De la Ley de Etiquetado a la Ley de Envases, las mismas estrategias de lobby
diciembre 28, 2021
Desinformación, destiempo y descrédito son tres conceptos que sintetizan la estrategia desplegada por las cámaras empresarias, y por los legisladores que las respaldan, para oponerse al proyecto con el que organizaciones cartoneras y cooperativas buscan generar empleo digno y resolver la gestión de los residuos plásticos que genera la industria. Análisis del despliegue corporativo que ya intentó frenar la Ley de Etiquetado.
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Foto: Télam

OPINIÓN

Por Consciente Colectivo (*) 

La transparencia en los procesos del Poder Legislativo es uno de los pilares sobre los que basamos el funcionamiento de nuestro marco normativo y está intrínsecamente vinculado a las garantías respecto a la participación ciudadana. Sentadas estas bases, es de común conocimiento que existe el lobby en estos procesos. Generalmente, la palabra lobby tiene mala fama porque se la asocia a conductas corruptas, información oculta, falta de transparencia, entre otras prácticas. Todas en base a sucesos repudiables que han acontecido y que han sido puestos a la luz. Sin embargo, la definición de lobby, estrictamente, se refiere a la capacidad de incidir en las y los tomadores de decisiones, o sea los diputados y senadores, respecto a una problemática puntual, por parte de un grupo que busca que sus intereses sean tomados en cuenta. 

Las organizaciones sociales y civiles que trabajamos en incidencia política también ejercemos de manera legítima nuestra capacidad de influencia: aportando información necesaria para el debate, investigando, movilizando a la opinión pública con datos de calidad y contrastables, amplificando los reclamos de las comunidades, movilizándonos, en un marco de transparencia y legalidad. En la promoción de nuevas regulaciones en materia socioambiental, es clave identificar cuáles son los diversos actores involucrados, entender de qué manera esto afecta los intereses de cada uno y qué rol deciden asumir en el debate: habrá aliadas y aliados, indiferentes y opositores. 

Las tres “D” del lobby contra la Ley de Envases

El juego político en materia de lobby puede representar grandes desafíos, por eso es importante seguir de cerca estos procesos para garantizar la transparencia en todas las instancias y saber que contamos con herramientas estatales que nos permiten acceder a información pública. Pero tampoco podemos trabajar con total ingenuidad y, es importante aclarar, si aquellos grupos que concentran mucho poder en nuestro país deciden posicionarse como opositores, los mismos pueden usar su ventaja en la correlación de fuerzas para inclinar la balanza a su favor y promover sus intereses por encima de los colectivos. 

En la historia reciente de la Argentina contamos con dos ejemplos claros de procesos de formulación de nuevas leyes en materia socioambiental que son factibles de ser analizados desde la óptica del lobby por parte de grupos opositores. Hablamos de la experiencia de la aprobación de la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, también conocida como Ley de Etiquetado Frontal, y el proceso referido al proyecto de ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental para la Gestión Integral de Envases y Reciclado Inclusivo, conocida como Ley de Envases. 

¡Ahora sí, manos a la obra, llegó el momento de desgranar las estrategias opositoras! Pero antes, una importante aclaración: para la (no) sorpresa de nuestras y nuestros lectores, en ambos casos contamos con un lobby empresario opositor muy activo principalmente vinculado a la industria de los alimentos y bebidas y, claro está, empresas que ingresan al mercado productos envasados. A su vez, no queremos dejar de mencionar a aquellas y aquellos legisladores que deciden adoptar las banderas corporativas al momento de posicionarse en estos debates. Lo bueno es que las estrategias, en muchos casos, son compartidas, lo que facilita el análisis. Con ustedes, el análisis de las tres “d” del lobby.

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Foto: Nicolas Pousthomis / Subcoop

Desinformación

La formulación de argumentos falsos, fake news o cómo queramos llamarlos son una de las principales estrategias que replican los grupos opositores. El nivel de originalidad que maneja la prosa de la desinformación va desde la inexistencia de fuentes —ya sean de gobiernos nacionales, organismos internacionales o cualquier otra—, pasando por la libre interpretación de cualquier artículo de las normas en debate, hasta llegar a la creación de sus propias métricas y estudios de casos

Para este punto tenemos varios ejemplos, pero el que por estos días de lobby contra la Ley de Envases surge como un claro ejemplo es el argumento empresario que sostiene que la “Tasa Ambiental de Responsabilidad Extendida al Productor (Tarep)” es “un impuesto encubierto”

La tasa propuesta en el proyecto de ley —impulsado por Confederación Argentina de Trabajadores Cooperativos Asociados (Conarcoop) y la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros  y Recicladores (FACCyR) junto a organizaciones de la sociedad civil— no es un impuesto sino un valor que se cobra como contraprestación al servicio de gestión de los envases. Es decir, aquellas empresas que utilicen materiales 100 por ciento reciclables en sus envases pagarán un costo menor por su gestión, en comparación a aquellas que no. 

¿Qué cámaras empresarias sostienen estos argumentos? Desde el sector comercial y de alimentos, algunas son la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (AmCham), la Cámara Argentina de la Industria de las Bebidas sin Alcohol (CADIBSA) y la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL). Mientras que desde el sector de los laboratorios y artículos de hogar están, entre otras, la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (CILFA), Cámara Argentina de la Industria de Cosmética y Perfumería (CAPA).

Las empresas podrán elegir Sistemas de Depósito, Devolución, Retorno y Reutilización, como los ya existentes para algunas gaseosas o cervezas, en cuyo caso no pagarán la tasa, dado que se están haciendo cargo de la gestión del envase post consumo. 

Una última aclaración, y acá es cuando el argumento del lobby corporativo se choca contra sí mismo: abonar la tasa ambiental bajo el principio de Responsabilidad Extendida del Productor no implica cargarla en el precio final del producto. En definitiva, bajo este argumento lo único que dejan en evidencia es su falta de responsabilidad respecto a los envases que ponen en el mercado.

Por último, no nos olvidemos, que los costos de los sistemas deficientes de gestión de envases los pagamos como sociedad en su conjunto, sumado a los costos de los pasivos ambientales, daños irreparables en nuestros ecosistemas y con la salud de las y los recuperadoras y recuperadores urbanos

Destiempo 

La retórica del destiempo se basa, principalmente, en que los proyectos “llegan en un momento equivocado” y el lobby empresario propone dilatar el tratamiento de estas problemáticas. Al mismo tiempo, se le suman dos argumentos que son igual de funcionales: el primero refiere a que “no se trata de un tema prioritario”, porque “hay otras necesidades más urgentes”. El segundo es que “se necesita más tiempo”, “más debate”, “más investigación”. Otra vez, el pedido de quienes se oponen a la normativa es mantener las cosas como están. 

El destiempo como argumento opositor carga su propia ironía, porque nunca pasa de moda. Hace 16 años que en el Congreso de la Nación se debaten proyectos para hacer efectivo el Principio de Responsabilidad Extendida del Productor, ¿cuánto tiempo más se necesita? 

La falta de rendición de cuentas contribuye a la situación actual de la producción insostenible de plásticos. La industria argentina importa materia prima reciclada que podría obtenerse en nuestro país a partir de la implementación de una ley semejante, sumado al hecho de que cada día aumenta más la contaminación por plástico en un contexto de crisis climática y ecológica. Lo que no tenemos, justamente, es tiempo. 

Descrédito

Desacreditar la experiencia y militancia de las organizaciones, especialistas, espacios de activismos y ciudadanía autoconvocada en su pluralidad y diversidad, acusándolos de “apoyar proyectos de ley improvisados”, lo que deja en evidencia la gran distancia que tiene el lobby empresario —y aquellos legisladores que son funcionales al mismo— de las necesidades reales de las comunidades afectadas por la ausencia de estos marcos normativos. 

Es realmente preocupante que un sector de corporaciones proponga modelos de autorregulación empresarial en la materia, cuando se ha demostrado en Argentina —miremos el incumplimiento de la Ley Nacional 27.279 sobre gestión de envases de fitosanitarios— y en el mundo que son un fracaso. 

El planteo sostiene que están “a favor de una buena ley de responsabilidad compartida” cuando en realidad, pasan completamente por alto uno de los puntos centrales (aunque no el único) de este proyecto vinculado a la reivindicación del trabajo de recicladoras y recicladores de todo el país, que con sus manos cumplen un servicio ambiental de valorización fundamental. No es adrede que en el título del proyecto se haga mención a la inclusión social, al reciclaje inclusivo, desde una perspectiva genuina, escrito por sus propios protagonistas. 

Sin dudas la última “d” es la más alarmante, dado que el camino hacia la construcción colectiva se basa en el diálogo plural y sin prejuicios. Desde los activismos mantuvimos el diálogo y la pluralidad como principios en el tratamiento de la Ley de Etiquetado Frontal y lo mantenemos para la Ley de Envases como principal eje rector, para dejar entrever cómo sí se pueden llevar adelante estrategias de lobby para el beneficio colectivo. Así como la Ley de Etiquetado Frontal se convirtió en símbolo de la defensa de los intereses colectivos, es necesario que la Ley de Envases también logre serlo y se convierta en ley. 

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Foto: Nicolas Pousthomis / Subcoop

(*) Consciente Colectivo, grupo de jóvenes de activismo y militancia socioambiental

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