Por Pablo Lada* para Revista Sudacas
Desde Chubut
Una larga caravana de colectivos y vehículos particulares viaja hacia Gastre atravesando la meseta de Chubut en la madrugada de junio de 1996.
400 kilómetros de ripio maltrecho separan la ciudad Trelew del pequeño poblado rural.
Son la 6 de la mañana y hacen diez grados bajo cero.
Decenas de colectivos, centenares de autos y miles de personas se movilizan para rechazar “el basurero nuclear de Gastre”.
Buenos Aires y el mundo conocen la noticia: los principales canales de televisión y medios gráficos porteños cubren la masiva movilización.
Los orígenes
Para hablar de Gastre tengo que hacerlo inevitablemente desde un lugar personal. La movilización fue mi “bautismo” de fuego en el activismo ambiental y marcó mi vida en muchos sentidos. Pocos años antes de la marcha había conocido a Javier Rodríguez Pardo, un reconocido ecologista oriundo de España que había llegado durante la infancia a vivir a la Argentina. Javier fue el motor de aquella movilización y Gastre fue un hito para el movimiento antinuclear del país. Desde entonces, creció entre ambos una inquebrantable amistad que perduraría por siempre.
No tengo dudas que la gesta de Gastre del 17 de junio de 1996 no hubiese sido posible sin Javier Rodríguez Pardo. Y no es mi intención hacer un panegírico de su figura ya que participaron miles de personas, en su mayoría estudiantes de escuelas secundarias, organizaciones estudiantiles, ambientales, sociales y vecinos/as de la provincia y de otros puntos del país. Gastre fue en definitiva un movimiento social del que todas y todos fuimos parte indispensable. Solo quiero poner las cosas en su justo lugar.

1996 comenzó en 1986
En 1986 el gobierno de Chubut y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) invitaron a participar, opinar e informarse sobre el proyecto de construcción de un Repositorio de Residuos Radioactivos de Alta Actividad en Sierra del Medio, a 70 kilómetros de la localidad de Gastre. Chubut tendría el dudoso mérito de albergar el primer y único cementerio nuclear del planeta.
El libro de Javier “En la Patagonia NO”, que relata la epopeya antinuclear de Gastre, recuerda que en la convocatoria donde la CNEA expuso el proyectado repositorio no hubo “polémica, solo escasas y dubitativas preguntas”. Fue en los bares y confiterías donde empezó a incitar él mismo los primeros debates. En uno de esos encuentros y luego de un largo discurso de Javier, se produjo un intercambio que le cambiaría la vida, al preguntarle unos vecinos “si se animaba a escribir la oposición y el rechazo al basurero con los argumentos expuestos, en ese caso, serían ellos los primeros en firmar el documento”.
Esa misma noche se metió en la biblioteca de su casa buscando datos de técnicos y físicos nucleares que sirvieran de argumento para rechazar el proyecto del repositorio. Con las primeras luces de la mañana concluyó el "Manifiesto Antinuclear de Chubut", cuyas siglas darían nacimiento a la organización MACH (Movimiento Antinuclear del Chubut).
El Manifiesto fue firmado por miles de personas y entregado el 22 de octubre de 1986 en la Plaza Independencia de Trelew al entonces presidente Raúl Alfonsín, durante la celebración del centenario de nuestra ciudad. Fue la primera movilización masiva contra el “basurero nuclear de Gastre”, calificativo popular con el que el pueblo de Chubut bautizó al Repositorio de Residuos Radioactivos de Alta Actividad.
La manifestación popular que rodeaba la plaza con pancartas sorprendió al Presidente. Luego de leer el Manifiesto aseguró que “no haría nada que ponga en peligro a esta ni a ninguna otra región del país”. En esas palabras, estuvo sin dudas, el primer frenazo al proyecto de prefactibilidad del repositorio nuclear, que esperaba la firma de Alfonsín en Buenos Aires.
Desde entonces, comenzó una inclaudicable militancia. Fue una década de intenso debate, actividades y manifestaciones sociales que instalaron la discusión antinuclear en el país. Son incontables las escuelas que recorrió en la Patagonia cumpliendo un rol activista pero también docente, explicando los riesgos de la energía nuclear.
Javier Rodríguez Pardo fue un pensador lúcido, tenía el don de transmitir ideas y conocimientos complejos de una manera didáctica. Detrás estaba el respaldo de años de investigación. Su historia personal, desde que dirigió en los años sesenta las emblemáticas salas de cine arte Lorraine y Lorca, en plena calle Corrientes de Buenos Aires, y el compromiso con la transformación social y política durante la dictadura militar genocida, merece un capítulo aparte que escribiremos en algún momento.

Una provincia en alquiler
En 1989 se confirmó que Francia —uno de los países más nuclearizados del mundo— era el verdadero interesado en construir el repositorio nuclear, el 70 por ciento de su matriz energética proviene de la fuente nucleoeléctrica. Actualmente posee 56 reactores operativos, por lo que la cantidad de residuos generados es espeluznante. Francia produce cada año 1.150 toneladas de combustible gastado, se estima que almacena 10.000 metros cúbicos de “residuos radiactivos de alta actividad (HLW, por sus siglas en inglés)” producto del reprocesamiento de 45.000 toneladas de combustible agotado y unos 73.000 metros cúbicos de “residuos radiactivos de vida media (ILW, por sus siglas en inglés)”.
Un documento de la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia reconocía que estudiaban la oferta de Francia “para recibir 3.000 contenedores con material radiactivo de alta actividad”. Detrás del negocio se encontraba la empresa gala “Pechiney Ugine Kuhlmann”. Los vínculos comerciales entre la compañía francesa y la firma Aluar eran conocidos. Pechiney fue un conglomerado de empresas que tenía como principal negocio la producción de aluminio. Con la construcción del repositorio se pretendía también reformular el puerto de Aluar para poder descargar en Puerto Madryn los residuos radioactivos que se trasladarían en barco desde Francia. De esta manera, se confirmaba lo que Elías Palacio, gerente de Radiología de la CNEA, había deslizado seis años antes: “Se contempla arrendar el repositorio a otras naciones”.

El legado de Gastre
En 1984 la localidad de El Bolsón en Río Negro se declaró por ordenanza municipal “Zona No Nuclear”, fue el primer municipio del país.
Para el “Segundo Encuentro de Municipios No Nucleares y Ecológicamente Sustentables”, realizado en Viedma en el año 1992, se contaban más de 60 municipios declarados no nucleares. En 1995 alrededor de 80 ejidos municipales habían legislado en igual sentido, mientras que las provincias de Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, La Pampa, Formosa y Buenos Aires contaban con artículos “no nucleares” en sus respectivas Constituciones, prohibiendo mayormente el ingreso de residuos radioactivos y, en algunos casos, prohibiendo la generación nuclear de energía.
El artículo 110 de la Constitución de Chubut “prohíbe la introducción, el transporte y el depósito de residuos radioactivos de origen extraprovincial”. Esta prohibición se logró introducir en la gran reforma constitucional del año 1994, que modificó la Constitución Nacional y la de muchas provincias.
Gastre tuvo una influencia notable en el avance del marco legal. Incluso el artículo 41 de la Constitución Nacional dice: “Se prohíbe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radioactivos”. Por esta oración, es mencionado como el “artículo de los patagónicos”.
Nuevas amenazas nucleares
Es necesario fortalecer la defensa de la legislación conseguida. En 2018, Nelson Irribaren, entonces intendente de Sierra Grande, ordenó derogar la ordenanza que establecía a esa localidad como “zona no nuclear”. Fue una actitud complaciente con el gobierno de Mauricio Macri que buscaba instalar en Río Negro un reactor nuclear de origen chino.
La frustración del gobierno nacional fue mayúscula cuando entendió que la mayoría de los municipios de la región habían sido declarados “no nucleares”. Irribaren entregó la ordenanza como un trofeo de guerra. Así y todo, no pudieron evitar la conformación de asambleas antinucleares en Río Negro ni las masivas movilizaciones que rechazaron la central nuclear china, consiguiendo finalmente una ley provincial que prohíbe la instalación de reactores nucleares de potencia en esa provincia.
En la actualidad, con la ultraderecha fortalecida, la avanzada es más peligrosa. El gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, firmó en abril de este año un decreto convocando a elecciones de convencionales constituyentes con el objetivo de reformar la Constitución Provincial. Y, aunque que el Gobernador la promocione como una reforma para eliminar privilegios de la clase política, la realidad es otra. En el paquete entra la derogación o reforma del artículo 56 de la constitución fueguina, que dice: “Queda prohibida en la Provincia: 1– La realización de ensayos o experiencias nucleares de cualquier índole con fines bélicos. 2– La generación de energía a partir de fuentes nucleares. 3– La introducción y depósito de residuos nucleares, químicos, biológicos o de cualquier otra índole o naturaleza comprobadamente tóxicos, peligrosos o susceptibles de serlo en el futuro”.
El proyecto representa un retroceso enorme para una provincia que logró plasmar en su Constitución el deseo del pueblo de ser un territorio libre del flagelo nuclear.
Tierra del Fuego es además una zona altamente sísmica. Avanzar con actividades nucleares sería descabellado. Por otro lado, el Gobierno no explicó los motivos que tiene para derogar este artículo, lo que genera especulaciones de todo tipo respecto al interés de Estados Unidos de instalar una base militar en la región. Por el momento el proyecto está frenado en la legislatura provincial, pero se sabe que el Gobernador insistirá vía Poder Judicial.
Por este motivo, es tan necesario poner en valor lo conseguido por el pueblo. En el caso de Trelew, logramos en 1991, y con mucho esfuerzo, la ordenanza 2181 que lo declaró “Trelew No Nuclear”. Sin embargo, no conseguimos todavía que alguna gestión municipal ponga un cartel en los accesos a la ciudad con la leyenda “Municipio No Nuclear,” tal como estipula la ordenanza.

Los días de junio de 1996
Chubut se convulsionó en junio de 1996. La Comisión de Energía de la Cámara de Diputados aprobó el basurero nuclear. Gobernaba Carlos Saúl Menem y la secretaria de Ambiente era María Julia Alsogaray. Eran tiempos de neoliberalismo, el país se estaba entregando en bandeja, pretendían privatizar el sector nuclear y alquilar la provincia como basurero radioactivo, poco les importaron las ordenanzas municipales o la Constitución de Chubut.
Un plenario de cinco comisiones de la Cámara de Diputados de la Nación daba potestades a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) para decidir el emplazamiento de un “repositorio final para residuos de alta, media y baja actividad”, el despacho además expresaba que “de no llegarse a un acuerdo con la provincia en cuyo territorio se propusiese la localización de su emplazamiento, el Poder Ejecutivo Nacional remitirá los antecedentes a una comisión bicameral del Congreso de la Nación que se constituirá a tal efecto, la que deberá expedirse sobre la localización definitiva, siendo ello vinculante para las partes intervinientes”.
El MACH convocó inmediatamente a un acto de repudio en la plaza Independencia para el 6 de junio. Fue una concentración histórica, la plaza rebalsaba de gente. Chubut se encontraba en pie de lucha. Una sucesión de movilizaciones espontáneas se fue gestando en distintas ciudades de la provincia y de la Patagonia.
En la localidad de Caleta Olivia, 3.500 estudiantes salieron a las calles. En Puerto Madryn una inmensa cadena humana con más de 5.000 jóvenes escribía con sus cuerpos, sobre la arena de la playa: “No al basurero nuclear. Patagonia No Nuclear”. Las tomas aéreas ocuparon las tapas completas de los periódicos. Durante esos días el MACH se dedicó a visitar escuelas y colegios a tiempo completo. En Trelew se sucedían las movilizaciones, mientras se iba dando un rechazo rotundo en todos los rincones de la Patagonia.
Los medios de prensa daban cuenta de la convulsión social que se había generado a partir del anuncio. Las cámaras de comercio e industria y las instituciones intermedias se posicionaron inmediatamente en contra del basurero nuclear, incluso el gobierno provincial.

Fue en este contexto, durante una multitudinaria movilización en la Plaza Independencia de Trelew, que Javier Rodríguez Pardo tomó el micrófono y propuso llevar adelante una gran caravana a Gastre para el domingo 16 de junio, Día del Padre. La unánime respuesta de aprobación selló el destino.
Inmediatamente los medios de comunicación de la región y el país recogieron la noticia. Diarios como Ámbito Financiero, Clarín, La Nación y Página12 difundieron profusamente la novedad.
“El titular del Movimiento Antinuclear, Javier Rodríguez Pardo, dijo que 'todo el país debe saber que en Chubut no queremos un repositorio nuclear, y por eso marcharemos hacia Gastre en una caravana de automóviles para luego realizar una sentada simbólica'”, señaló el diario Ámbito Financiero.
Se acordó marchar el lunes 17 de junio que era feriado. El MACH gestionó medios de transporte y se abrió una lista para quienes quisieran viajar. Pero tres días antes ya había más de 4.000 anotados, por lo que hubo que cancelar el registro de inscriptos, no alcanzaban los colectivos que se habían conseguido. Y aunque se gestionaron más unidades, igual seguían siendo insuficientes. Lamentablemente mucha gente no pudo viajar, lo que generó cierto malestar, resultaba difícil de comprender en aquel momento las dificultades que había.
La movilización le dio un aspecto inusual a la Plaza Independencia, abarrotada de gente desde las 4:30 de una mañana gélida. Pasadas las 6 se partió desde la plaza hasta la Avenida La Plata, en el acceso oeste de Trelew, donde se organizó la caravana con los móviles de Defensa Civil encabezando la columna de colectivos, los más de cien autos particulares, camionetas y Traffics. Al llegar a Gastre se unieron contingentes que arribaron de Esquel, Comodoro Rivadavia, Cushamen, Tecka, Gualjaina, Bariloche, Neuquén y Sierra Grande.
La caravana que recorría la estepa patagónica era interminable.
La presencia de los principales medios gráficos y televisivos nacionales garantizó una cobertura que trascendió la frontera del país. En aquellos años era imposible realizar una transmisión en vivo desde Gastre. Los canales de televisión abierta Telefe, Canal 13, América y los canales de cable 26TV, TN y Red de Noticias exigían garantizar el envío del material de forma casi inmediata, para que saliera en los respectivos noticieros.
Las imágenes tenían que llegar en avión a Trelew una vez terminada la marcha, para luego enviarlas a Buenos Aires utilizando la antena de Entel (Empresa Nacional de Telecomunicaciones, hoy Telefónica de Argentina), la única antena de la zona con capacidad de realizar esa transmisión.
Javier les aseguró que estaba todo solucionado, aunque no esto era así... Todo fue resuelto sobre la marcha, el avión y el contacto con Entel. De esta manera se logró que la noticia diera la vuelta al mundo, a puro coraje y picardía.

La movilización popular y sus frutos
Al día siguiente de la marcha no se hablaba de otra cosa en Chubut, la noticia cubría prácticamente a página completa la tapa de los diarios locales. Los medios nacionales reflejaban la noticia y empezaban a verse las consecuencias políticas.
La respuesta del poder fue inmediata, María Julia Alsogaray expresó al día siguiente de la marcha que había sido “un reclamo justo”. El presidente Menem deslizó previamente que “no tiene ningún tipo de fundamento la supuesta instalación de un basurero nuclear en Chubut”. La gran marcha asestó el golpe definitivo al proyecto nuclear.
Por otra parte, el Congreso Nacional modificó la Ley 24.804 que regula la actividad nuclear. Desde entonces, para “todo nuevo emplazamiento de una instalación nuclear relevante”, y particularmente para definir la ubicación de un repositorio para residuos radiactivos, se deberá contar con “la aprobación por ley del Estado provincial donde se proponga instalar un repositorio nuclear”.
La gesta de Gastre dejó muchas enseñanzas. En primer lugar, supimos que “cualquier lucha, por imposible que parezca, se puede ganar con dedicación y constancia”. Pero también demostró que cada lucha tiene diferentes caminos y no existe la receta mágica de un iluminado que asegure el triunfo. En algunas ocasiones estalla la digna rabia de los pueblos, pero en otras se construye a lo Gandhi, escalón por escalón.
La batalla de Gastre se ganó fundamentalmente con estudiantes de colegios y escuelas secundarias, fueron pibas y pibes movilizados que lograron el convencimiento transversal de toda una sociedad. Fue el triunfo de la conciencia ambiental.
En Gastre podemos rastrear también el germen de la asamblea socioambiental, desde el momento que se decidió evitar los carteles políticos-partidarios en las marchas y mantener la horizontalidad en las decisiones. Se buscaba construir un movimiento antinuclear que unifique “posiciones diversas, ideas, etnias y religiones” con un solo objetivo.
En Gastre y en la figura de Javier Rodríguez Pardo podemos encontrar el hilo conductor hacia el movimiento de las asambleas socioambientales contra la megaminería, desde la Consulta Popular en Esquel que dijo No a la Mina, hasta la conformación de la Unión de Asambleas de Comunidades (UAC).
Con la amenaza de la minería de uranio en el horizonte la memoria de Gastre interpela en el presente. La megaminería uranífera contamina el agua, el suelo y el aire, es fuente de nuevos residuos radiactivos y una verdadera fábrica de cáncer. La localidad de Paso de Indios, la meseta, el río Chubut y el agua que bebemos corre peligro. Tenemos la responsabilidad ética de ponernos de pie frente al uranio, como hicieron nuestros vecinos en el año1996.
En definitiva, la épica de Gastre es valiosa porque es la historia de un triunfo del pueblo. Y eso no sucede muy seguido.
*Movimiento Antinuclear del Chubut (MACH).
**Edición: Darío Aranda.
