Avanzan los cultivos de maíz y trigo: ¿El fin del reinado sojero?
agosto 18, 2021
Sección: Agronegocio
Las previsiones para la campaña 2021/22 señalan un descenso de la superficie cultivada de soja en relación al maíz y al trigo, que ganan terreno año a año. El dato no parece poner en jaque al modelo agroindustrial vigente sino un reacomodamiento al ritmo del mercado internacional de granos y la búsqueda de mayor rentabilidad.
Avance del cultivo de Trigo y de maíz sobre la soja
Foto: Subcoop

Por Mariángeles Guerrero

La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) informó esta semana que, para la campaña 2021/22, se espera en Argentina un descenso de 500 mil hectáreas en la superficie cultivada con soja. Se trata del séptimo año consecutivo en que la oleaginosa pierde terreno en la producción local: desde 2014, la soja perdió un 20 por ciento del área cultivada. La entidad rosarina afirmó que, si las estimaciones se cumplen, habría un retroceso de un tres por ciento en el área cultivada respecto del ciclo anterior. ¿Se trata del fin del modelo sojero?

Por su parte, el área de producción de trigo crecerá cerca de 100 mil hectáreas: pasará de 6,8 millones de hectáreas a 6,9 millones. El maíz —siempre según los pronósticos de la BCR— crecerá entre un cinco y seis por ciento para la próxima campaña. El informe de la BCR propone un dato histórico: «Antes los maizales no superaban los 75 o los 80 quintales por hectárea tras el trigo, pero en la última campaña los promedios han superado los 100». Entre las campañas 2018/2019 y 2019/2020 —según datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca—, las hectáreas de maíz pasaron de 9.039.594 a 9.504.473. En el mismo período, los campos de soja se redujeron de 17.010.277 a 16.908.238 hectáreas.

En un país donde el avance de la frontera agrícola está ligada a la producción de la soja, que sigue siendo el principal cultivo, estos números parecerían abrir una perspectiva de cambio de cultivos. Sin embargo, se advierte que tanto el trigo como el maíz responden al mismo esquema productivo que genera desmontes y desplazamientos de las comunidades locales. A modo de ejemplo: en nuestro país, de 62 eventos transgénicos aprobados, 34 corresponden al maíz.

El modelo sojero y el «aparente desencanto del mercado»

¿A qué se debe el retroceso de la soja? En su informe, la Bolsa de Comercio de Rosario argumenta «márgenes actuales menores que el maíz» y lo explica a partir de los rindes más bajos que tuvo la soja en las últimas dos campañas ante «un escenario de falta de agua y el mayor peso impositivo con el que carga la oleaginosa». En un contexto de crisis hídrica, la BCR apunta un cambio de paradigma: «La falta de agua ha dejado de ser un impedimento o un factor de peso para pasar hectáreas de maíz a soja» y asegura que la tendencia se ha modificado porque «hoy el maíz ofrece mayor seguridad de resultados ante un escenario adverso«.

En la relación entre la oferta y la demanda internacional, hay que tener en cuenta el mercado futuro de maíz y trigo de otros países. En el caso del maíz, la cosecha estimada en Estados Unidos bajó de 385,21 millones de toneladas a 374,68 millones.

«Todas estas cifras confirman que la relación entre la oferta y la demanda de maíz no se verá aliviada en la campaña 2021/2022, que, de momento, tiene todos los condimentos necesarios para garantizar precios firmes», explicó la consultora Granar. Por su parte, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) también redujo la expectativa de cosecha de Brasil, de 93 millones de toneladas a 87 millones, con una previsión de exportaciones que se acortó de 28 millones a 23 millones.

En cuanto al trigo, en Estados Unidos, el ajuste fue de 47,52 millones de toneladas a 46,18 millones, aunque la merma no se limitó al trigo de primavera; incluye la producción de trigos de invierno, que pasó de 38,21 millones a 36,93 millones. Rusia acortó el volumen de producción de trigo de 85 millones de toneladas a 72,5 millones. Canadá pasó de 31,5 millones de toneladas a 24 millones.

Entre los cálculos de precios y rindes actuales, Granar advierte que el «aparente desencanto del mercado» con la soja puede explicarse con una menor expectativa de compra de China, «con ajustes de 98 a 97 millones de toneladas para sus importaciones en la campaña actual y de 102 a 101 millones para la nueva».

No correr detrás de la zanahoria del mercado de granos

«Explicar las diferencias de hectáreas sembradas en un año y otro tiene que ver con efectos globales, con la oferta y la demanda que comanda Chicago«, sostiene el referente de la Federación de Cooperativas Federadas Isaías Ghío, consultado por Tierra Viva. «Hoy estamos acostumbrados a tener informes casi a diario, hora por hora, del stock mundial, de las perspectivas, de lo que hace China, de lo que dice Estados Unidos y de lo que pasa en Europa», refuerza el productor agropecuario de Córdoba sobre lo que marca las fluctuaciones de cultivos y áreas sembradas.

Además, Ghío, integrante de la Cooperativa Agrícola Ganadera Camilo Aldao, agrega que el maíz registró un cambio en los rindes durante la última década. «En otras décadas se sembraba en septiembre y a partir de octubre empezábamos a tener pérdida potencial del rendimiento. Hoy sembramos cultivo de invierno en mayo-junio y sembramos maíz en septiembre y hasta enero», destaca.

Pero vuelve sobre la tendencia de los cereales en el mercado internacional: «La revalorización de la demanda del trigo y del maíz, hoy lo hacen competitivo respecto a la soja». «En las últimas dos campañas el maíz tiene un precio internacional muy bueno, muy por encima de los precios históricos. Los rendimientos logrados en las últimas tres campañas hacen que sea un cultivo interesante, tanto para quien tiene campo propio como para quien es contratista«, sostiene Ghío.

Si se comparan los precios actuales del maíz con los de la década del ’90 —explica el productor cooperativo— se pasó de 70 pesos por tonelada a 190 dólares en la actualidad, mientras que el rendimiento se incrementó de siete toneladas por hectárea a diez o doce toneladas por hectárea. Esas cifras modificaron la ecuación de un cultivo que no permitía cubrir los costos a uno que deja buen rinde, retenciones incluidas.

En paralelo a aquellos bajos rendimientos, Ghío señala que «desde los años ochenta se intensificó la cantidad de hectáreas de soja porque era un cultivo rentable, fácil de hacer y muy investigado». Lo que se tradujo en nuestro país en la expansión de la frontera agrícola, desmontes mediante, para ampliar el área de siembra y encontrar nuevos territorios para la actividad ganadera, que fue relegada.

En ese sentido, el productor cooperativista destaca lo que significa recuperar áreas sembradas con maíz y trigo y un retroceso en la soja: «Desde el punto de vista agronómico está bien, porque no estamos haciendo monocultivos». Y resalta: «Nos parece importante lo que dice el INTA de tener rotaciones de cultivos«.

«Al país le interesa cuántas toneladas se pueden llegar a exportar y muchas veces no se tiene en cuenta cuánta gente queda fuera del sistema, quién lo hace y para quiénes lo hacemos«, reflexiona el productor cooperativo y pide revisar el debate respecto del modelo de producción que comparten la soja, el maíz y el trigo: «¿Por qué producimos corriendo detrás de la zanahoria del mercado de granos? Tal vez podemos diversificar la producción y es mejor para el productor, para la localidad, para la sociedad y da más trabajo».

En ese sentido, Ghío amplió: «Tenemos como país la obligación de producir 200 millones de toneladas de grano. Seguramente se van a producir, pero las van a producir unos pocos y vamos a estar comprando maquinaria importada. En definitiva laburamos para unos pocos y no para los nuestros». Al respecto, argumentó que el actual modelo tampoco prevé el uso de maquinaria nacional, lo cual «significaría puestos de trabajo». «Terminamos produciendo para alimentar chanchos chinos», sintetizó.

Para el referente de Fecofe, lo producido bajo el modelo industrial «puede dejar algunos dólares al país a través de impuestos pero en definitiva no genera trabajo, no hay un proceso de desarrollo». «Hay un crecimiento de determinados sectores pero no de la sociedad toda», completó.

Soja, maíz y trigo transgénicos, el mismo modelo

El informe «Oleaginización de la agricultura argentina» (elaborado por las y los docentes e investigadores Analía Conte, Mariana Etchepareborda, Mariela Marino y Fernando Vázquez Rovere) explica que «el agro argentino ha sufrido en los últimos 35 años una profunda transformación productiva a raíz de la introducción de nuevos rubros de producción y de una creciente integración agroindustrial, lo que derivó en una acelerada incorporación de cambios tecnológicos».

«A partir de 1970, los suelos de la región pampeana sufrieron una extraordinaria transformación de la actividad agrícola, caracterizada por el gran aumento de la producción, adopción de moderna tecnología, desarrollo de nuevas formas organizativas de la producción y un acelerado proceso de agriculturización que solamente en dicha región desplazó alrededor de cinco millones de hectáreas de uso ganadero a la agricultura«, puntualiza el informe.

«Si bien es sumamente notorio el avance de la soja, principalmente por la expansión del área sembrada, la producción de cereales también se incrementó aunque su área sembrada disminuyó, esto se debe al impacto de la tecnología implementada particularmente en maíz y trigo. La difusión de las técnicas de siembra directa posibilitaron el doble cultivo trigo-soja, lo que determinó que en muchas áreas el comportamiento del trigo estuviera sujeto al de la soja», consigna el informe.

El ingeniero agrónomo Fernando Frank, en diálogo con Tierra Viva, explica: «Soja, maíz y trigo son parte del mismo sistema de producción. Tienen una dinámica entre sí: cuando una aumenta y baja el otro, pero lo que es una constante es que crecen los monocultivos de producción de granos, en desmedro de bosque nativo y de pasturas del sistema ganadero«.

«Se ha hablado tanto del proceso de ‘sojización’ que se entiende que toda vuelta atrás del cultivo de soja es para festejar. En mi opinión no lo es: hay que evaluar el sistema como un todo«, matiza Frank. «Los monocultivos de granos y, especialmente, los monocultivos de granos transgénicos representan el mismo sistema de producción, los mismos productores y pooles de siembra, y las consecuencias son las mismas. Por ejemplo, la dependencia de agrotóxicos, el desplazamiento de otros cultivos y la degradación de suelos», describe.

Frank señala que el avance del trigo y del maíz se produce sobre los campos de soja, pero también sobre los bosques nativos. «Cuando empezó el modelo de siembra directa había un sistema de producción que se popularizó que era el doble cultivo: trigo-soja (denominada ‘soja de segunda’). Ahí queda claro que son los mismos campos que producen los mismos granos», agrega.

Soberanía alimentaria y cambio climático

En los últimos días, se difundió el informe del Grupo de Expertos en Cambio Climático de la ONU (IPCC). El mismo advierte el impacto sobre el ambiente de las emisiones de carbono. Según datos de La Vía Campesina, entre un 44 y un 57 por ciento de esas emisiones están ligadas al modelo agroindustrial, que produce soja y también maíz y trigo.

«El sistema industrial agropecuario es responsable de una parte importante de las emisiones y por eso hay que revertir esa situación, eso se puede hacer a partir de la producción agroecológica, campesina y ancestral«, asegura Frank.

El trigo y el maíz producidos de forma industrial, con agrotóxicos, monocultivos y transgénesis impacta en los territorios de igual modo que la soja y responden a un modelo de comercialización similar, aunque apuntan a mercados distintos. «El destino del maíz se destina a la exportación, al forraje para ganadería industrial, a la producción de bioetanol o de comestibles ultaprocesados», precisa Frank y marca la diferencia con el trigo, que sí tiene un destino de consumo alimentario para el mercado interno, donde el precio se mantiene ligado a la especulación y a los precios internacionales.

Esa especulación sobre el precio del cereal en los mercados internacionales se traduce rápidamente en el precio del mercado interno debido a la concentración de la producción. «El 70 por ciento de la superficie sembrada de trigo está en manos de un 25 por ciento de los productores, apunta un reciente informe del INTA Pergamino. La superficie restante se divide en unos 37.000 productores que no superan las 300 hectáreas», detalló la periodista Lucía Guadagno en una nota sobre el precio del pan, que publicó esta Agencia.

Avance del cultivo de Trigo y de maíz sobre la soja
Foto: Subcoop

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