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Pichetto, Julio Argentino Roca y la pedagogía de la desmemoria
septiembre 3, 2021
Sección: Territorios
Miguel Pichetto, ex jefe kirchnerista en la Cámara de Senadores y ex candidato a vicepresidente del macrismo, volvió a reivindicar la figura de Julio Argentino Roca, el impulsor de la llamada “Campaña del Desierto”. Marcelo Valko describe el accionar del militar y recuerda que el Pueblo Mapuche es preexiste a la conformación de los estados de Argentina y Chile.
Pedagogía de la desmemoria. Marcelo Valko

Por Marcelo Valko*

I

Como no existe puntada sin hilo, en el canal de TV La Nación+ apareció hace unos días Miguel Pichetto declarando de lo más orondo que es necesario “reivindicar a Julio Argentino Roca. Él nos dio la Patagonia” (30/08/2021), y —haciendo gala de un conocimiento del que evidentemente carece— agregó “los mapuches no son pueblos originarios, esos eran los tehuelches”. Tales desconcertantes revelaciones causaron un lógico estupor para transformarse luego en un generalizado repudio.

Ahora bien. Si escarbamos un poco en la cáscara de este personaje advertimos que no hay nada nuevo bajo el sol y en realidad viene a ser más de lo mismo. Sin ir más lejos hace unos meses en medios rionegrinos aseguró: “Los mapuches no son pueblos originarios, venían con los bandidos chilenos”. Pero tal como aconsejó el viejo Jack en su momento “vayamos por parte” y tratemos de desglosar estas afirmaciones tan caras a los cultores de la historia oficial que hacen un culto a la amnesia y un catecismo del olvido y de la desinformación.

II

Miguel Angel Pichetto es un notable malabarista. Fue presidente de la bancada justicialista del Senado durante casi 20 años, un cargo sumamente estratégico desde donde se cocinan muchas cosas. Abarcó las presidencias de Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández y Mauricio Macri hasta llegar a ser candidato a vicepresidente de Cambiemos; un salto que de ningún modo fue al vacío y que habla sobre de su “profunda convicción ideológica” como de los entretelones del poder y sus operadores.

Sin ahondar demasiado, basta recordar que el ex ministro del interior Rogelio Frigerio resaltó que Pichetto “fue fundamental” para la aprobación de más de 200 leyes favorables al gobierno de Cambiemos (Página/12: 21/11/2018). Con tal elogio, huelgas comentarios. Otro dato a tener en cuenta es que comenzó su carrera política en la provincia de Río Negro, de la que fue legislador provincial, luego nacional y finalmente senador; y por eso, en semejante contexto curricular, sus declaraciones sobre “Roca y los mapuches no originarios” resultan aún más graves y significativas.

Por otra parte, los dicho de Pichetto llegan poco después que el presidente de Chile, Sebastián Piñera, abrumado por el curso que va tomando la redacción de la nueva Constitución trasandina, desempolva conflictos limítrofes urgido para galvanizar a la opinión pública con alguna causa nacional. Pichetto, mirándose en el mismo espejo, se erige y se propone como defensor de la soberanía patagónica.

III

Sobre su categórica afirmación “Roca nos dio la Patagonia”, como convirtiéndolo en un benefactor patriótico, existen datos fácticos que nos invitan a desconfiar del abnegado altruismo del general Roca. En principio ¿en qué fecha un comandante planearía tal invasión o conquista de la Patagonia, un gélido terreno austral? Dado el terreno de operaciones y la lejanía de las líneas de abastecimiento, hasta el lector menos versado en táctica y estrategia elegirá el fin de la primavera y comienzos del verano para contar con un clima más benigno y no someter a los propios soldados a penalidades innecesarias bajo condiciones extremas. No fue así.

Contradiciendo toda lógica, la campaña roquista se inicia en otoño-invierno. Los diarios denuncian los problemas logísticos adicionales y de toda índole que deberán enfrentar por no esperar la estación propicia, en especial el forraje para los animales: “Todos estos inconvenientes se evitan en la primavera, cuando los campos están verdes, los pastos frescos e incombustibles y por doquier se encuentra de qué vivir. ¿Por qué razón eligen el otoño?”. Un observador imparcial como el francés Alfred Ébélot señalaba que el General sometió “al soldado argentino a una inclemencia invernal innecesaria”. ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo de la premura? El ingeniero francés, invitado a la expedición del General, expone las causas con total claridad: “Verosímilmente, en la prisa había un poco de fiebre electoral. Sólo faltaba un año para la elección de un nuevo presidente de la República y el general Roca, decidido a presentarse como candidato, quería resolver antes la cuestión indígena”. Resolver “el problema indio” significa utilizar a los mapuches y ranqueles como un excelente trampolín al sillón de Rivadavia. En su afán presidencialista, ni siquiera mostraba el mínimo interés por los padecimientos de sus propias tropas y ni que decir con la suerte de los prisioneros.

IV

Los datos de esta nota están tomados de mi extensa investigación Pedagogía de la Desmemoria (Ediciones Continente), que indican al menos dos cuestiones. El año 1879, en que el Estado avanzó sobre Pampa-Patagonia, se explica por un particular interés de los grupos económicos, léase la Sociedad Rural, a quienes se le hacía agua la boca ante la posibilidad que brindan los avances en los sistemas de refrigeración para exportar bloques congelados de chilled beef (carne enfriada) disparando el precio de la carne congelada. Las vacas necesitan pasturas y los pastos estaban en manos de los indígenas. En la ecuación no entra la variable patriótica sino el margen de ganancia. La historia es económica.

¿Acaso antes no existía el “peligro chileno”? Antes de tales innovaciones tecnológicas ese territorio no tenía sentido económico tal como lo reconoce Sarmiento: “El mal que aqueja a la Argentina es la extensión (…) Para Buenos Aires la posesión de la Patagonia es inútil”. Incluso el comandante de frontera Álvaro Barros se preguntaba con extrañeza: “Si en 1865 se pudo hacer la guerra impopular contra el Paraguay, llevando 30.000 soldados a distancias diez veces mayores que La Pampa, ¿por qué no se llevaba la guerra seriamente contra éstos [indios]?”. Es evidente que el comandante no comprendía las reglas de un juego al que lo mueven intereses comerciales…

Existe además del evidente interés económico de la élite, la desmedida ambición presidencialista de Roca, algo que era vox populi tal como lo exponía una viñeta de la revista satírica El Mosquito. Donde se observa a varios de los principales políticos de entonces, como Sarmiento y Mitre, buscando algo en el suelo. De pie, un militar le pregunta a la República: “¿Dónde está el bastón [presidencial]?”. “Está en el Río Negro. Roca lo fue a buscar”.

El General “no nos dio la Patagonia”, la repartió a una élite que se apoderó de enormes latifundios y se enquistó en el poder. No hay patriotismo, sino un desmesurado interés personal. No hay valentía, sino una puesta en escena. No hay combate, apenas una cacería donde las lanzas no tienen chance frente al rémington con un alcance de mil metros. Roca no conquistó el desierto sino que construyó un desierto vaciándolo de seres humanos para hacer lugar a vacas y ovejas. Tal como postulaba Estanislao Zeballos, el publicista de su campaña: “La barbarie está maldita y no quedarán en el desierto ni los despojos de sus muertos”.

Para finalizar, Zeballos fue un coleccionista de cráneos indígenas que terminó siendo rector de la Facultad de Derecho, Canciller, líder de la Sociedad Patriótica y además es el impulsor del extraño latiguillo que diferencia a los “buenos indios argentinos tehuelches de los malvados indios invasores chilenos”. Misma frase que repite Pichetto agregando que “originarios eran los tehuelches”. Es decir, los conjuga en pasado, son ausencias, ya no están, pues todos los argentinos descendemos de los barcos… Incluso agrega de su propia cosecha la absurda negación de la ascendencia originaria de los mapuches cuando ambos pueblos son preexistentes a los estados argentino y chileno. Mucho más podría agregar sobre Roca y su ideólogo-juntacráneos y los conceptos que instaló la desmemoriada historia oficial y termina recitando el trapecista Pichetto, pero para eso están los libros. Es lento pero viene…

*Autor de los libros Desmonumentar a Roca y Pedagogía de la Desmemoria. http://marcelovalko.com

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