Por Ivonne Guevara
Desde Tandil
Todo comenzó con una computadora que parecía inútil. A fines de la década del 2000, un grupo de estudiantes y docentes de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicen) empezó a reparar equipos desechados por instituciones públicas. Así nació el proyecto llamado Reutilización Eficiente de Hardware Tecnológicamente Obsoleto (Rehto), una iniciativa de extensión que buscaba darle nueva vida a los aparatos, y con ellos, también a los vínculos sociales.
“Recuperar tecnología no es solo una tarea técnica, es también una forma de inclusión”, sostiene Sebastián Barbieri, docente universitario y actual presidente de la Cooperativa para la Revalorización de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (Coopraee), que surgió años después como continuidad y profundización de aquel proyecto inicial. “Lo que empezó como un pequeño espacio en la facultad terminó convirtiéndose en una estructura cooperativa con impacto regional”, valora.
Durante más de una década, el proyecto Rehto consolidó una forma de trabajo al recuperar, reacondicionar y entregar computadoras a escuelas, organizaciones sociales y estudiantes de bajos recursos.
Más de 2.000 equipos fueron donados desde entonces. Pero también el proyecto fue semilla de prácticas educativas, investigaciones académicas, alianzas institucionales y decisiones políticas que apuntaban a formalizar y escalar la experiencia. En 2020 se constituyó formalmente Coopraee con sede en Tandil y alcance regional.

Un problema ambiental con potencial transformador
En Argentina, el consumo de tecnología se ha acelerado al ritmo de la globalización. Sin embargo, pocos se detienen a pensar qué ocurre cuando un celular deja de funcionar o una computadora se vuelve obsoleta. Los RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos) contienen metales pesados y sustancias tóxicas, y requieren un tratamiento específico para evitar la contaminación del suelo, el agua y el aire.
Según el informe mundial elaborado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y el Instituto de las Naciones Unidas para la Formación Profesional e Investigaciones (Unitar), en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en todo el mundo, una cifra récord. Apenas el 22 por ciento fue recolectado y reciclado formalmente. La advertencia es que la generación de residuos electrónicos crece cinco veces más rápido que su reciclaje.
“Estos residuos no son como cualquier otro. Un mal manejo puede generar impactos gravísimos para el ambiente y la salud”, señala Barbieri. Sin embargo, también constituyen una fuente de materiales estratégicos: cobre, aluminio, plásticos, circuitos que pueden reintegrarse al circuito productivo si son recuperados con criterio.
En este escenario, Coopraee se posiciona como un actor clave. Es la única cooperativa habilitada por el Ministerio de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires fuera del AMBA para gestionar los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), en cumplimiento de las leyes provinciales y ordenanzas locales que regulan su disposición.
Procesan actualmente más de 150 toneladas por año y acumulan más de 550 toneladas desde su creación. “Cada equipo que logramos recuperar implica menos residuos y más oportunidades”, afirma el presidente de la cooperativa.

Más que reciclaje: formación, empleo y territorio
Lo que distingue a Coopraee no es solamente su capacidad técnica, sino su mirada integral. Funciona bajo una lógica de triple impacto: ambiental, económico y social. Su sede en Tandil reúne a más de 20 personas entre socios, pasantes, becarios y técnicos, y articula con empresas que reutilizan componentes y materiales.
“El objetivo no es solo reciclar, sino generar trabajo digno, conocimiento y redes comunitarias”, resalta Barbieri. Por eso, más de 90 alumnos de escuelas técnicas han realizado prácticas profesionales en el espacio, y cada año más de 2.000 estudiantes de todos los niveles participan de visitas guiadas, talleres y actividades educativas.
La cooperativa también ha sido semillero de tesis universitarias, investigaciones aplicadas, proyectos de extensión y prácticas socioeducativas, muchas de ellas con foco en sustentabilidad, economía circular y tecnologías sociales.
En ese marco, un estudio realizado por Agostina Flores Medrano, Salomé Laborde, Carina Morando y Osvaldo Fornaro, investigadores vinculados al Centro de Investigaciones y Estudios Ambientales (Cinea) y al Instituto de Física de Materiales Tandil (Ifimat), analizó las placas electrónicas acumuladas por Coopraee entre 2017 y 2022. El trabajo relevó unas 2,25 toneladas de placas de circuito impreso almacenadas por la cooperativa y aportó información clave para diseñar estrategias de recuperación y aprovechamiento de esos materiales.
Entre otros resultados, identificó que el 90 por ciento correspondía a tecnologías más antiguas presentes en electrodomésticos y equipos de audio y video, mientras que los componentes más abundantes eran capacitores y resistencias. Los investigadores destacan que este tipo de estudios permite fortalecer procesos de economía circular y optimizar la gestión de residuos electrónicos.
Asimismo, la mutual cuenta con dos laboratorios de reparación, un espacio de acopio y clasificación, y una línea de producción propia desarrollada con años de gestión y formación. Además, entrega los dispositivos recuperados al programa Rehto, que continúa activo y sigue donando computadoras reacondicionadas. En cada una de esas máquinas entregadas se condensa una cadena de valor que empieza en el descarte y termina en un aula, una biblioteca o una organización barrial.

El desafío legal, una deuda pendiente
Pese al enorme potencial de estos modelos, el contexto legal es adverso en Tandil y el resto de Argentina. A diferencia de otros países, aquí no se cuenta con una ley nacional que regule el tratamiento de RAEE, aunque distintos sectores ambientales, académicos y legislativos vienen impulsando la incorporación de la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), un principio que establece que fabricantes e importadores deben asumir responsabilidades legales y financieras sobre los residuos derivados de los productos que comercializan.
“En la práctica, nos enfrentamos a un vacío legal. Eso nos limita para proyectar a largo plazo, acceder a financiamiento o coordinar con industrias”, advierte Barbieri. Aun así, la cooperativa ha sabido tejer alianzas y participar en redes que impulsan una economía más circular y justa.
El acompañamiento de organismos provinciales, universidades y municipios ha sido clave. “La articulación con el Estado es fundamental. Sin políticas públicas que valoren el trabajo cooperativo, este tipo de proyectos no podrían sostenerse”, agrega.
Más redes, más comunidad
Los próximos pasos de la cooperativa incluyen fortalecer la producción de Ecomadera, abrir nuevos mercados para sus productos y consolidar una federación regional de cooperativas que trabaje sobre materiales descartados. De hecho, ya se han vinculado con proyectos de la zona y sueñan con replicar el modelo en otras ciudades.
También aspiran a participar activamente del diseño de políticas públicas. “Tenemos conocimiento técnico, experiencia de base y datos. Queremos ser parte de la discusión nacional sobre cómo tratar los RAEE en forma responsable”, revela Barbieri y, en este sentido, asegura que la creación de una ley nacional de RAEE y la implementación de la REP serían “pasos decisivos para ampliar el impacto”.
Esperan acceder a programas como el Desarrollo Productivo Verde, que destina fondos a cooperativas sustentables. “Con más apoyo podríamos ampliar la escala, generar empleo joven y llegar a más comunidades”, concluye.
Ante la dinámica mundial del descarte con rapidez, Coopraee ofrece una lección sencilla y poderosa: todo puede tener una segunda vida si se lo mira con compromiso y se lo trabaja en comunidad.

Ecomadera: una segunda vida para los plásticos
Además del trabajo con electrónicos, Coopraee dio un nuevo paso en 2023 con el lanzamiento del Proyecto Ecomadera, que apunta a reutilizar plásticos de difícil reciclado, como autopartes, envases y utensilios de bazar, para fabricar mobiliario urbano y productos para exteriores.
El proyecto fue posible gracias al programa “Impulso Cooperativo” del gobierno bonaerense, y a fondos nacionales gestionados a través de la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat del Municipio de Tandil. La maquinaria fue adquirida y puesta en marcha con el respaldo de la convocatoria “Huella Joven 2025”.
El desarrollo de los prototipos se realiza en colaboración con el Centro de Innovación Ciudadana (CUIC) de Exactas Unicen, el Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad Nacional de Mar del Plata, y el Instituto de Física y Materiales (Uncpba-Conicet), encargado de testear y validar la resistencia mecánica de los productos.
“Ecomadera busca transformar lo que nadie quiere en algo útil, estético y duradero”, dice Barbieri. Esperan desarrollar líneas de juegos infantiles, bancos, cercos y señalética para espacios públicos, integrando diseño, ingeniería y cuidado ambiental.

¿Qué hacer con nuestros electrónicos en desuso?
CooPRAEE no es una experiencia aislada. En distintos puntos del país surgieron cooperativas, organizaciones comunitarias y proyectos de economía circular que trabajan sobre la recuperación de residuos electrónicos, la reparación de tecnología y la inclusión social. Un breve repaso:
Cooperativa Tau (Rosario, Santa Fe). Es una de las experiencias más consolidadas del país. Se define como una organización de “triple impacto”: ambiental, económico y social. Según la propia cooperativa, su objetivo es brindar “una solución para el tratamiento de residuos electrónicos y equipos en desuso desde la economía circular”.
TecnoRAEE (Pilar, Buenos Aires). Fue la primera planta cooperativa bonaerense dedicada a la gestión y refuncionalización de residuos electrónicos bajo normativa provincial. Además, desarrolla programas de inclusión laboral para personas que estuvieron privadas de la libertad.
Cooparsi (Azul, Buenos Aires) (). Dedicada originalmente a servicios informáticos, comenzó a trabajar junto al Municipio de Azul en campañas de recepción y tratamiento de residuos electrónicos. En 2026 anunció su objetivo de convertirse en una cooperativa especializada en refuncionalización de RAEE, ampliando su perfil ambiental y productivo.
Cybercirujas (Córdoba). Se trata de un colectivo comunitario orientado a la recuperación tecnológica. Recolectan computadoras, televisores y otros dispositivos descartados, los reparan y los redistribuyen a organizaciones o personas que los necesitan. Su premisa es extender la vida útil de los equipos y combatir la lógica del descarte permanente.
¿Qué hacer con los residuos electrónicos?
- No los tires a la basura común: pueden contaminar y su tratamiento requiere protocolos especiales.
- Revisá qué puede repararse antes de comprar uno nuevo. Una notebook de 2012 puede seguir siendo útil.
- Participá de actividades abiertas: capacitaciones, visitas educativas o talleres.
- Cada acción cuenta. Al evitar que un celular o una PC terminen en un basural, estás cuidando el planeta y colaborando con un proyecto colectivo.

*Edición: Darío Aranda.
