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La escasez de agua afecta al 39 por ciento de la población mundial
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reveló que 3000 millones de personas sufren déficit de agua en zonas agrícolas.
diciembre 1, 2020

“El estado mundial de la agricultura y la alimentación”, es el título del informe principal de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Este año estuvo enfocado en el recurso vital para el agro y para la vida: “Más de 3000 millones de personas viven en zonas agrícolas con niveles altos o muy altos de déficit y escasez de agua, y casi la mitad de estas personas afrontan graves limitaciones”. En su informe, la FAO no remarca que el agua es un derecho humano (como sí lo hace la propia ONU) y propone considerarlo “como un bien económico que tiene valor y un precio”.

Todos los años la FAO realiza un informe sobre el estado del agro. “Superar los desafíos del agua en la agricultura”, es el subtítulo del reporte 2020. “La disponibilidad de recursos de agua dulce por persona ha disminuido en más de un 20 por ciento durante los dos últimos decenios a nivel mundial”, precisa el organismo de Naciones Unidas.

El informe precisa que 1200 millones de personas, de las cuales un 44 por ciento se encuentra en zonas rurales y el pequeños centros urbanos en el campo, habitan en lugares en los que la gravedad del déficit y escasez de agua plantea un desafío para la agricultura. Alrededor del 40 por ciento de estas personas vive en Asia oriental y sudoriental. El cuatro por ciento vive en América Latina y el Caribe, América del Norte, Europa y Oceanía.

El cinco por ciento de las personas que viven en el África subsahariana también padecen escasez de agua. “Unas 50 millones de personas viven en zonas en las que la grave sequía tiene efectos catastróficos en las tierras de cultivo y pastoreo una vez cada tres años”, detalla la FAO.

El 11 por ciento de las tierras de cultivos de secano en el mundo (128 millones de hectáreas) afrontan sequías frecuentes. Lo mismo sucede en el 14 por ciento de las tierras de pastoreo (656 millones de hectáreas). Y el 60 por ciento de las tierras de cultivos de regadío (171 millones de hectáreas) se ven sumamente afectadas por el estrés hídrico.

El informe señala que, en algunos casos, los sistemas de riego en pequeña escala y dirigidos por agricultores pueden ser más eficaces que los proyectos a gran escala. Por otro lado, advierte que los agrocombustibles requieren entre 70 y 400 veces más agua que los combustibles fósiles a los que sustituyen.

¿Mercancía o derecho humano?

Entre las diversas propuestas de solución, la FAO señala la necesidad de invertir en la recolección y conservación del agua hasta la rehabilitación y modernización de sistemas de riego sostenibles en zonas de regadío. Define la FAO: “El agua debería reconocerse como un bien económico que tiene valor y un precio. Señala que en la práctica se considera el agua como un producto básico gratuito y eso “suele crear ineficiencias”. Propone determinar “un precio que refleje el verdadero valor del agua, que envíe una señal clara a los usuarios para que utilicen el agua de forma inteligente”.

Naciones Unidas, ámbito rector de la FAO, reconoció en julio de 2010 (mediante su Asamblea General) explícitamente “el derecho humano al agua”, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. La Resolución 64/292 exhorta a los Estados y organizaciones internacionales a proporcionar recursos financieros, a propiciar la capacitación y la transferencia de tecnología para “ayudar a los países, en particular a los países en vías de desarrollo, a proporcionar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible para todos”.

En noviembre de 2002, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU adoptó la Observación General 15. Establece que “el derecho humano al agua es indispensable para una vida humana digna” y lo define como el derecho de cada persona a “disponer de agua suficiente, saludable, aceptable, físicamente accesible y asequible para su uso personal y doméstico”.

Foto: Gabriel Lindoso / Greenpeace