protecciones a más pueblos o escuelas rurales del municipio de Pergamino o a convertirlas en definitivas, como había solicitado la acusación. Otra vez, los jueces tiraron la pelota a otros lados: “Es el fuero civil y el municipio y las autoridades provinciales quienes deben hacer eso”.
“Entendemos que varios de los acusados no se comportaron bien con sus vecinos, pero somos jueces penales, aplicamos la ley, no la moral”, dijo el juez y, según su mirada, ni el Ministerio Público Fiscal (MPF) ni la querella pudieron acreditar con suficiente evidencia las pruebas de los hechos denunciados. “El derecho penal no habrá de solucionar lo que necesita la protección del ambiente. No tomamos decisiones políticas para eso están nuestros representantes políticos”, se excusaron los jueces.
Además de condenar en el acto a los funcionarios, a dos años de prisión de ejecución condicional, cuatro años de inhabilitación para ejercer cargos públicos, y realizar dos horas de tareas ad-honorem semanales “de reparación” en áreas de salud o de protección del medio ambiente, y cobrarles una tasa de 4700 pesos, el juez Lanzón anunció que solicitó al MPF y al Juzgado de San Nicolás que investigue el accionar del intendente de Pergamino, Javier Martínez, y la de otros funcionarios involucrados en el cuidado de la salud y el ambiente, por entender que no fue eso ni atendido, ni garantizado, de modo adecuado, poniendo en riesgo la salud de la población, durante el lustro de las actuaciones de Tocalini y Naranjo, y que esos funcionarios son el eslabón más bajo de la cadena de responsables de fiscalizar.

“Ha quedado probado que existieron innumerables alertas que no fueron atendidas por esos funcionarios”, aseguró el juez y afirmó también que ha quedado acreditado que no existió ni prevención y control, que no fueron suficientes las acciones, que los funcionarios se quedaron a mitad de camino, justificándose por no hacerlo. “Tenían idoneidad y, sin embargo, no actuaron del modo que se requería” sosteniendo eso como una práctica habitual y constatada de eludir el control especifico y adecuado. Esas acciones, siempre según lo comunicado por el tribunal, contribuyeron para que no existan pruebas que podrían haber contribuido a saber con certeza si los hechos por los que llegaron a juicio Roces y Cortese fueron cometidos, “lo que no pudo acreditarse aquí” y motivó la absolución.
Ayer, en la audiencia del 24 de junio, los acusados tuvieron espacio para decir unas últimas palabras. Todos, menos Mario Roces, optaron por hacer uso de ese derecho. Las palabras elegidas, casi las mismas, para señalar la inocencia, la honestidad y el mal trago de pasar por este juicio, hostigados por la prensa, o atrapados en una guerra de ambientalistas contra el agronegocio. Algunos agradecimientos al tribunal y un “estamos en sus manos”, generalizado. Ninguna palabra para las víctimas porque ellos, los acusados, eligieron ponerse en ese lugar. Lo que perdieron, socialmente o económicamente, el destrato a ellos o a sus familiares por el hecho de estar acusados o involucrados en ese litigio.
El veredicto tampoco otorgó lo que las verdaderas víctimas merecían, justicia. Los acusados dejaron todo en manos de ese tribunal, que ha dejado en claro hoy, no los defraudó.
Desde la fiscalía de Federico Reynares Solari, de la Oficina de Litigio Oral Estratégico del Área de Investigación y Litigio de Casos Complejos de la Unidad Fiscal Rosario, a cargo de la acusación, le confirmaron a Agencia Tierra Viva que apelarán e irán a Casación. La causa (Cortese Fernando Esteban y otros s/envenenamiento), inició en 2018 y no termina hoy con este veredicto.
“Desde el punto de vista técnico no encontramos explicaciones a esta sentencia”, afirmó el abogado de la querella, Carlos González Quintana, que aseguró no está todo terminado. Rodeada de familiares, amigos y referentes de la lucha por la defensa de la tierra, Sabrina Ortiz, con su pequeño hijo en brazos, así lo confirma, a pesar del trago amargo y el golpe que significa ese fallo del tribunal que tanto deja en deuda: confirmó que apelarán y seguirá la lucha hasta que dejen de fumigar con agrotóxicos.
Edición: Darío Aranda.
