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Advierten del peligro de las fumigaciones aéreas contra los mosquitos
La Multisectorial Paren de Fumigarnos de Santa Fe denunció que la propuesta de la Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas va en contra de las recomendaciones del Ministerio de Salud y genera “una falsa sensación de seguridad y una gran presión sobre la salud de la población”.
octubre 30, 2020

“La realización de fumigaciones aéreas con productos tóxicos resulta innecesaria, antieconómica y un virtual atentado contra la salud de la población y del ambiente”, expresaron desde la Multisectorial Paren de Fumigarnos respecto al ofrecimiento de la Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas  (Fearca) de realizar fumigaciones indiscriminadas contra el dengue en áreas urbanas, algo que ya se hizo en las localidades santafesinas de Venado Tuerto y San Jorge, “donde se violaron todas las reglamentaciones de transporte, aeronavegación y sanitarias con resultados nulos”.

La propuesta de fumigar áreas urbanas con aviones es “una estrategia audaz para que miremos con buenos ojos a quienes nos envenenan y evidencia un total desconocimiento del ciclo de vida del mosquito Aedes Aegypti”, dice el comunicado publicado por la multisectorial, que exige al Estado “tareas de prevención de desarrollo de mosquitos en general, y del Aedes Aegypti en particular,  las cuales se basan en actividades comunitarias y focalizadas, largamente descriptas y conocidas”, como así también una campaña mediática “de concientización con instrucciones simples y precisas”.

Estamos muy preocupados porque la Provincia autoriza fumigaciones en distintas localidades, cuando ya se hizo años anteriores y se demostró totalmente inconducente, primero porque el modo natural de liquidar el mosquito es con la propia fauna, como murciélagos y alguaciles. Y segundo porque el mosquito se alberga en las casas, entonces una fumigación aérea no mata a los mosquitos adultos que están dentro de la casa. Mata a un pequeño porcentaje de los adultos que están en el exterior con el mayor riesgo de contaminar el agua, los alimentos y la gente que está circulando. Y por otra parte, ni huevos ni larvas se anulan con esa fumigación”, explica Teresa Suárez, del Foro Santafesino de la Salud y el Ambiente, que denuncia “el lobby que tienen las empresas de fumigación con los gobiernos”.

Por su parte el doctor Rafael Lajmanovich,  experto en Ecotoxicología ambiental de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), expresó en el medio Se presume inocente  que “las fumigaciones áreas no son recomendadas para el control de larvas del mosquito Aedes Aegypti y son un serio riesgo para la salud humana y animal. En especial para la fauna acuática como los anfibios”. 

En el comunicado de Paren de Fumigarnos se destaca que “el Ministerio de Salud de la Nación indica taxativamente que por ningún motivo se recomienda la aplicación de adulticidas para el control de Aedes Aegypti mediante el uso de aeronaves” y destacan que “según normativa de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), las aeronaves no volarán sobre aglomeraciones de edificios en ciudades, pueblos o lugares habitados, o sobre una reunión de personas al aire libre; excepto, cuando sea necesario para despegar y aterrizar, o cuando se cuente con una autorización especial de la Autoridad Aeronáutica competente, con estrictas medidas de seguridad a más de 300 metros sobre el obstáculo más alto situado dentro de un radio de 600 metros desde la aeronave”.

En cuanto a la efectividad de la aspersión de los tóxicos en una zona urbana, aclaran: “La altura a la que debe volar una aeronave implicaría una deriva muy amplia de la nube de dispersión lo que podría ocasionar que termine nebulizando zonas aledañas que no se encuentran afectadas por el brote. Por otro lado, la máquina debe tener las boquillas adecuadas para respetar el tamaño de la gota necesario que impacte sobre mosquitos. Si bien puede adecuarse en las aeronaves, debido a la altura de vuelo las gotas podrían no llegan a caer en sitios necesarios, muchas veces por evaporación, otras caen sobre la copa del arbolado público o bien caen en los techos de las viviendas, sitios que no son considerados de refugio para Aedes Aegypti. Además, la nube de plaguicida puede caer por deriva en espejos de agua o en almacenamientos de agua potable, ocasionando graves consecuencias a la salud y el ambiente.”