Del cautiverio doméstico al tráfico de especies: “La fauna silvestre no es mascota”
noviembre 3, 2026
De animales de compañía a mascotas y tráfico de animales. De proteger la vida a negocios crueles que mueven hasta 20.000 millones de dólares. Un recorrido, junto a la investigadora Claudia Nigro, que ayuda a pensar qué implica convivir con animales, la domesticación y el atentar contra los derechos de la naturaleza. La interdependencia entre la salud humana, de los animales y de los ecosistema
“La fauna silvestre no es mascota”. Del cautiverio doméstico al tráfico ilegal de especies
Foto. Juan Martín Mastropaolo

Por Ivonne Guevara

Una tortuga en un patio, un loro en una jaula o un animal exótico dentro de una casa pueden parecer escenas inocentes, hasta pintorescas. Pero detrás del mascotismo de fauna silvestre hay pérdida de biodiversidad, riesgos sanitarios y un tráfico ilegal que se cuenta entre los mercados ilícitos más lucrativos del mundo. Claudia Nigro, activista y veterinaria, aclara: “Bastaría con decir que sin vida silvestre la especie humana no podría sobrevivir en el planeta”.

A veces la relación entre las personas y la fauna silvestre comienza con una intención que parece buena, como cuidar, proteger, tener cerca, darle “hogar”. El problema aparece cuando ese vínculo se transforma en apropiación.
El ser humano domesticó algunas especies y las convirtió en animales de compañía hace miles de años. Sin embargo, aquella relación construida a lo largo de generaciones suele confundirse todavía con otra muy distinta, la de querer tener cerca, poseer o encerrar a un animal porque resulta bello, exótico o entrañable.

El problema excede largamente al ejemplar encerrado en una jaula. El comercio ilegal de vida silvestre mueve, según Interpol, hasta 20.000 millones de dólares por año a escala mundial y se encuentra asociado con otras formas de criminalidad organizada. Detrás de muchos animales que terminan en una casa existe una cadena previa de captura, traslado, comercialización y muerte.
Nigro es médica veterinaria de la Universidad Nacional de Rosario, especialista en salud animal con orientación en epidemiología, cofundadora y coordinadora académica de la Cátedra Libre de Fauna Silvestre. “Debemos conservar nuestro patrimonio natural y cultural no solamente porque las generaciones futuras también tienen derecho y necesidad vital de ello, sino además porque es una cuestión ética. Consiste en considerar a la naturaleza como sujeto de derecho”, enfatiza.

“La fauna silvestre no es mascota”. Del cautiverio doméstico al tráfico ilegal de especies
Foto: Cátedra Libre de Fauna Silvestre

Animales de compañía, no mascotas

Férrea defensora de la fauna y de la naturaleza en todas sus formas y especies, pone en relevancia que cada ser que está vivo merece su vida y existe una razón para esa existencia. Reflexiona, entonces, sobre esta convivencia entre seres humanos y no humanos en un planeta “preparado a lo largo de millones de años para proporcionarnos, sin pedir nada a cambio, lo que necesitamos para seguir presentes como especie y ser felices”. Propone como tarea “amorosa, estratégica y futurista” repensar nuestra manera de cohabitar la Tierra.

Al hablar del mascotismo, principalmente cuando involucra especies silvestres, Nigro se detiene incluso en la palabra mascota, ligada en su origen a la idea de amuleto o talismán. “Nada más lejano a un ser vivo”, exclama. Por eso sugiere hablar de animales de compañía cuando se trata de especies que pueden efectivamente convivir con los seres humanos.

Pero para que exista esa convivencia hay una historia anterior. Un animal doméstico es el resultado de un proceso de domesticación desarrollado a lo largo de miles de años. Ese proceso se dio a través de la selección de características generación tras generación, con transformaciones genéticas, fisiológicas y comportamentales que permitieron que determinados animales se adapten a la vida junto a las personas.

Pero un animal silvestre no deja de serlo porque haya nacido en cautiverio, porque coma de una mano o porque haya aprendido a tolerar la presencia humana. “A lo sumo se podrá amansarlos de alguna manera y esto está muy ligado a métodos crueles en muchos casos, pero no domesticarlos porque eso llevaría demasiado tiempo”, indica Nigro.

“La fauna silvestre no es mascota”. Del cautiverio doméstico al tráfico ilegal de especies
Foto: Claudia Nigro

Una historia de miles de años

La pregunta sobre si alguna especie nació para ser domesticada resulta inevitable. Hoy convivimos con perros, gatos, caballos, vacas, ovejas o cabras con tal naturalidad que resulta difícil imaginar que detrás de esos vínculos existieron alguna vez poblaciones silvestres.

La respuesta de Nigro es clara: “Fue una decisión tomada por el ser humano que aprovechó un agriotipo, que es una especie silvestre ancestral, la hizo atravesar un proceso de domesticación y originó así nuevas especies como perros, gatos, vacas, ovejas, cabras, cerdos, caballos, conejos”.

Con respecto al perro, quizás el compañero más estrechamente asociado a nuestra especie, la veterinaria analiza que la intervención fue tan exitosa que los seres humanos podemos expresar afecto sabiendo que el animal es capaz de interpretar buena parte de esos gestos y establecer con nosotros un vínculo social extraordinariamente cercano.

“Como casi todos sabemos, el perro deviene del lobo y a pesar de que los últimos hallazgos fósiles señalan que hubo no menos de 35.000 años de domesticación, se cree que podrían ser muchísimos más, hasta 150.000 años”, revela.

La investigación genética siguió avanzando desde entonces y hoy obliga a poner esa cifra en discusión. Distintos estudios sitúan la separación entre los linajes ancestrales de perros y lobos en decenas de miles de años, aunque sigue sin estar resuelto exactamente cuándo, dónde y de qué manera comenzó la domesticación. Separación genética y domesticación, además, no necesariamente ocurrieron al mismo tiempo. Lo que no cambia es la diferencia fundamental: “Un ejemplar silvestre amansado continúa siendo silvestre”, asevera.

“La fauna silvestre no es mascota”. Del cautiverio doméstico al tráfico ilegal de especies
Foto: Argentina.gob.ar

El lugar que ocupa cada animal

Para Nigro, el rol de la fauna silvestre dentro de los ecosistemas es uno de los fundamentos más importantes para impedir la extracción de ejemplares de su ambiente. “Sin vida silvestre la especie humana no podría sobrevivir en el planeta. Conservar la biodiversidad es esencial para estabilizar los procesos evolutivos que sostienen el funcionamiento de los ecosistemas”, manifiesta.
La activista deja en claro que cada ejemplar pertenece a una población y forma parte de una trama mucho más compleja. Las especies intervienen en relaciones de alimentación y reproducción, dispersan semillas, polinizan, regulan poblaciones, transforman materia y participan del reciclado de nutrientes. Por lo tanto, sacar un animal del monte, del pastizal o del humedal no significa solamente trasladar un individuo, sino también intervenir sobre relaciones construidas a lo largo de miles de años.

En ese punto, introduce otro concepto relevante: el de “Una Salud”. La perspectiva reconoce la interdependencia entre la salud humana, la de los animales y la de los ecosistemas. En Argentina, el Senasa (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) trabaja bajo este enfoque en la vigilancia y prevención de enfermedades, articulando con organismos de salud, ambiente, universidades y distintas jurisdicciones. “Los disturbios provocados por las intervenciones antrópicas pueden dañar momentánea o definitivamente el delicado y necesario equilibrio de los ambientes naturales y sus componentes, lo cual, más temprano que tarde, se vuelve un búmeran muy peligroso que podría afectar en última instancia a nuestra propia subsistencia”, alerta.

En mayo de 2026, la Organización Mundial de la Salud (OMS) volvió a reforzar esta mirada. Advirtió que alrededor del 60 por ciento de las nuevas enfermedades infecciosas que se registran en el mundo proceden de animalessilvestres y domésticos. Entre los factores capaces de favorecer su aparición y propagación aparecen el comercio de animales, la agricultura, la ganadería, la urbanización, el cambio climático y la fragmentación de los hábitats. La fauna encerrada en una casa también forma parte de esta discusión.

“La fauna silvestre no es mascota”. Del cautiverio doméstico al tráfico ilegal de especies
Foto: Cátedra Libre de Fauna Silvestre

Legislaciones, avances y pendientes

“La educación, sin lugar a duda, sigue siendo la herramienta más potente para intentar desactivar el tráfico clandestino de vida silvestre. Educar en todos los niveles, sin olvidar al público en general, deviene imprescindible porque entre otros logros permite que se construya un sentimiento de pertenencia hacia nuestros bienes naturales”, destaca.

Propone transversalizar contenidos relacionados con la Biología de la Conservación dentro de las distintas materias curriculares. La Ley Nacional 27.621 de Educación Ambiental Integral, sancionada en 2021, establece la educación ambiental como una política pública nacional permanente y tiene como principal instrumento la Estrategia Nacional de Educación Ambiental Integral.
Nigro también considera fundamentales el establecimiento y sostenimiento de áreas naturales protegidas, reservas y parques que permitan conservar poblaciones silvestres frente al avance de las fronteras agropecuaria y urbana, la deforestación, los incendios, diferentes formas de contaminación, la caza furtiva, la sobreexplotación de especies, las especies exóticas y la crisis climática.

La protección de la fauna en Argentina se sostiene sobre distintas normas y jurisdicciones. Al caso, la Ley Nacional 22.421 de Conservación de la Fauna fue sancionada en 1981 y continúa vigente. Allí se declara de interés público la protección y conservación de la fauna silvestre y regula, entre otras actividades, su captura, tenencia, posesión, tránsito y comercio.

Esto requiere una precisión respecto de una idea bastante extendida. La legislación nacional no establece que cualquier tenencia de un animal silvestre constituya automáticamente un delito. La legalidad depende de la especie, su procedencia, la documentación correspondiente y las normas de cada jurisdicción. La legislación contempla, bajo regulación, criaderos y otras formas de mantenimiento de fauna en cautiverio. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, existen establecimientos habilitados que crían y comercializan determinados animales nacidos en cautiverio y cuya procedencia legal debe estar respaldada por documentación. La Dirección de Flora y Fauna bonaerense advierte, al mismo tiempo, sobre el mascotismo y su relación con el tráfico ilegal.

Tandil, ciudad del sudeste de la provincia de Buenos Aires, cuenta desde 1988 con la Ordenanza 4548, que prohíbe la comercialización, el obsequio y la simple tenencia de especies animales silvestres, además de su utilización en espectáculos circenses, exposiciones o sitios de entretenimiento. La propia normativa contempla excepciones para ejemplares provenientes de criaderos debidamente autorizados y para entidades con fines proteccionistas o conservacionistas. Mientras tanto, el tráfico de fauna comenzó a ser abordado cada vez con mayor claridad como algo más que un problema de conservación.

Por otro lado, en agosto de 2026, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) presentó el primer Protocolo Nacional de Actuación para la Prevención, Detección y Abordaje del Tráfico Ilegal de Vida Silvestre en Aeropuertos. La iniciativa estableció criterios comunes de actuación ante el traslado ilegal de ejemplares, piezas y productos de fauna en las terminales aéreas del país.
Un mes después, el Ministerio de Justicia y la organización Wildlife Conservation Society Argentina firmaron un convenio para fortalecer la prevención, investigación y persecución de estos delitos. El acuerdo contempla asistencia técnica, capacitación, intercambio de información y análisis de posibles reformas normativas.

“La fauna silvestre no es mascota”. Del cautiverio doméstico al tráfico ilegal de especies
Foto: Juan Matín Mastropaolo

Llevarlo a casa no es rescate

Detrás de un pájaro en una jaula, una tortuga en un patio o un animal exótico ofrecido en una red social puede haber mucho más que una decisión individual. Puede haber captura, comercio ilegal, sufrimiento animal, pérdida de biodiversidad, riesgos sanitarios y organizaciones que encontraron en la vida silvestre otro negocio.

Nigro repasa que un animal silvestre puede alojar bacterias, virus, hongos, ácaros, protozoos y otros organismos con los que ha coevolucionado. “Cuando aparece un factor que altera ese equilibrio, algunos de ellos pueden provocar enfermedad en el propio animal o transmitirse a otras especies”, insiste.

Cuando se extrae un ejemplar de su hábitat pierde buena parte de las condiciones que necesita para desarrollar las estrategias de vida para las que evolucionó. Además, el estrés puede afectar a su sistema inmune y favorecer la aparición de enfermedades. La psitacosis, por ejemplo, es una enfermedad bacteriana que puede transmitirse desde distintas aves, particularmente psitácidos como loros y cotorras, hacia las personas. De hecho, si se trata de aves puntualmente, dejan de volar libremente. Muchos ejemplares quedan aislados de sus congéneres, reciben una alimentación incorrecta o insuficiente y permanecen en espacios donde no pueden expresar sus comportamientos naturales.

Tortugas dentro de cajas, aves de gran porte en jaulas pequeñas o animales sociales condenados a vivir solos forman parte de una realidad que muchas veces comienza con la intención de cuidarlos. “En realidad, amansados, algunos podrían perderle miedo a las personas, pero jamás dejarían de ser silvestres y por tanto, son diametralmente opuestos a los domésticos”, distingue Nigro. También pueden ser atacados por perros o gatos o sufrir accidentes domésticos.

Encontrar un animal lastimado o fuera de su ambiente no significa que llevarlo a una casa y conservarlo sea necesariamente rescatarlo. “Los animales silvestres que requieren asistencia necesitan evaluación, rehabilitación y, cuando es posible, una estrategia adecuada para regresar a su ambiente. Aun cuando un ejemplar coma de nuestra mano, reconozca nuestra presencia o lleve años viviendo en cautiverio, esa diferencia permanece”, aclara. Y enfatiza que “amansar no es domesticar, y quizás querer tampoco debería ser sinónimo de poseer”.

“La fauna silvestre no es mascota”. Del cautiverio doméstico al tráfico ilegal de especies
Foto: Juan Martín Mastropaolo
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