Chango Spasiuk: "Tener ríos y lagos limpios no puede ser considerado un lujo. Son derechos"
abril 6, 2026
A contramano de algoritmos y reels, el Chango Spasiuk invita a una pausa para reflexionar sobre el presente, tomar postura y proponer caminos que salgan del individualismo y la mercantilización. Llama a “construir espacios que nos vuelvan a reunir comunitariamente”, califica de "ignorantes" a quienes votan contra la Ley de Glaciares y afirma: "La calidad de vida es cuidar el territorio en el cual vivimos".
Chango Spasiuk: "Tener ríos y lagos limpios no puede ser considerado un lujo sino un derecho"
Foto: Ignacio Arnedo

Por Sergio Arboleya

“Los pueblos, los hombres, se enfrían por ausencia de espíritu. Pero estamos nosotros, con pedernal y yesca, con melodías y cantares, poemas y reflexiones, alto desvelo y sueños de todo tipo, para entibiar las horas de aquellos que no quieren congelarse todavía”, escribió Atahualpa Yupanqui en 1987. El Chango Spasiuk recupera esas palabras casi cuatro décadas más tarde para definir mucho más que un concierto retrospectivo en torno a su propia obra porque, reflexiona “no es que el mundo necesita que yo haga eso, pero yo lo necesito hacer para encontrar mi lugar en el mundo y para mostrar que hay otra posibilidad de hacer las cosas”.

Camino a las cuatro décadas de actividad colocando el sonido de su acordeón como puente a una vivencia estética que parte del Litoral, se remonta a sus ancestros ucranianos y se proyecta como una música planetaria con los pies enraizados, Spasiuk asume que su manera de “hacer las cosas” está en estrecha relación con lo que acontece a su alrededor.

“Entonces se incendió la Patagonia y fuimos a tocar allí para colaborar pero los incendios volvieron y ahora estamos con el cambio de la Ley de Glaciares y cuesta comprender como una y otra vez aparece esta cosa insaciable y salvaje de la productividad y de creer que la calidad de vida de los ciudadanos y de los pueblos está relacionada con el consumo. Hay como una hipnosis tan grande que perdemos la perspectiva acerca de que la calidad de vida es cuidar el territorio en el cual vivimos, es producir de una manera sustentable y entender y cuidar el espacio en el cual vivimos que es lo que nos posibilita acceder a cosas que son absolutamente vitales y necesarias para nosotros como el agua, la sombra, el aire puro y que no queremos que se vuelvan una mercancía”, apunta el acordeonista y compositor nacido hace 57 años en la ciudad misionera de Apóstoles durante una entrevista con Tierra Viva.

Chango Spasiuk: "Tener ríos y lagos limpios no puede ser considerado un lujo sino un derecho"
Foto: Ignacio Arnedo

Desde esa perspectiva —una de las que nutre la esencia de su música que sabe conciliar el patio chamamecero con los saberes de la academia— se asoma a la amañada audiencia pública a la que la Cámara de Diputados convocó como paso previo al tratamiento en Diputados de la modificación a la Ley 26.639 que protege los glaciares y formula: “No queremos espejitos de colores y eso quedó claro en lo que fundamentó la inmensa mayoría de la gente que pudo expresarse estos días en el Congreso y que habló en nombre de muchos más. Esas voces, además, se contrapusieron a la mediocridad de senadores (que el 27 de febrero dieron media sanción a la reforma de la norma) diciendo tremendas barbaridades de una bajeza, de una ignorancia y de un desconocimiento total de la historia, de la cultura, del territorio. Hay que cultivar la paciencia para soportar esa mediocridad en su máxima potencia”.

Enfático pero sin perder la serena hondura de su expresión, Spasiuk insiste con que “tener ríos, arroyos y lagos limpios no puede ser considerado un lujo, son derechos que debemos defender para cada uno de los ciudadanos y habitantes de este suelo”.

Y buena parte de esa visión pintará el recital titulado “Mundo Chango” que desplegará el viernes 10 de abril en el teatro porteño Coliseo que, avisa, “no tiene que ver con el entretenimiento sino con construir espacios que nos sacudan, que nos vuelvan a la sensibilidad y que nos vuelvan a reunir comunitariamente para poder mirar hacia adelante y refinar nuestros corazones para sentir, para darnos fuerza y para pensar en voz alta y, por sobre todas las cosas, para pensar con memoria”.

Para Spasiuk esta renovada apuesta es otra tentativa a lograr que “a lo mejor el arte nos pueda ayudar a alimentarnos anímicamente para seguir sosteniéndonos en estos tiempos. Sin desesperanzarnos, sin perder la capacidad de la celebración, sin perder la capacidad de la alegría”.

¿Construir al menos por un rato ese “Mundo Chango” es también encarnar una alternativa, una posibilidad?

—Seguro, porque hay otro mundo posible que en mí se alimenta cuando veo la lucha de los otros también. Yo realmente tengo un profundo respeto por la gente que lucha, que sale, que opina y que hace su parte. Me parecen muy conmovedores esos gestos y esos actos porque son los sostienen al mundo todavía. Conocer a esos grupos que se paran de una manera tan digna y tan hermosa resulta muy inspirador para mí.

Chango Spasiuk: "Tener ríos y lagos limpios no puede ser considerado un lujo sino un derecho"
Foto: Ignacio Arnedo

Sin por ello pensar en el arte como una cosa utilitaria, ¿sentís que sirve para también abrir esos horizontes?

—Sí, totalmente, es una enorme herramienta de nuestra comunidad, porque ese arte está conectado con la historia de toda esa comunidad. Entonces, no es algo que esté separado. Somos nosotros mismos, es parte de un cuerpo sólido, objetivo y constructivo.

En momentos donde lo territorial está siendo tan amenazado, ¿cómo resuenan las músicas tan arraigadas a una región, a un paisaje?

—Las expresiones culturales son expresiones del territorio también y al hablar de nosotros nos vinculan con los territorios a los cuales pertenecen esas expresiones. Eso conlleva a una tremenda responsabilidad de conectar y resignificar los territorios que habitamos y de darles un valor. Entonces cuando se modifica de una manera tan violenta, tan agresiva y tan destructiva el territorio se destruye parte de lo que nosotros somos porque estamos arrasando ese corpus histórico que somos, ese cuerpo, esa manera de pararnos ante el mundo y decir “estamos acá y vemos el mundo con estos ojos y contemplamos el sentido de la creación desde esta perspectiva”. La tierra no es tierra nomás porque nosotros estamos hechos de esos elementos, somos portadores de esos elementos y no podemos ser tan imbéciles de creer que todo es productivo sin tener ningún nivel de conciencia. Como dijo Simón Bolívar "un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción" y el desconocimiento de la agresividad de estas decisiones es de una enorme ignorancia y nos lleva a una total destrucción de nosotros como comunidad y por eso duele todo lo que ahora nos intimida.

¿Qué significa invitar a la gente a entrar en la integralidad de tu obra?

—No es solamente compartir mi música, sino compartir las cosas que a mí me conmueven, las cosas que a mí me parecen bellas. Es como una locura porque no hay un mango, es re-difícil trabajar, cuesta un montón cortar tickets y todo lo demás y sin embargo uno se embarca en cosas como esta que pareciera que no son necesarias, pero para mí son necesarias intentarlas. Para este concierto sumaré al artista visual Martín Schachner a quien hace años conocí por su trabajo en Animática Argentina donde hace máquinas de espejos y de dibujos que son como hablar de lo que no se puede expresar a través de las palabras que usamos para comunicarnos en lo cotidiano y le dije, "quiero que hagas una máquina y que dispares imágenes desde el escenario en momentos de tanto humo, de pantallas de led digitales y todo lo demás”. Y Martín va a estar ahí como sacando magia contra un lienzo proponiendo un arte tan refinado y tan aparentemente simple, pero que para mí es como una manera de volver a la verdad, de volver a la rueca, de volver a algo absolutamente esencial y así resignificar qué es la belleza y lo necesaria que es la belleza en este momento de la humanidad, en donde permanentemente se subraya la productividad, la eficiencia y una carrera de un consumo salvaje y de una explotación del hombre por el hombre. Siento que vivimos tiempos en el que hemos perdido de vista nuestra relación con la belleza, todo lo que nos nutre y lo importante que es para encontrar nuestro lugar en la creación y nuestro lugar en las cosas y por ello me parece un acto absolutamente revolucionario proponer algo así en este momento.

¿Fue ese el impulso que te llevó a proponer “Mundo Chango”?

—El disparador se dio a partir del cuadro de Heriberto “Cata” Eichenberger, un artista de Romang, en el interior de Santa Fe, que pintó con tierra colorada todo el fondo y dibujó un niño haciendo un mundo con sus brazos. Una vez cuando fui a tocar por Santa Fe, se acercó al lugar del concierto y me regaló ese cuadro diciéndome "esto se llama ‘Mundo Chango’ y ese niño sos vos”. Después de que hice el concierto (en septiembre de 2024) en el Teatro Colón celebrando los 35 años de mi música y todo ese rollo, me dieron ganas de planear algo un poco más amplio todavía de mi mundo sonoro, de mi mundo, de mi música y sentí que ese cuadro simbolizaba un montón de cosas: Ese niño, esa tierra colorada, todo lo que hay ahí adentro y todo lo que ha sucedido desde ese niño hasta ahora en el camino.

Un montón de facetas y de músicas..

—Absolutamente. Voy a estar con el grupo con el que vengo tocando, va a haber un piano y tocará también una versión reducida de Sur del Sur Ensamble para poder abrazar toda esa paleta de instrumentos y de colores sonoros y atravesar un poco mi manera de entender la música, desde la más tradicional como las polcas, los chotis y el chamamé hasta aquella que compuse para cine.

¿Extrañás crear música para cine?

—Mucho, pero por suerte estoy trabajando en un proyecto para eso que me está permitiendo retomar un poco mi relación con el cine. Apareció una oportunidad y me entusiasma la posibilidad de poder trabajar estéticamente de otra manera, con otros colores y aunque de una manera u otra aparezca mi raíz. Es una manera de estar muy enfocado tratando de ocupar mi tiempo en todo proceso creativo que tenga a mano y que me mantenga conectado con algo que de alguna manera es mi vida.

En ese andar aparece recurrentemente una revisión de tu obra que ponés a consideración de la gente que escucha tu música. ¿Hay proyectos en ese sentido?

—Sí, tengo previsto publicar dos materiales. Entre fines de abril y mayo voy a sacar un disco que se va a llamar “Febrero del 2003”, que es una grabación de una sola tarde, en aquella fecha, con Darío Eskenazi, un pianista argentino de jazz argentino que vive en Nueva York hace más de 35 años. Entonces nos juntamos en un estudio para dejar un registro de lo que habían sido unos recitales donde nos encontramos para que quedara como una fotografía, como un recuerdo. Pero el año pasado encontré esas grabaciones y lo llamé a Darío porque se escucha algo hermoso a partir de seis improvisaciones alrededor de mi música. Para más adelante también voy a publicar parte de la una grabación de lo que fue el concierto por mis 35 años de música en el Teatro Colón que es algo que me lleva mucho tiempo porque tiene que tener elementos que no estén presentes en el primero (“Tierra colorada en el Teatro Colón”, de 2014) y debo tomar elementos que se despegan un poco de ese primer disco como para que sea como complementario de aquel, aunque haya 12 o 13 años de diferencia entre uno y otro.

Y en otro soporte, el gráfico, me tiene muy contento el poder editar un libro con 15 composiciones mías arregladas para piano por Matías Martino. El proyecto es muy interesante porque vengo de una tradición oral y me gusta poder tener 15 arreglos para piano de mi música para que la gente que viene de la tradición académica se pueda sentar y encontrarse con lo que hago en cualquier lugar del mundo. Será una publicación de la Editorial Mil Campanas (donde además existen publicaciones de partituras de Diego Schissi, Franco Luciani y Juan Falú, entre más) tanto en formato físico como en formato digital que se ofrecerá en tres niveles de arreglos: uno más accesible, otro intermedio y un tercero para personas virtuosas.

Y seguís tocando…

—Siempre que puedo. Además estoy desarrollando un proyecto con dos productores de Los Ángeles (el argentino Leandro Álvarez y el español Rafa Sardina) que me proponen cruzarme con otros artistas y dialogar desde el acordeón con esos otros abordajes sonoros.

*Edición: Darío Aranda.

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