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El Movimiento Campesino cuestiona la injerencia del agronegocio en la Cumbre Alimentaria de la ONU
La Vía Campesina emitió un documento en el que denuncia la connivencia entre el organismo multilateral y las empresas concentradas del ámbito agropecuario.
diciembre 14, 2020

El movimiento campesino internacional llama la atención sobre la organización de la próxima Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios (UNFSS21). La instancia se anunció en diciembre de 2019, con el objetivo de «hacer frente a los desafíos del cambio climático, hacer inclusivos los sistemas alimentarios y apoyar la paz sostenible», desde una perspectiva de los sistemas alimentarios. “Sin embargo, el proceso de la UNFSS21 se ha caracterizado desde el principio por la opacidad y la falta de inclusión”, advierten desde La Vía Campesina (LVC).

La organización internacional entiende que la Cumbre “no fue mandatada por una decisión o un proceso intergubernamental”, como sí lo han sido las cumbres anteriores. “En lugar de eso, la decisión fue tomada por el Secretario General de la ONU (António Guterres) en respuesta a una solicitud hecha por el Foro Económico Mundial (FEM), una organización del sector privado que representa los intereses de las empresas multinacionales”, denuncian desde LVC.

“Mientras que la Secretaría de la UNFSS21 afirma que ‘será la cumbre más abierta de la historia’, su gobernanza sigue estando firmemente en manos de un puñado de grandes empresas internacionales, de personas ‘expertas’ conocidas por ser grandes defensoras de la agricultura industrial y de algunos Estados, los mismos que albergan a muchas de estas grandes empresas internacionales”, critican desde la organización campesina.

“Los movimientos sociales se ven limitados a un proceso de diálogo a contracorriente y no pueden participar de forma autónoma”, sostienen a través de un comunicado.

Asimismo, LVC recuerda que, desde los inicios de la convocatoria, “ya se planteaban serias preguntas sobre el proceso no transparente e ilegítimo que se estaba desarrollando, anunciando y organizando en torno a esa Cumbre”. “No se han molestado en incluir a personas productoras de alimentos a pequeña escala, a la sociedad civil ni a las organizaciones de pueblos indígenas de una manera que respete y permita su autonomía, autorganización y autodeterminación”, subrayan.

Aunque hubo algunas invitaciones tardías, “no podemos considerar que la UNFSS21 sea un espacio gubernamental multilateral legítimo que permite la participación autónoma de la Sociedad Civil”, señalan desde LVC.

Lo cual “muestra con claridad como las empresas se van apropiando cada vez más de algunos órganos importantes para las Naciones Unidas”, señalan.

Lobby empresarial y política alimentaria mundial

En marzo de 2020, La Vía Campesina se unió a otros 550 movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil para oponerse a que las empresas absorban la Cumbre de los Sistemas Alimentarios. «Según ha ido avanzando el proceso de la UNFSS21, este nos resulta cada vez más alarmante», admiten hoy.

«Es de suma importancia una conversación mundial sobre nuestros sistemas alimentarios, ya que la pandemia de Covid 19 no ha hecho más que reforzar y exponer el fracaso del sistema alimentario corporativo para hacer frente al hambre, la desigualdad y la crisis ecológica», afirman desde la Vía Campesina. En ese sentido, cuestionan la falta de democracia en un ámbito que definirá la política para contrarrestar el hambre a nivel mundial.

“Desde la Vía Campesina, no solo hemos defendido, sino que también hemos participado activamente en la democratización de las Naciones Unidas. Hemos tenido un papel fundamental en la reforma de los procesos de políticas alimentarias de las Naciones Unidas tras la crisis alimentaria de 2008”, recuerdan desde el movimiento. “La crisis hizo que los organismos de la ONU y los Estados miembros reconocieran la importancia de incluir las voces de los movimientos sociales rurales y de la sociedad civil en la elaboración de las políticas alimentarias”, agregan. Sin embargo, la situación parece haber cambiado en torno a la celebración de la próxima cumbre.

Informe de posicionamiento de la Vía Campesina. Diciembre 2020.
Fuente: Informe de posicionamiento de la Vía Campesina.

«La Estrategia de la FAO para las Asociaciones con las Organizaciones de la Sociedad Civil y la reforma del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) con su Mecanismo de la Sociedad Civil y Pueblos Indígenas (MSC) trajeron nuevos paradigmas, lógicas y procesos que comenzaron a preparar el camino para la democratización de las políticas alimentarias globales», indican desde La Vía Campesina. «Ello conllevó un cambio progresivo, que niveló el ‘campo de juego’ no solo para la sociedad civil, sino también para los gobiernos nacionales», añaden,

«La Vía Campesina, mediante la labor y el compromiso del Comité Internacional de Planificación para la Soberanía Alimentaria (CIP), ha desempeñado un papel muy importante en potenciar los esos procesos. De hecho, muchos de los avances nacieron de los principios de la Soberanía Alimentaria —un modelo integral para transformar los sistemas alimentarios y restablecer la salud de nuestros pueblos y de la naturaleza— que LVC apoya y propugna desde la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996”, destacan.

“Estos procesos institucionales han permitido varios avances importantes, entre ellos las Directrices sobre la tenencia de la tierra, las Directrices para garantizar la pesca sostenible a pequeña escala, el proceso en curso sobre las Directrices sobre agroecología y otras innovaciones y, en términos más amplios, la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos del campesinado y de otras personas que trabajan en zonas rurales”, relatan.

“Muchos de esos nuevos instrumentos han planteado obstáculos directos al programa empresarial mundial, así como a los intereses imperialistas de las economías y las elites mundiales”, argumentan.


Sin embargo, esos procesos parecen resentirse ante el lobby empresarial. «Hoy en día, un puñado de empresas tienen como objetivo controlar los datos, las tierras agrícolas, el agua, las semillas y otros recursos, y dominan nuestros sistemas alimentarios para sacar beneficios privados», dicen desde el movimiento campesino internacional.

«Sus prácticas destructivas incluyen el acaparamiento a gran escala, la concentración y la privatización de la tierra, el agua y otros recursos; la agricultura, la pesca y la ganadería industriales; la sobreexplotación de la naturaleza (incluida la explotación de los seres humanos); el uso autocrático y codicioso de las nuevas tecnologías, y la ejecución de proyectos de infraestructura a gran escala basados en inversión extranjera directa y una deuda pública insostenible.

Este control corporativo se ha ido expandiendo en los ámbitos de la política internacional, regional y nacional, y ha seguido intentando aumentar su influencia dentro del sistema de las Naciones Unidas», manifiestan desde La Vía Campesina.