Por Florencia Yanniello
Desde Córdoba
La Unión de Asambleas de Comunidades (UAC) es un espacio de articulación que nuclea a asambleas y colectivos socioambientales de toda Argentina y de países vecinos. En los encuentros se habla de territorios o de regiones afectadas por la contaminación y de vecinos y vecinas que se organizan. Y, con su impronta autónoma y horizontal, celebró sus veinte años de construcción colectiva y territorial. El encuentro fue en Córdoba, donde hubo espacio para la memoria, balances y la planificación de acciones comunitarias.
La UAC se define en su página web como una “red de asambleas que defienden los bienes comunes, los territorios y la vida” y señalan que luchan “contra el saqueo y la contaminación, reafirmando la autodeterminación de los pueblos”. Aclaran que está integrada por “asambleas, grupos autoconvocados y organizaciones independientes de los partidos políticos y del Estado”.
Además de un objetivo central de encuentro, intercambio y coordinación de estrategias frente a los proyectos extractivistas, en la UAC importa mucho el cómo: las prácticas asamblearias, horizontales y autogestivas son prioridad. Más allá de las problemáticas que se abordan, para sus participantes se trata de “una escuela de formación y de militancia”, como la definió Carlos Gurvich, integrante de Movida Ambiental de Vicente López, provincia de Buenos Aires y participante de la UAC desde hace más de quince años.
“Siempre es muy reconfortante escuchar las voces que vienen con distintos cantitos, compartiendo las experiencias y luchas en cada uno de los territorios. La UAC tiene un recorrido muy importante, es un instrumento de lucha y a la vez un espacio energizante en donde circula mucho afecto y respeto”, agrega.

Cuarenta encuentros
En el encuentro número 40, que se realizó del 1 al 3 de mayo de 2026, participaron alrededor de cien vecinos y vecinas de Salta, San Juan, La Rioja, Catamarca, Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires, Río Negro, Córdoba, Tucumán, Mendoza, Ciudad de Buenos Aires y de Uruguay. Esta edición de la UAC tuvo una fuerte impronta de balance sobre estas dos décadas de trayectoria.
“Nos sentimos abrazados por les compas que viajaron desde distintos lugares, fue muy gratificante ser anfitriones de esta UAC histórica, la número 40 y el aniversario de los 20 años”, dice Marco D’Angelo, integrante de la Asamblea del Valle de Paravachasca. Con el cansancio y la alegría de haber sido organizadores, Alejandra Perisset, también integrante de la Asamblea local, agrega: “Fue muy importante encontrarnos y preguntarnos cómo venimos y cómo seguimos, para saber que no estamos solos y solas en esta. A la cuestión socioambiental le sumamos hoy las luchas de muchos otros sectores de trabajadores, de los cuales formamos parte, en un contexto de despidos y criminalización de la protesta”.
Durante el primer día se realizó una muestra de fotos sobre los 40 encuentros, para recordar los lugares que se recorrieron, las acciones que se realizaron y las personas que pasaron alguna vez por la UAC. En varios momentos se recordó con afecto a uno de los impulsores fundamentales de este espacio de asambleas, el periodista y militante ecologista Javier “El Gallego” Rodríguez Pardo (fallecido en 2015).
Fueron tres largas jornadas de trabajo y debate en grupos, talleres y dinámicas vinculadas al mapeo participativo. También se realizó una actividad pública en la plaza Solares de la localidad de Alta Gracia, que incluyó radio abierta y banderazo. Hubo una peña con artistas regionales que le pusieron música y danza al segundo día. Les organizadores desatacaron que participó mucha gente que se acercaba por primera vez al espacio y que volvieron a sumarse asambleas y grupos que hacía varios años no asistían.

Una construcción ladrillo por ladrillo
En el encuentro número 40, la UAC volvió a Córdoba, en donde empezó la historia de este gran tejido comunitario. En julio de 2006 en Colonia Caroya, localidad ubicada en el departamento de Colón, se reunieron por primera vez asambleas socioambientales de distintos lugares del país. Esos grupos ya venían en sus territorios enfrentándose a la megaminería, a los monocultivos de soja, a las fumigaciones, a las plantas productoras de celulosa (las famosas “papeleras”) y a otros proyectos que en ese entonces se instalaban como un modelo de producción basado en la extracción masiva de bienes a gran escala para su exportación.
Javier Astrada, comunicador popular y brigadista cordobés, participó de ese primer encuentro y lo recuerda: “Fue el inicio de un momento importante de nuestro país, teníamos el desafío de lo que venía a generar la soja, los transgénicos, las fumigaciones. La primera UAC se hizo en el corazón de la sojización, en Colonia Caroya, y luego se hicieron otras en la provincia: cuando enfrentamos a Monsanto, en Malvinas Argentinas en 2015, también en Córdoba capital en 2009 y en Capilla del Monte en 2008”.
Con los años se sumaron otras problemáticas a la agenda de la UAC: el fracking petrolero, la contaminación industrial, los proyectos de infraestructura vinculados a las llamadas “rutas del saqueo” y los incendios forestales.
Heredera del 2001, de la crisis de representatividad y de la proliferación de asambleas barriales en Buenos Aires y los cascos urbanos más grandes, la UAC se nutrió del surgimiento de asambleas de vecinos y vecinas autoconvocados en las regiones en donde se había empezado a instalar la idea del extractivismo como horizonte para salir de la crisis económica en la que estaba sumergido el país.
Desde sus inicios y hasta el encuentro número 30 en Rosario en 2018, el nombre de la red fue Unión de Asambleas Ciudadanas, en sintonía con el clima de época en el que se fundó. Sin embargo, luego de varios debates, se cambió el nombre a Unión de Asambleas de Comunidades, contemplando que la idea de “ciudadanía” tiene una impronta individualista y el sentido de lo colectivo es una de las características centrales de la UAC.

Luego de dos décadas de existencia, en donde hubo momentos de mayor y de menor participación, se sostiene como uno de los espacios más importantes de activismo ambientalista en el país, ya que ininterrumpidamente desde 2006 se mantuvo como un espacio organizativo con encuentros periódicos para pensar y organizar la lucha, pero también para diseñar y construir otro modelo de sociedad a través de distintos proyectos alternativos de agroecología, cooperativismo y comunicación comunitaria.
“En estas dos décadas hubo cambios, entendimos que la lucha ambiental era socioambiental, que cada explotación del extractivismo implicaba también el cambio de vida de un pueblo, de una comunidad afectada. Y por supuesto, además de afectar a esas personas que vivían en ese lugar, se llevaba riquezas a otro lado”, destaca Javier Astrada que participó de numerosos encuentros. “También es interesante leer a la UAC como parte de la comunicación popular, alternativa y comunitaria. No es casual que donde se ha hecho una UAC o donde hay una asamblea, hay una radio comunitaria o comunicadores populares”, reflexiona.
La UAC tiene comisiones permanentes, integradas por participantes de las distintas asambleas que entre encuentro y encuentro sostienen, coordinan y organizan. Hay comisiones de Reflexión, Prensa, Arte, Educación, Antipatriarcal y de Legales. Además, es itinerante. En sus comienzos se hacían encuentros tres veces por año en distintas regiones, pero contemplando las dificultades económicas para viajar pasaron a ser dos encuentros anuales y actualmente es solo uno por año. Durante más de una década hubo, además, encuentros más pequeños por zonas entre los encuentros “nacionales”. Así se formaron las regionales NOA-Cuyo, Litoral, Buenos Aires y Patagonia.
“El valor fundamental del sostenimiento de estos 20 años es que se demuestra que una red de redes que defiende la autonomía política, la autogestión económica y la horizontalidad, es posible”, dice Marco D’Angelo, de la Asamblea del Valle de Paravachasca.
Y agrega: “La propuesta es poder pensar en construir algo distinto, una construcción ladrillo por ladrillo, en la asamblea del barrio, con les compañeres de laburo, con las personas con las que nos juntamos a hacer la crianza de les niñes. Todas esas opciones son viables y se congregan en la UAC a dialogar”.

Próxima estación: Uspallata
El último día del encuentro, en un numeroso plenario de cierre, en donde se puso en común el trabajo en grupos y se consensuaron y aprobaron propuestas, se eligió además la próxima sede para la UAC 41: la localidad de Uspallata, en Mendoza. La Asamblea por el Valle de Uspallata será la anfitriona en 2027, en ese territorio atravesado por el conflicto megaminero, luego de la reciente aprobación del proyecto PSJ Cobre Mendocino (ex proyecto San Jorge), ubicado en la cabeza de cuenca del río Mendoza.
“Uspallata es un pueblo que está en la cordillera mendocina que resiste desde el 2008 a la megaminería. Para nosotras, que venimos desde lejos, saber que acá hay gente que quiere cuidar el agua y el territorio nos da esperanza. Nos hace sentir poderosas, realmente, aunque no vamos a negar que tenemos miedo. Pero estar hoy acá es un bálsamo para la lucha”, expresaron integrantes de la asamblea de Uspallata en la radio abierta que se realizó en Alta Gracia.
“Si avanza la minera, la vida que tenemos hoy va a ser muy diferente, vamos a sufrir lo mismo que están sufriendo otras provincias, como Catamarca o San Juan. Sabemos que la megaminería no deja nada bueno en ningún lugar del mundo”, agregaron. Entre aplausos y gritos de apoyo, las asambleístas cerraron su intervención con un mensaje: “La lucha es de los pueblos y somos los pueblos los que podemos manejar nuestro destino. Cueste lo que cueste vamos a seguir. El agua de Mendoza no se negocia”.
Edición: Darío Aranda.
