Crónicas de la lucha por justicia ante la megaminería en Canadá
noviembre 1, 2021
Sección: Extractivismos
Una nueva investigación sobre la megaminería en Canadá detalla el accionar de las multinacionales en las poblacionales locales, los impactos negativos y la organización comunitaria. “La industria extractiva siempre fue la vanguardia del asalto colonial a los pueblos indígenas, en Canadá y en todo el mundo”, afirma la autora, Joan Kuyek.
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Foto: Juan Pablo Torres

Por Luis Manuel Claps*

El libro «Extraer Justicia. Cómo proteger a tu comunidad de la industria minera» de Joan Kuyek (Abya Yala, 2021) aborda el entramado económico que sostiene la megaminería, y cómo resisten las poblaciones, en tierras canadienses. El objetivo es ayudar a las comunidades, organizaciones y personas ante la necesidad de defender sus tierras, aguas y seres queridos de los impactos de la minería. «La minería es una historia de pérdidas. Todo tipo de pérdidas. Tierras. Agua. Medios de vida. Buena gobernanza. Futuros posibles. En Canadá, creamos una economía que depende de la extracción y transforma las pérdidas en ganancias», afirma Kuyek. Más de 400 notas al pie llenan el texto de fuentes documentales, conexiones conceptuales y menciones a otros libros.

Uno de los pilares que sostiene el texto es la trayectoria e integridad de su autora. En parte es una historia personal, en la que Kuyek comparte lo aprendido durante décadas de trabajo dedicadas a tratar de limitar los daños que provoca la industria en Canadá. La autora transitó más de treinta años como organizadora comunitaria en Sudbury (la comunidad minera más grande del país), diez años como fundadora y coordinadora nacional de la organización MiningWatch Canadá, y los últimos diez (y contando) trabajando como consultora para comunidades afectadas. Además, colaboró con la Clínica Legal Comunitaria de Sudbury durante siete años, particularmente en la representación de trabajadores lesionados que intentaban recuperarse del dolor de espalda, el síndrome de dedo blanco, la sordera industrial, enfermedades pulmonares obstructivas crónicas y otras discapacidades.

El libro revisa los impactos ambientales y sociales de diversas minas y proyectos a lo largo y ancho de Canadá: entre otras, la gigantesca mina de diamantes Diavik, en los Territorios del Noroeste, controlada por la multinacional Río Tinto. También analiza la mina de oro y cobre Mount Milligan, operada por una subsidiaria de Centerra Gold en Columbia Británica y el proyecto minero Washington Copper, que operó en el valle de Comox de la isla de Vancouver entre 1964 y 1967. Entre los relatos se aborda la mina de plomo y zinc Faro, uno de los sitios mineros abandonados más grandes del mundo; la increíble historia de Port Radium en territorio Sahtu Dene; Highland Valley, la mina de cobre más grande de Canadá, que operó desde 1948 hasta 1999 cuando su propietaria, Royal Oak Mines, se declaró en quiebra y pasó a administración judicial.

En Argentina, la publicación es distribuida por Cúspide Libros. Su versión en inglés, «Unearthing Justice. How to Protect Your Community from the Mining Industry» (Between the Lines, 2019) puede obtenerse en el siguiente link.

Sufrir la minería y resistirla

El libro de Joan Kuyek pone especial atención en los proyectos mineros tenazmente frenados por las poblaciones cercanas. Es el caso de Prosperity, la enorme mina de cobre y oro a cielo abierto que Taseko Mines lleva tres décadas pretendiendo explotar en el corazón del territorio del Pueblo Tŝilhqot’in. Entre 2011 y 2014, Kuyek ayudó a organizar la valiente resistencia local que logró frenar el proyecto de carbón Raven, que la empresa Compliance Energy propuso explotar en la Isla de Vancouver. No es fácil, ya que «en Canadá, quienes intenten cambiar las leyes, regulaciones y políticas mineras se enfrentarán a la gerencia burocrática, el tedioso y aparentemente interminable proceso de sobrellevar reuniones oficiales, consultas gubernamentales, estudios, informes e intimidación, que puede durar años». El texto apunta que ese proceso «desgasta a todos y erosiona lentamente la visión por la que luchan».

Las comunidades dependientes de la industria quedan muchas veces inmersas en lo que Kuyek denomina culturas de contaminación, que reducen a las poblaciones a la indefensión ante los impactos ambientales y sociopolíticos provocados por las empresas mineras. Según la autora, «el trabajo es fortalecer la fábrica sociocultural de la comunidad y lograr que la visión de una vida más holística y democrática sea posible».

Las críticas a la minería se fundan muchas veces en hechos catastróficos, como el colapso del dique de relaves de la mina Mount Polley, propiedad de Imperial Metals, ocurrido en agosto de 2014 en el territorio tradicional de la Nación Secwepemc, Columbia Británica.

El cuarto capítulo del libro se enfoca en la relación entre la minería y los pueblos indígenas, ya que la industria extractiva «siempre fue la vanguardia del asalto colonial a los pueblos indígenas, en Canadá y en todo el mundo». La autora sostiene que «para los pueblos indígenas y habitantes locales que dependen de la tierra, tanto aguas abajo como aguas arriba, proteger sus medios de subsistencia de los impactos de la minería se convierte en una lucha cotidiana». Sin embargo, «por las otras presiones sobre sus vidas, encontrar el tiempo y los recursos para enfrentar la burocracia puede resultar igual de complejo», admite.

¿Cómo se sostiene la megaminería?

Una cuestión clave del libro es la investigación orientada a los inversores, ya que ninguna mina puede avanzar o expandirse si la empresa a cargo de su explotación es incapaz de reunir el dinero necesario. El libro ofrece varios ejemplos que prueban que las campañas de comunicación dirigidas a inversores y reguladores de mercados bursátiles pueden provocar significativos efectos. «Las acciones son la materia prima de los mercados financieros de la industria», apunta Kuyek.

«En las páginas de internet corporativas encontramos todo tipo de argumentos sobre desarrollo sustentable, minería responsable, participación comunitaria y cuidado ambiental. Es probable que, más que geólogos o ingenieros mineros, los representantes de la industria sean gestores de inversiones y abogados de Bay Street, la avenida de Toronto considerada el corazón financiero de Canadá», puede leerse en el texto.

Kukyek explica que las corporaciones son máquinas de externalizar que transfieren, desde sus libros contables hacia el medioambiente, los pueblos y el sector público, la mayor cantidad de costos que puedan. Obligar a las empresas a internalizar algunos de estos costos haría que la mayoría de los proyectos mineros se vuelvan antieconómicos.

La autora advierte también que, en muchos casos, «Canadá» nos es más que una «bandera conveniente» para empresas esencialmente controladas por inversores y acreedores de cualquier parte del mundo. En definitiva, «la importancia de elaborar visiones alternativas del futuro económico, social y cultural de la comunidad debe remarcarse siempre».

*Licenciado en Comunicación (UBA) y traductor del libro.

**Más información, versiones audibles y material adicional en Extraerjusticia.com

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