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Cambio de uso de suelo, la segunda fuente más grande de emisión de carbono
Un estudio internacional midió cómo, por ejemplo, un bosque arrasado para realizar cultivos impacta en las emisiones de carbono a la atmósfera.
noviembre 9, 2020

¿Cómo impactan los desmontes, los incendios u otras acciones humanas que buscan el cambio de uso de suelo en la crisis climática? El estudio «Factores biofísicos y socioeconómicos que influyen en las reservas de carbono del suelo: una evaluación global», que contó con la participación de investigadores argentinos, reveló cómo ese cambio de uso suelo modifica la capacidad de retención de carbono y el desbalance que provoca en el nivel global de carbono atmosférico, convirtiéndose en la segunda fuente más grande de emisiones.  

Las reservas de carbono orgánico presentes en el suelo son la principal fuente de almacenamiento del planeta, ya que casi triplican el carbono presente en la vegetación. El estudio, recientemente publicado en la revista internacional Mitigation and Adaptation Strategies for Global Change, analizó el impacto de los cambios en el uso del suelo sobre la base de 817 sitios identificados, representativos de los ambientes y biomas existentes. 

El análisis global, permitió que el estudio incorpore una aproximación socioeconómica del problema al asegurar que los países con niveles más altos de pobreza poseen suelos más pobres.  

Como primera aproximación, el estudio identificó 8 tipos de transición de cambio de uso de suelo alrededor del mundo: de pastizal a cultivo, pastizal a bosque, bosque a vegetación secundaria, bosque a pastizal, bosque a cultivo, bosque a plantación forestal, cultivo a pastizal, y cultivo a bosque.

Una vez identificados los tipos de cambio de uso, los investigadores analizaron cómo la actividad había modificado las cantidades de carbono orgánico del suelo, a 1 metro de profundidad, y hallaron que la transición de bosque a cultivo implicó un 18.5 % menos de carbono orgánico, mientras que los cambios de pastizal a cultivo y de bosque a plantación forestal representaron una reducción del 17.6 %.

“Este problema se convierte en la segunda fuente más grande de emisiones a la atmósfera, a través de la liberación de carbono almacenado en la vegetación y el suelo”, sentenció Pablo Peri, que fue parte de la investigación como investigador del INTA Santa Cruz y de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) – CONICET. 

La investigación no solo se quedó con el impacto que el avance del hombre sobre la naturaleza sino que también analizó, dentro de los tipos de cambio de uso estudiados, la acción inversa: “Los incrementos de carbono orgánico del suelo se asocian principalmente a los cambios de cultivo a bosque con un incremento del 28 % de carbono orgánico, del 23.2 % cuando se pasa de cultivo a pastizales y un 10.5 % más con el cambio de pastizales a bosque”. 

«La pobreza limita mejoras en el manejo del suelo» 

“Depende del comportamiento social”, afirmó Peri, en diálogo con el portal Inta Informa, respecto de la capacidad de las actividades humanas para liberar carbono a la atmósfera o “secuestrar carbono” bajo el suelo. Sandra Duarte-Gaurdia, de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA), y German Baldi, Universidad Nacional de San Luis y CONICET, fueron los otros dos investigadores argentinos que participaron de la investigación. 

En ese sentido, el estudio también aporta una mirada socioeconómica sobre la problemática al indicar que los factores sociales o económicos serían también importantes determinantes del cambio de carbono del suelo. “Factores como la pobreza limitan la capacidad de invertir en el manejo del suelo”, resaltó sobre este perspectiva novedosa de la investigación en la formulación de la política de secuestro de carbono a escala global.

El estudio precisa que, en los últimos 10 años, los cambios de uso de suelo generaron una pérdida de entre 1.1 y 1.5 petagramos de carbono y, en los últimos 200 años, el acumulado llega a 133 petagramos de carbono en los primeros dos metros del perfil del suelo. Una pérdida del 10 % en las reservas mundiales de carbono orgánico del suelo, corresponde a unos 30 años de emisiones por la actividad humana.

Por ese motivo, el estudio recomienda “mantener o, incluso, aumentar la cantidad de carbono almacenada en el suelo”, dado que puede desempeñar un papel importante en “la mitigación del cambio climático, como se promovió recientemente mediante la iniciativa internacional 4 por 1000”. 

La iniciativa “4 por 1000” fue lanzada en diciembre de 2015, en el marco de las reuniones del Acuerdo de París, con el objetivo de concientizar en cómo los suelos agrícolas sanos, pueden desempeñar un papel determinante para la seguridad alimentaria y el cambio climático. Por eso, la iniciativa fomenta la producción a través de la agroecología, agroforestería, agricultura de conservación y de gestión del paisaje.  

El lema de la iniciativa se basa en estudios que indican que “una tasa de crecimiento anual del 0,4% de las reservas de carbono del suelo, en los primeros 30-40 cm de suelo, reducirían significativamente la concentración de CO2 en la atmósfera”.