Por Laura Hintze
En la oferta gastronómica-cultural y del paisaje ribereño —por ahora accesible para todas y todos— en la costa de Rosario falta el Almacén de Las Tres Ecologías. Es un emprendimiento autogestivo donde, por más de una década, cooperativas, productores y organizaciones de la economía social de todo el país vendieron sus productos en un espacio público cedido a tal fin, en una zona codiciada por el negocio inmobiliario. Desde este año, por decisión unilateral de la Municipalidad, está cerrado. “El neoliberalismo es la práctica económica que, diciendo que está en contra del Estado, hace los mejores negocios con el Estado. Se apropia de sus recursos de infraestructura, de los recursos naturales o financieros para hacer negocios. Esto es lo que sucede. Es un proceso de profundización de la privatización”, reflexiona Roberto García, integrante de Las Tres Ecologías.
Durante años, quienes llegaban los fines de semana hasta el paseo ribereño podían encontrarse con un galpón de 25 metros por 10 donde había comidas, bebidas, artesanías, plantas, libros y textiles elaborados por cooperativas y organizaciones de distintas provincias. Pero el Almacén no era solamente un lugar de venta. Aprovechaba su ubicación y el alcance a nuevos oídos y preguntas para abrir conversaciones a través de radios abiertas, presentaciones de libros, música en vivo, ferias y encuentros nacionales. Ese borde de la ciudad, a orillas del Paraná, se convertía en un lugar para producir, intercambiar y encontrarse.
El Almacén de las Tres Ecologías está cerrado desde enero. La Municipalidad de Rosario desocupó el galpón que había cedido once años antes a las organizaciones que lo gestionaban. Primero intentó hacerlo por la fuerza; después formalizó el cese del contrato por decreto. Desde entonces, quienes sostuvieron el proyecto se reorganizan fuera de ese espacio y buscan otro lugar en la ribera. Detrás de esta disputa vuelve la pregunta que los rosarinos se hacen una y otra vez: ¿qué proyecto de ciudad se está construyendo frente al Paraná?

El lujo es la organización comunitaria
El Almacén de las Tres Ecologías abrió sus puertas el 11 de febrero de 2015. “Ese día había muchísima alegría”, recuerda García. Habían trabajado todo ese verano para dejar el lugar a punto. El mobiliario, hecho con maderas recicladas, fue una de las marcas del espacio durante la década que funcionó: le daba un tono artesanal y luminoso que lo diferenciaba de lo que había alrededor. La inauguración reunió a amigos, organizaciones hermanas, ecologistas y autoridades municipales. “Fue el comienzo de una iniciativa única en todo el país”, resalta.
La apertura del comercio fue fruto de un acuerdo entre la Municipalidad de Rosario y tres redes de la economía social, solidaria y popular: la Red de Comercio Justo del Litoral, el Centro Ecuménico Poriajhú y la Cooperativa de Trabajo Encuentro Nacional. El Estado cedió a las organizaciones un espacio público sin cobrarles alquiler ni canon por su uso.
El galpón que recibió a las organizaciones cooperativas había pertenecido a empresas públicas vinculadas al puerto y al ferrocarril. Quedó abandonado después de las privatizaciones de los años 90. Según García, mientras buena parte de esos espacios terminó destinada a proyectos inmobiliarios de lujo, otros quedaron en manos del Estado, municipal o provincial. Ese fue el caso del galpón donde funcionó el Almacén, que quedó bajo la órbita de la secretaría de Economía Solidaria de la Municipalidad.
“La evaluación que hicimos hace 13 años fue que toda la costa se estaba privatizando y que solamente un galpón de 50 metros por 10 había quedado en manos de la Secretaría de Economía Solidaria. Entonces eso debía ser dedicado a prácticas relacionadas con la economía social y solidaria, una economía absolutamente emergente y débil frente a la economía de capital y del mercado. Nos pareció importante armar una propuesta en la que el municipio no hiciera algo estándar y llamara a licitación, que era lo que iba a hacer”, cuenta.
“Por eso no alcanza con decir que Las Tres Ecologías fue un proyecto cooperativo. Hubo una propuesta política muy fuerte: que estas organizaciones de la economía social, solidaria y popular pudieran gestionar un espacio del Estado de manera mancomunada, sin que el Estado aportara dinero ni les cobrara, sino que simplemente cediera el espacio. Fue una experiencia de democracia participativa en el sentido más fuerte que se pueda imaginar”, continúa. El Estado cedió medio galpón. Y la experiencia funcionó.
La lucha por ocupar un espacio público bajo las banderas de la comunidad y el trabajo comunitario tuvo como escenario un espacio en el que crece a toda velocidad la construcción de espacios y torres suntuosos.

Tres ecologías, tres frentes de disputas
El nombre Las Tres Ecologías alude al texto homónimo que el filósofo Félix Guattari escribió en 1989. Allí plantea que las respuestas a la crisis global del capitalismo deben desplegarse en tres frentes: las relaciones sociales, el ambiente y las subjetividades individuales y colectivas.
Durante once años, el Almacén ofreció, en uno de los lugares más codiciados por el mercado inmobiliario de Rosario, producciones de cooperativas y organizaciones de todo el país. Más de 150 productores estuvieron vinculados al espacio. Y también llegaban producciones colectivas, como las de la Cooperativa Vitivinícola de Cafayate, los productores de Fuerte Alto Calchaquí, grupos de apicultores de Formosa y cooperativas yerbateras de Misiones. Detrás de esos productos había cientos de familias.
Había dos maneras de formar parte del Almacén. Una era integrar una organización cooperativa que trabajara en red con las entidades que habían firmado el contrato de cesión de uso. La otra era ser un productor vinculado a los programas de alimentos o artesanías de la Dirección de Ferias y Mercados de la Secretaría de Economía Solidaria de la Municipalidad. Con los años apareció una tercera vía: una feria autogestiva y gratuita en la vereda. La propuesta permitía la participación personas que no estaban vinculadas con las organizaciones del Almacén o que no podían ingresar a través de los programas municipales.
Pero además, el Almacén abrió sus puertas —con el Paraná y sus islas como paisaje— a propuestas culturales y políticas. Hubo radios abiertas, presentaciones de libros y música en vivo. El artista salteño Haro Galli pintó un mural que se volvió emblemático. Durante ocho años fue sede de la Fiesta del Fuego, un encuentro de ceramistas organizado junto con la Universidad Nacional de Rosario. Cada agosto se celebró la Pachamama junto a comunidades indígenas.
El espacio fue mucho más que un punto de comercialización. En ese galpón convivían productos de distintos territorios, experiencias cooperativas y actividades que ampliaban el sentido de estar en la costa. Esa combinación también explica por qué la disputa por el lugar no es solamente una discusión sobre un galpón. Lo que está en juego es qué actividades, qué formas de organización y qué actores tienen lugar en la zona más linda de la ciudad.
El desalojo

“Ese día fue traumático, doloroso”, recuerda María Torresi. Ella es artesana, empleada de comercio y es parte de las Tres Ecologías desde 2022. El 31 de enero de 2026 el día empezó como cualquier otro. Torresi estaba en el negocio donde trabaja y durante cuatro horas no miró el celular. Cuando salió, tenía el teléfono estallado de mensajes y llamadas perdidas. “Yo veía palabras como ‘desalojo’ y ‘policía’ y no entendía nada”, cuenta. “Cuando llegué a mi casa me puse a leer con atención y ahí empecé a llorar, desesperada”. Lo que había ocurrido durante esas horas era que agentes de la Guardia Urbana Municipal habían llegado al Almacén con un cerrajero, rompieron los candados y tomaron posesión del lugar, desconociendo el contrato vigente.
Torresi se había sumado a Las Tres Ecologías a través de los grupos de emprendedores y emprendedoras de la Municipalidad. Formaba parte de los programas de la Secretaría de Economía Social e integraba el proyecto cooperativo. Para ella fue un antes y un después. “Hasta ese momento, yo iba a las ferias de la Municipalidad y vendía mi producto. En el Almacén la dinámica fue totalmente diferente. Veníamos con una idea de trabajo individual y eso fue mutando a convertirse en un trabajo colectivo”, explica.
Con el tiempo, mientras vendía los productos que llegaban al Almacén, María conoció otras experiencias de trabajo. “Te hace click la cabeza”, grafica. “Yo vi otro tipo de trabajo y otra interrelación con otros y otras que no había visto a nivel laboral. Fue todo un aprendizaje”. Esa experiencia le significó descubrir que la autogestión era posible y pudo darle otro valor al trabajo cooperativo.
Después de ese 31 de enero, lloró durante meses. Lo que siguió al cierre fue la resistencia, que incluyó jornadas de radio abierta en las que ella y García tomaban el micrófono. Cada vez que lo hacía, la angustia volvía. “Ahora se me pasó. Pero por mucho tiempo no pude sacarme la sensación que me generó este atropello innecesario”, cuenta. Durante todo este año, además, se hicieron ferias, se celebró el Día de la Pachamama y también la 8° edición de la Fiesta del Fuego.

La previa al cierre
El desalojo que protagonizó la Municipalidad de Rosario había comenzado antes del 31 de enero. El 19 de noviembre de 2025 se había inaugurado el Mercado del Río, un espacio gastronómico que funciona en un galpón de 25 metros por 10, la otra mitad del edificio que ocupaba el Almacén de las Tres Ecologías. El espacio, que pertenecía a la entonces Subsecretaría de Economía Social, fue asignado mediante licitación a nueve empresas gastronómicas. La propuesta incluye tapeo, vermú, cerveza artesanal, tragos, sándwiches, empanadas y otros productos, además de música en vivo y shows de DJs.
El Mercado del Río y el Almacén convivieron durante un tiempo. Pero mientras las organizaciones que integraban el Almacén se preparaban para un año complejo, que incluía la renovación del contrato, llegó la primera advertencia: la Subsecretaría les pidió que cerraran el espacio y lo vaciaran para realizar obras de mantenimiento.
La negativa fue rotunda. Poco después, agentes municipales llegaron al lugar para ejecutar el desalojo. “Una persona que vive cerca nos llamó apenas vio la movida. Llegamos cuando estaban rompiendo los candados. Mucho no pudimos hacer porque éramos dos, pero sí dejamos en claro que se estaba cometiendo un delito, porque el lugar estaba cedido bajo contrato municipal”, relata García.
Según cuenta, los agentes respondieron que habían recibido la orden de la Municipalidad. Las organizaciones filmaron lo que estaba ocurriendo y difundieron las imágenes. La reacción fue inmediata: mientras afuera crecía la indignación y el malestar, adentro comenzaron a organizar una guardia para proteger las producciones que estaban en el galpón.
“Después volvieron, pero acompañados por la Policía y dos camiones. Se querían llevar todo. Ahí ya éramos más y pudimos impedir que se llevaran nuestro trabajo”, continúa. Las cooperativas vaciaron el espacio de forma ordenada y, desde entonces, la Municipalidad tomó posesión del galpón.
El 11 de febrero, exactamente once años después de la inauguración del Almacén, el intendente Pablo Javkin decretó el cese del contrato. Meses después, el galpón fue reinaugurado bajo el nombre de Puerto Emprende, un espacio que, según difundió la Municipalidad, reúne emprendedores, ferias, talleres, capacitaciones, asesorías y actividades culturales.
“En un principio el plan era seguir licitando, pero como los acusamos de privatizar, cambiaron el discurso. Entonces hicieron un espacio para emprendedores, que es lo que les gusta a ellos: cero cooperativa, cero autonomía, cero desarrollo de verdaderos proyectos a largo plazo”, explica García.

Cambio de nombres, cambio de políticas
Durante los once años que funcionó el Almacén, las sucesivas gestiones municipales fueron transformando la Secretaría de Economía Solidaria en una Subsecretaría de Economía Social. Para García, ese cambio también modificó el sentido de la política pública: el Estado pasó de impulsar formas de organización y comercialización colectiva a concentrarse en ferias y espacios para emprendedores.
El desarrollo de una economía de carácter solidario desde el Estado, sostiene García, debería ir más allá de esas políticas. El desafío, plantea, es generar instancias de distribución de las producciones, impulsar la organización cooperativa e incentivar formas de consumo organizado. “Y trabajar con las organizaciones que ya lo vienen haciendo, no para acoplarse a ellas ni para resolverles todos los problemas, pero sí para ayudarlas a que esa economía se desarrolle, como hacen con la economía privada”, remarca.
Ese giro, sostiene, también puede leerse en la transformación de la costa. Tierras y edificios que alguna vez fueron públicos y quedaron bajo administración municipal o provincial fueron destinados a emprendimientos privados, centros comerciales, edificios y edificios costosos que nadie puede alquilar para vivir.
Para él, el conflicto por el Almacén forma parte de ese proceso. Y sostiene: “Lo que nosotros evaluamos varios meses más tarde es que todo lo que hicieron fue para amedrentarnos, humillarnos y demostrarnos que ellos tienen el poder, y que no hay alternativa para que iniciativas de la sociedad civil se sostengan”.

Camino a La Pérgola
La historia, sin embargo, no terminó con el cierre del galpón. Así como continuaron las actividades del Almacén, las organizaciones que lo integraban presentaron en junio un nuevo proyecto: un espacio de comercio justo cooperativo y un Observatorio Ciudadano del Río Paraná. La propuesta, que se está discutiendo en el Concejo Municipal, busca reunir en un mismo lugar la comercialización de productos de la economía social y el monitoreo de la situación del agua y los humedales. También incluye espacios de participación para asambleas socioambientales, talleres para escuelas y actividades de turismo ecológico.
El lugar que proponen ahora es La Pérgola, un espacio lindante al galpón donde funcionó el Almacén. Para que el proyecto avance todavía necesita atravesar las comisiones del Concejo Municipal y ser aprobado en sesión. Pero también depende de que la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat de la Municipalidad autorice el uso del espacio. Ahí, dicen las organizaciones, está el principal obstáculo.
“Si no nos querían en la costa antes, menos ahora. De hecho nos repiten permanentemente que todo el mundo quiere ese lugar. Y eso es obvio. El problema es quién tiene derecho a estar ahí”, dice García.
La pregunta queda abierta. El Almacén ya no está en el galpón donde funcionó durante once años. Pero sus organizaciones siguen disputando un lugar frente al Paraná y, con ese lugar, una forma de entender la costa. No como un paisaje disponible para el mejor postor, sino como un espacio público donde también puedan entrar el trabajo cooperativo, la economía social, la organización comunitaria y la defensa del humedal.
