OPINIÓN
Por Silvia Oliviero Ghietto*
Los glaciares son los grandes depósitos de agua y heladeras del planeta, cumplen un rol fundamental como reguladores hidrológicos y de enfriamiento de la superficie de la tierra. En un contexto de profundización y aceleración de la Crisis Climática, como la ciencia global y los eventos climáticos extremos lo demuestran, la protección de los glaciares se transforma en un hecho vital y urgente. Sin embargo, el gobierno de Javier Milei envió al Congreso un proyecto de ley para modificar la Ley de Glaciares, que cuenta con el aval de las corporaciones mineras, de los gobernadores de las provincias que integran la Mesa del Cobre (Jujuy, Salta, Catamarca, San Juan y Mendoza) y de parte de los y las referentes de los partidos políticos mayoritarios.
El flamante informe "La bancarrota hídrica mundial: vivir más allá de nuestras posibilidades hidrológicas en la era poscrisis", publicado el 20 de enero por el Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de Naciones Unidas declara que el mundo ha entrado en una era de "quiebra hídrica global". Se trata de un punto de no retorno para ciertos sistemas hídricos, en los que la demanda humana ha agotado irreversiblemente las reservas acuíferas y secado los pozos del futuro, poniendo en riesgo el conjunto del sistema del planeta.
Las actividades humanas y productivas no solo han gastado de manera desigual el ingreso anual de agua de ríos y lluvias, sino que han vaciado los ahorros milenarios guardados en glaciares, humedales y acuíferos. El resultado son sistemas acuáticos quebrados: acuíferos compactados, lagos fantasmas, deltas que se hunden; sin capacidad de recuperarse. Aunque no podamos llenar de nuevo los acuíferos agotados aún estamos a tiempo de proteger cada gota y aprender a vivir de una manera diferente a como lo hemos venido haciendo hasta ahora.

El retroceso de los glaciares y los pueblos sin agua
El planeta ya ha perdido más del 30 por ciento de su masa glaciar desde 1970 y varias cordilleras de baja latitud —aquellas que se encuentran más cercanas al Ecuador— corren el riesgo de perder sus glaciares. Estos fenómenos eliminan reservorios naturales de larga data que antes amortiguaban periodos estacionales de escasez de agua.
El derretimiento de la capa de nieve y del permafrost —suelo, roca o sedimento que permanece congelado— añade más incertidumbre sobre la disponibilidad y almacenamiento de agua en sistemas de alta latitud. En las cuencas alimentadas por glaciares en Asia, los Andes y otras regiones montañosas, las comunidades ya están experimentando una transición del “punto máximo de agua” hacia flujos decrecientes, con implicaciones para la energía hidroeléctrica, el riego y la integridad ecológica.
Los glaciares abastecen de agua a más de 2000 millones de personas en todo el mundo y almacenan alrededor del 70 por ciento del agua dulce del planeta.
A medida que avanza el calentamiento global, muchos de estos sistemas primero experimentan un pico de agua, seguido de un descenso a largo plazo en los caudales durante la estación seca, una vez que el volumen del glaciar se ha reducido sustancialmente. De esta manera, una vez que los glaciares han perdido la mayor parte de su masa y los mantos de nieve estacionales se han reducido o desplazado hacia las zonas altas, no existe una vía posible para restaurar su función de amortiguamiento.

Las comunidades situadas aguas abajo de las principales cadenas montañosas del mundo deben adaptarse rápidamente a un futuro con flujos más variables y, en muchos casos, más bajos y erráticos durante la estación seca, incluso si la precipitación media anual no disminuye. La liquidación de estos “reservorios de ahorro congelado” interactúa con la sobreexplotación de aguas subterráneas y la sobreasignación de aguas superficiales, lo que condena a muchas cuencas a un estado permanente de déficit hídrico creciente.
Los glaciares son además “cápsulas del tiempo congeladas” que contienen archivos irreemplazables de la historia humana, ambiental y climática, los cuales proporcionan a los científicos y científicas datos inestimables sobre patrones climáticos históricos, composición atmosférica e incluso actividad humana a lo largo de miles de años.
Otro estudio reciente, publicado en diciembre del 2025 por la Revista Nature Climate Change, indica que el pico máximo de extinción de glaciares se alcanzaría a mediados del siglo XXI. La cuantificación de la desaparición de los glaciares se basa en cuatro escenarios de calentamiento global para 2100, en relación con los niveles preindustriales. Un escenario se adecúa a los objetivos establecidos en el Acuerdo de París, de entre +1,5 °C y +2,0 °C. Otro se ajusta a los compromisos de reducción de emisiones presentados por los Estados nacionales, +2,7 °C; y otro plantea un escenario de mayores emisiones de gases de efecto invernadero (GEI); +4,0 °C.
De esta manera, utilizando tres modelos globales de glaciares, se proyecta un aumento brusco en el número de glaciares que desaparecen en todo el mundo, alcanzando su máximo entre 2041 y 2055, con aproximadamente 4.000 glaciares desapareciendo anualmente. En regiones dominadas por glaciares pequeños y de rápida respuesta —como el Cáucaso o los Andes subtropicales (ubicados en latitudes bajas), el norte de Asia y los Alpes europeos (Europa Central)— se proyecta que más del 50 por ciento de los glaciares desaparezcan en las próximas dos décadas.
Los siguientes gráficos indican los diferentes escenarios a nivel global y en Sudamérica. Comparan el número y tamaño de glaciares en 2025 (barras blancas) con proyecciones para el año 2100, de acuerdo a los cuatro niveles de calentamiento global (barras de colores) proyectados en los tres escenarios.

La altura de cada barra indica el número total de glaciares dentro del intervalo de tamaño correspondiente. Una línea negra sólida resalta la altura de las barras blancas, representando la distribución actual. La cantidad de glaciares existentes en 2025, indica el gráfico en fuente negra, son 211.490 a nivel global y 15.274 en los Andes; las proyecciones para las distintas temperaturas proyectadas para 2100 se listan debajo con caídas abruptas.
Defender la Ley de Glaciares, defender la existencia
El panorama planteado, con información y datos de la ciencia global, nos demuestra que los glaciares, como parte de la criosfera —todas las zonas del planeta donde el agua se encuentra en estado sólido, desde glaciares hasta el permafrost— representan una forma de capital natural poco valorado, pero esencial que ya está siendo liquidada de manera irreversible. Esto genera importantes desafíos que implican un mayor cuidado y protección de estos ecosistemas únicos mediante el fortalecimiento de los instrumentos jurídicos y de fiscalización estatal.
Además de la profundización y masificación de la educación ambiental, la creación de las condiciones necesarias para sostener y ampliar el conocimiento científico y comunitario, y, al mismo tiempo, planificar las medidas operativas y de asignación de los bienes comunes esenciales como el agua, ya que la infraestructura, las instituciones existentes y la manera en que habitamos el planeta han sido diseñadas para ajustarse a condiciones históricas que ya no existen ni son posibles.
Si la Ley 26.639 de Presupuestos Mínimos para la Preservación de Glaciares y del Ambiente Periglacial —emblemática para el ambientalismo y conseguida mediante la articulación y la organización social— pudo superar a lo largo de todos estos años los embates constantes del capital minero y sus socios para derribarla, no podemos darnos el lujo de perderla ahora. Significaría renunciar a nuestra propia existencia.

* Magíster en Química y Ambiente. Profesora "Ambiente, Ciencia y Tecnología en Latinoamérica", CCC- Lic. Historia, Undav y Maestría en Ingeniería Ambiental (UTN). Miembro Grupo Expertos de la Oficina de América Latina y el Caribe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
