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Vaca Muerta y pandemia: ¿una salida a la crisis?
noviembre 2, 2020
Sección: Extractivismos
Vaca Muerta, sus consecuencias ambientales y sociales. El falso progreso y el despojo.
Torre de fracking en Vaca Muerta
Torre de fracking en Vaca Muerta. Foto: Juan Pablo Barrientos

Opinión.
Por Gisela Hadad y Juan Wahren (*) 

“Las penas son de nosotros, las vaquitas… son ajenas”

Atahualpa Yupanqui

Vivimos tiempos extraños y extraordinarios. La crisis de la pandemia del Covid-19 se yuxtapone con la crisis climática y ambiental y con la crisis económica global, a la que se suma la profunda crisis económica y social de la Argentina. Tenemos crisis para todos los gustos, geografías y calendarios, crisis inesperadas y otras que se venían anunciando hace tiempo.

Lo que no parece haber son soluciones reales a la crisis. La más escuchada en estos tiempos es la ya vieja fórmula del extractivismo. Acrecentar la explotación intensiva de la naturaleza para poder exportar materias primas, ahora rebautizadas como commodities. Esto permitiría al país acceder a las divisas necesarias para lograr un paulatino proceso de industrialización y redistribución de la riqueza, según el canon de los diferentes gobiernos progresistas de Argentina y de la región, que tomaron como propio el “Consenso de los Commoditiesa comienzos del siglo XXI, el cual se reactualiza como relato: ésta, dicen, es la única salida posible a la crisis de la pandemia global.

En este esquema, en Argentina se plantean cuatro grandes actividades extractivas como salidas a las múltiples crisis: el agronegocio, la megaminería, los hidrocarburos y el litio.

En esta columna nos ocupamos de los hidrocarburos, específicamente de los no convencionales (shale oil y shale gas), más conocidos por su técnica de extracción: fracking o fractura hidráulica. La misma consiste en la fractura masiva de rocas y arenas compactas que contienen partículas de hidrocarburos (gas o petróleo) a través de perforaciones de mayor profundidad que las convencionales y el uso de grandes cantidades de agua, sustancias químicas y arenas de sílice inyectadas a presión que empujan los hidrocarburos hacia la superficie (proceso denominado como inyección inversa). Todo esto es monitoreado de forma remota vía cámaras y tecnologías informacionales de última generación.

El costo de extracción de estos  hidrocarburos es mucho más elevado y genera aún más impactos sociales, sanitarios y ambientales que los que ya de por sí producen los hidrocarburos convencionales. Sin embargo, desde su descubrimiento, Vaca Muerta ha sido presentada por los diferentes gobiernos y empresas involucradas como la gran salvación de las finanzas del país, como el pilar del siempre postergado desarrollo argentino a través de la posibilidad de lograr la añorada soberanía energética, como la promesa de una “lluvia de inversiones” que derramará sus beneficios tanto en la población local, como provincial y nacional. Sin embargo, estas terminan siendo, por distintos motivos, nuevas promesas incumplidas del desarrollo, la reactualización del “mito eldoradista” en su versión postmoderna.

¿Por qué Vaca Muerta sería la puerta de entrada al futuro? 

De acuerdo a los estudios llevados a cabo en 2013 por la Agencia de Información de Energía de los Estados Unidos, ampliamente referenciados aunque también muy discutidos, los hidrocarburos contenidos en Vaca Muerta –cuya extracción sólo es posible implementando técnicas como el fracking, que si bien no son nuevas, ahora se llevan a cabo a una escala sin precedentes– representan un aumento exponencial de las reservas de gas y petróleo de la Argentina. En efecto, los informes señalan que la Argentina cuenta con recursos técnicamente recuperables equivalentes a diez veces las reservas actuales de shale oil y 45 veces las reservas actuales de shale gas, en las formaciones de Vaca Muerta y Los Molles, ambas en la Cuenca Neuquina. 

Sin embargo, esta interpretación tan optimista de los datos omite distinguir entre “recursos” y “reservas” cuando se refiere a los hidrocarburos. En el primer caso, se trata de la existencia real o potencial de los mismos; en el segundo, de los recursos que han sido efectivamente cuantificados y son económicamente viables. Como se sabe, la conversión de los “recursos” existentes en “reservas” es un proceso incierto, que en el caso de las explotaciones no convencionales, sólo es posible de realizar en un período de entre 12 y 18 meses después de iniciada la perforación. Evidentemente los datos sobre los que se asienta la promesa desarrollista están, como mínimo, sobredimensionados.

Independientemente de estas “vicisitudes técnicas”, la crisis del petróleo que mantiene los precios internacionales en su piso histórico desde hace casi dos años, hace que la rentabilidad de Vaca Muerta esté en cuestión, pues los costos de extracción en reservorios de shale o tight superan con creces los que demandan las explotaciones convencionales. En definitiva, resulta más caro extraer el petróleo o el gas no convencional que su precio actual de venta. 

Con la crisis de la pandemia el precio de los hidrocarburos repuntó un poco, dándole nuevas perspectivas económicas a Vaca Muerta. Durante los primeros meses de la cuarentena la actividad en la zona se mantuvo en su dotación mínima y los recortes de personal y operativos han sido bastante importantes. YPF, la petrolera estatal y principal empresa de hidrocarburos del país, anunció un recorte del 20 por ciento a comienzos de año en sus inversiones y la suspensión de nuevas exploraciones en Vaca Muerta

Por otro lado, a mediados de año, notificó una rebaja salarial de sus trabajadores entre el 10 y el 25 por ciento en el marco de la pandemia. La actividad de explotación estuvo ralentizada por la crisis sanitaria y recién hace pocas semanas comenzó su lenta reactivación, acompañada por los anuncios empresariales y gubernamentales de que esta vez sí, finalmente, llegará el anunciado desarrollo y progreso del fracking, la única salida posible a la crisis económica y social de la región. Al respecto, el presidente Alberto Fernández planteó, el 5 de junio en Villa La Angostura, que “Vaca Muerta tiene un papel central para la recuperación del país”.

Comunidad Mapuche Campo Maripe
Comunidad Mapuche Campo Maripe. Foto: Juan Pablo Barrientos

Vaca Muerta, despojo y contaminación 

Mientras tanto las comunidades mapuche y los campesinos criadores de cabras y ovejas que habitan las zonas petroleras desde hace décadas, ven cómo sus territorios son avasallados y despojados cotidianamente, cómo se contaminan sus fuentes de agua, cómo se afecta la fauna y la flora local. Un caso en extremo elocuente de esta cuestión es lo que ocurre en la reserva natural protegida de jurisdicción provincial Auca Mahuida, un reservorio de la biodiversidad de la estepa patagónica donde viven zorros, ñandúes, guanacos y una gran variedad de aves, que se encuentra una vez más amenazada por potenciales nuevas exploraciones de pozos convencionales y no convencionales que se agregarían a los ya existentes.

Asimismo, los pobladores de Añelo -la ciudad que oficia como punta de lanza de esta nueva etapa extractivista en la Patagonia norte- y otras localidades adyacentes ven cómo los alquileres, los alimentos y otros elementos básicos de su cotidianeidad tienen altísimos precios asociados a la actividad petrolera, cuyos salarios sobrepasan ampliamente los ingresos de otros sectores. Así, los y las maestros y maestras, trabajadores y trabajadoras estatales, agricultores y agricultoras, entre otros, viven al borde de la línea de pobreza mientras ven deteriorarse la calidad de vida de sus poblados ante la multiplicación de casinos y prostíbulos y el abuso de sustancias tóxicas y alcohol que el ambiente petrolero incentiva.

Estas son algunas de las promesas incumplidas del desarrollo de Vaca Muerta. Promesas que hoy se renuevan con el discurso de que el gas y el petróleo allí “atrapados”, junto a otras actividades extractivas, son las únicas salidas posibles a la crisis en la que nos encontramos inmersos. Esto sucede en la inhóspita meseta neuquina donde se encuentra enterrada la promesa una riqueza sin límites, pero de la que sólo se apropian las grandes empresas de hidrocarburos.

Así, en las tierras del fracking, los costos sociales, sanitarios y ambientales son de los pobladores, las vaquitas muertas… son ajenas.

(*) 

IIGG/UBA – giselahadad@hotmail.com

IIGG/UBA-CONICET – juanwahren@gmail.com 

Grupo de Estudios Rurales-Grupo de Estudios de los Movimientos Sociales de América Latina (GER-GEMSAL) www.gergemsal.sociales.uba.ar

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