La memoria del Pueblo Ranquel renace en canciones para infancias
abril 21, 2026
Tras un recorrido como artista y docente, Javier Villalba decidió que su legado indígena podía vincularse con esos oficios e impulsó un atractivo disco para las infancias que reúne músicas y relatos en torno a la negada huella ranquel en La Pampa. Las canciones hablan de los pueblos originarios, el cuidado del monte, el río Atuel y del derecho a tener un hogar.
Javier Villalba, música Ranquel
Foto: patagonia.gob.ar

Por Sergio Arboleya

El músico, autor y docente Javier Villalba decidió que sus talentos y oficios podían combinarse con el grito de su sangre nativa para impulsar el álbum "Pichi Ulkantün-Epew, wia, tai (Pequeño canto, relatos de ayer y hoy)”, un trabajo intercultural para las infancias que combina memorias, principios, instrumentos y palabras del Pueblo Ranquel con géneros musicales como bailecito, loncomeo, milonga, vals y cumbia. El trabajo contó con el acompañamiento de la pianista Lía Hernández y la participación de una diversa lista de aportes que incluyó a lonkos ranquelinos de diversas comunidades, narradoras, coros, estudiantes de escuelas públicas y referentes del cancionero infantil.

El material, realizado en la comunidad pampeana Rosa Moreno Mariqueo (donde Villalba activa y profundiza su ligazón con la herencia ranquel), cuenta con doce canciones y está disponible en todas las plataformas digitales.

“Muchas de estas canciones tienen más de diez años y fueron la mejor manera que encontré para hablar sobre el Pueblo Ranquel en el aula y fueron compas docentes quienes me impulsaron a darle forma definitiva al repertorio y encarar este disco”, evoca Villalba durante una charla con Tierra Viva.

Javier Villalba, música Ranquel

Desde su casa en Toay y antes de salir a movilizarse hacia Santa Rosa en una jornada de paro docente en La Pampa, el artista y maestro repasa las motivaciones en torno a este cancionero que repone la sonoridad de instrumentos como las trutrukas, los kultrunes y las pifilkas y donde plasma la posibilidad de hacer convivir el legado ancestral que descubrió como parte suya con los saberes profesionales y expresivos de sus labores.

El creador de los textos de la historieta “Yanka Rayen, Historias de la Cultura Ranquel” (2019) recuerda que “de niño siempre el chiste que le escuchaba a mi padre era ‘a tu mamá la compré por una botella de vino en una toldería’. Y mi mamá, aunque prefería no hablar sobre eso, reconocía que sí teníamos parientes de un pueblo indio”.

“Pienso que el silenciamiento de la Campaña del Desierto dio sus frutos en muchos pueblos y era y sigue siendo complejo en algún punto percibirse o autopercibirse indio; decir soy indio, soy marrón. Pero cuando ella partió físicamente me habían quedado un montón de preguntas y empecé a buscar respuestas, por ejemplo, en el primo de mi mamá, de apellido Guala, que es parte de una comunidad, y empezamos a tener relación y conocí a las ñañas, a las abuelas, a las comunidades. Fue un despertar y empecé a militar la causa”.

Javier Villalba, música Ranquel
Paula Castrilli, directora del Coro Provincial de Infancias durante la grabación de la canción "Kürüv"- Foto: Javier Villalba

El Pueblo Ranquel y su pasado-presente

En La Pampa existen unas 22 comunidades ranqueles entre las que se cuentan, además de la citada Rosa Moreno Mariqueo, las de Doña Teófila Videla, Epumer, Kayu Antu Moritive, Rali-Co, Willi Antú, Nehuenche, Manuel Baigorrita, Nahuel Auka, Ñuke Mapu, Mariano Rosas, Rankel Witru Ché, Ñancufil Calderón, Panguitruz Gner, Colipi Morales y Pilla Pullu We, todo un entramado de espacios inscritos tanto en el Consejo Provincial Aborigen como en el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (Endepa) desde donde, subraya Villalba, “se intenta visibilizar el pasado y, sobre todo, el presente del Pueblo Ranquel mostrando el trabajo de alfarería, cerámica y tejidos, sin romantizar algunas cuestiones porque los caciques eran bravos y tenían sus cosas pero se trataba de un pueblo más amable con la ñuke mapu (madre tierra en mapundungum, idioma mapuche) que ahora se está perdiendo”.

A ese camino de re-conocimiento le agrega “el estudio de la lengua ranquel y toda la reivindicación que comenzó desde el año 2000 cuando se recupera el cráneo del cacique ranquel Mariano Rosas (Panguithruz Gner) y en 2001 es llevado a su Leuvucó natal, que marcó un hito histórico de reparación, tras ser exhumado y exhibido en el Museo de La Plata.

Este proceso, impulsado por la comunidad y amparado por la Ley 25.276, simboliza la reemergencia cultural del Pueblo Ranquel en la Pampa y, en un plano más personal, el haber cursado la Licenciatura Didáctica de la Música en la Universidad Nacional de las Artes (UNA) donde propuso la tesis “La música ranquel antes de la Conquista”, que le permitió seguir profundizando en raíces y pasiones que lo rigen.

Javier Villalba, música Ranquel
Javier Villalba, Laura Re (música y terapeuta sonora) y Lía Hernández (pianista, arregladora).

Inche pichi Ranquel! ülkantun, kuden

Inche pichi Ranquel! ülkantun, kuden

Soy pequeño Ranquel!, canto, juego.

Soy pequeño Ranquel!, canto, juego”

¿Qué características tiene la lengua ranquel que ponés a consideración a partir de estas canciones bilingües?

—Lamentablemente tenemos un vacío en ese sentido porque ya no hay hablantes y lo que ahora intentamos es reproducir una manera de hablar, en mi caso a partir de las canciones. En ese camino hemos perdido durante la pandemia a un maestro y un hablante ranquel como Nazareno Serraino y también a otros referentes y lonkos, pero soy un convencido que tenemos que impulsarnos a partir de esa deuda porque con la lengua se abren las puertas a poder hablar de la historia de nuestro pueblo.

¿Cuál es el estado de esa memoria a nivel musical?

—En la Licenciatura que cursé en la UNA investigué sobre el último canto ranquel e infelizmente nos encontramos con que no quedó nada, no hubo ni hay registro y frente a esto resulta evidente el éxito de la llamada Campaña del Desierto que silenció todo e hizo que nuestros abuelos, nuestros ancestros, no pudieran hablar, no pudieran decir que eran ranqueles y entonces no decían nada, no conservaron sus cantos, sus canciones aunque sabemos que existían cantos a partir de palabras dichas en loop para pedir o agradecer la lluvia o para que el niño descanse. Lo que sí conservamos son los instrumentos trutruka, kultrún y pifilka que son ceremoniales pero que, pidiendo permiso, los podemos usar en los escenarios.

¿Además de lo geográfico puede pensarse en una relación cultural con el Pueblo Mapuche?

—Sin duda. Por un lado tenemos una similitud sonora con nuestros hermanos, nuestros primos, del Pueblo Mapuche que sí tienen sus cantos. Y también compartimos con ellos esos cantos rituales que nacían en determinadas instancias y que les llamamos tayil, que salen en el momento, que son del corazón.

Javier Villalba, música Ranquel
Ernesto Del Viso (creador pampeano que integra el Momusi), Lía Hernández y Javier Villalba

¿Cómo serían los días de los niños y niñas ranqueles? ¿Tenían que ir a la escuela como ahora? ¿Festejaban el cumple? ¿A qué jugaban? ¿Quién me podrá contar algo?... ¡ya sé! Dicen que si abrazamos un árbol, nos llegan cientos de historias. ¿Cuál será el árbol testigo de esas lindas aventuras ranquelinas? ¡El caldén! ¿Probamos?”
(Relato del bailecito "Inche Pichi Ranquel")

Pese a todas esas limitaciones, ¿cómo fue que encaraste este rescate de aspectos de la cultura ranquel y los pusiste en conexión con las infancias?

—Estamos tan invadidos y bombardeados desde todos lados que consideramos que el tesoro más grande está en las infancias y es necesario acompañar ese crecimiento de la mejor manera y al mismo tiempo preservar nuestra cultura aunque sea una labor muy difícil. Las canciones no solamente incorporan palabras en ranquel sino que también hablan acerca del cuidado del monte pampeano, la problemática ambiental del río Atuel y el derecho que tenemos todas las personas a tener un techo, a tener un hogar. También es una manera de visibilizar la presencia de los pueblos originarios y muchas veces nos pasa que al presentar temas del disco en las aulas aparece algún niño levantando la mano y diciendo “mi abuela es ranquel”. Es muy positivo que pueda hacerlo y no sentir vergüenza aunque por otro lado quieran contarnos esa historia de que los argentinos venimos de los barcos.

Entonces va cumpliendo su cometido…

—Por suerte sí y me está dando muchas satisfacciones. Siento que en la comunicación sonora que propone el disco recuperamos un poco la idea de esta educación que tenían los pueblos originarios a partir de la cuestión oral. Los relatos y las canciones sintetizan esas búsquedas y esas intenciones.

¿Cuál es el vínculo actual del Pueblo Ranquel con los habitantes de La Pampa?

—Afortunadamente se sostiene la educación intercultural bilingüe en las escuelas y, habiendo sido parte de ese proceso sin dejar de dar mis clases de música, puedo decir que hoy día hay un reconocimiento y una visibilización no solo por parte del Estado, sino también de la gente que se interesa y reconoce esta lucha del Pueblo Ranquel. Luego ese vínculo depende de la actividad de cada comunidad, en mi caso y desde la comunidad Rosa Moreno Mariqueo, donde estoy actualmente y donde me han adoptado, con la lonko María Isabel tratamos de mostrar todo lo que podemos de lo que se hace, básicamente en el aspecto cultural. Pero hay otras comunidades que trabajan más con la cuestión de la territorialidad y existen otras ponen el foco en la cuestión este legal. En las distintas actividades siempre hay alguna persona que se acerca y de a poco se va sintiendo interpelada. También nos pasa en las charlas en las escuelas de adultos donde aparecen personas con apellidos de raíz ranquel, les cuento mi historia y los invito a que empiecen a despertar y a militar la causa indigenista.

El disco tuvo aportes de Ernesto Del Viso (creador pampeano que integra el Momusi, Movimiento de Música para Niños y Niñas), la reconocida cantante y mapuche Anahí Mariluan y tres formaciones vocales: Chum weiulun, Coro Escuela 145 de General Acha, dirigido por Martín Cantero; Ngülow, Coro Municipal de infancias Lucrecia Sánchez, que coordinan las profesoras Guillermina Gabazza y Cecilia Cerutti; y Küruw, Coro provincial de infancias a cargo de las profesoras Paula Castrilli y Gisella Ramos.

Edición: Darío Aranda.

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