Es tiempo de agroecología: el sistema alimentario actual acelera la crisis climática y empobrece a las mayorías
junio 19, 2026
El modelo de agropecuario dominante es altamente dependiente de los combustibles fósiles, contribuye al calentamiento global y tiene relación directa con los precios de los alimentos, que aumentan tanto en Estados Unidos como Alemania y Argentina. La producción agroecológica confirma que se puede producir a escala, sin pesticidas ni transgénicos, y cuida el ambiente y la salud. El rol de los gobiernos, las corporaciones y las familias campesinas.
La agroecología en forma de mapa: 15.000 hectáreas productivas sin venenos
Foto: Mapa agroecológico del sur cordobés

Por Nicole Pita para 350.org

Traducción: Colectivo Territorio de Ideas

Si sentís que gastás cada vez más en el supermercado, no es idea tuya. En México y Brasil, los precios de los alimentos aumentaron un 42% y un 50% respectivamente; en Estados Unidos, las familias pagan casi un 25% más que en 2020; y en Alemania, la suba fue de un 43% respecto de los precios de hace cinco años.

Ahora un panel de especialistas en sistemas alimentarios sostenibles advierte sobre una crisis incipiente en los precios de los alimentos, producto del marcado incremento en el costo de la energía en todo el mundo como consecuencia de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.

¿Cuál es el motivo? Básicamente, esto se debe a que nuestros sistemas alimentarios se alimentan de combustibles fósiles: cada vez que hay una crisis (una pandemia, una guerra o una sequía), todes pagamos el precio. A nivel global, los sistemas alimentarios utilizan el 15% de los combustibles fósiles. De eso se da cuenta en el informe Del combustible a la mesa.

El costo real de los combustibles fósiles
Foto: Greenpeace - Martín Kat

¿Cuál es la conexión entre los alimentos y los combustibles fósiles?

Los sistemas alimentarios consumen el 15% del total de los combustibles fósiles del mundo. Estos proveen energía en cada etapa durante la producción, el procesamiento y el consumo de alimentos, desde el uso de los agrotóxicos y los tractores diésel hasta el transporte de larga distancia y el gas que usamos para cocinar. Cuando el precio del petróleo y el gas sube, también lo hace el precio de los alimentos.

Los alimentos, los fertilizantes y los precios de la energía fósil se hallan estrechamente interrelacionados, de modo tal que la dependencia de los fósiles crea una triple amenaza. En primer lugar, hace que los alimentos sean vulnerables a los picos de precios. En segundo lugar, intensifica la emergencia climática y provoca sequías e inundaciones que destruyen cosechas. Y en tercer lugar, el sistema queda en manos de un puñado de corporaciones que lo controlan y obtienen ganancias desorbitantes cada vez que sobreviene una crisis.

No es un problema nuevo, pero está empeorando. Durante la pandemia del Covid-19, las interrupciones en la cadena de suministro impulsaron la suba de los alimentos. Cuando Rusia invadió Ucrania, en 2022, subieron los precios de la energía, los fertilizantes y el trigo, con el consecuente impacto en el costo de las compras. En cada una de estas instancias, millones de personas quedan a merced del hambre, sobre todo en las regiones más emprobrecidas y vulnerables del mundo.

En la actualidad, volvemos a ver este fenómeno con la erupción de la guerra en el golfo Pérsico. El precio del petróleo y de los fertilizantes ha subido un 50% desde el inicio de la guerra; el de los alimentos todavía no se disparó, pero lo hará. Un tercio del crudo y un tercio de los fertilizantes pasan normalmente por las rutas de transporte que se encuentran bloqueadas por el conflicto. Incluso si la guerra terminara mañana, la recuperación de las cadenas de suministro llevaría meses.

Se le atribuye al shock del Covid-19 y de la guerra de Ucrania casi la mitad de todos los aumentos en el precio de los alimentos en Estados Unidos y el 35% de los aumentos en la Unión Europea durante los últimos cinco años. Solo entre 2021 y 2022, el hambre afectó a 45 millones más de personas en todo el mundo, que no pudieron cubrir el costo de los alimentos.

Hay otro motivo por el cual los alimentos siguen encareciéndose: la crisis climática, a la que contribuye la energía fósil. En 2022, en la región del Medio Oeste de Estados Unidos y en Canadá, las sequías arruinaron las cosechas; en 2023 y 2025, en India y en el sur de Asia, las inundaciones dispararon el precio del arroz. Y la crisis climática en sí misma afecta las cosechas, lo que dificulta el cultivo de alimentos. La ironía es que los sistemas alimentarios generan un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global, es decir, en esta crisis son víctima y victimario.

El costo real de los combustibles fósiles
Infografía: ipes-food.org

Un sistema diseñado para que dependamos de él

La dependencia de los combustibles fósiles no es accidental. Los gobiernos y las instituciones de financiamiento empujaron a agricultores y agricultoras a la producción de cultivos básicos para exportación con uso de agroquímicos que se fabrican a partir de combustibles fósiles. Hoy en día, los gobiernos gastan unos 800.000 millones de dólares al año para subsidiar esta agricultura de uso intensivo de químicos, mientras que la agricultura sostenible recibe apenas una fracción de esos fondos de apoyo. Los lobistas corporativos, además, destinan cientos de millones para que esto no cambie.

¿Quiénes se benefician de las crisis energéticas y alimentarias?

El lobi europeo destina al menos 343 millones de euros por año, y desde el 2020 las firmas fósiles y del agronegocio han aumentado su gasto en ese tipo de actividades de presión. Empresas como Shell y Bayer hacen la misma jugada: demorar la toma de medidas, debilitar las regulaciones, proteger las ganancias.

Este sistema dependiente de los combustibles fósiles resulta enormemente redituable para unas pocas corporaciones: son un puñado las que controlan cómo se producen, transportan y venden los alimentos. Ellas fijan el precio; nosotros y nosotras no tenemos otra alternativa que pagarlo. Y cuando se desata la crisis, sacan provecho del caos.

Durante el Covid-19 y la guerra contra Ucrania, las principales compañías de fertilizantes aumentaron los precios muy por encima de los costos reales. Las dedicadas al comercio de granos, la producción de alimentos y las minoristas hicieron lo mismo. En Estados Unidos, el 54% del aumento de los alimentos entre 2020 y 2021 se debió a la especulación corporativa. En plena crisis del precio de los alimentos, mientras las familias tienen problemas para pagar la comida, estas corporaciones registraron ganancias récord.

Se trata de tres problemas que se alimentan mutuamente: la dependencia de los fósiles crea vulnerabilidad ante los impactos; el caos climático genera escasez de alimentos; y la concentración corporativa permite que las empresas exploten ambas circunstancias en beneficio propio. Romper con este ciclo implica reconfigurar la manera en la que cultivamos, procesamos y consumimos los alimentos.

El costo real de los combustibles fósiles
Foto: Greenpeace

Un sistema alimentario mejor y más asequible ya está echando raíz

Es posible construir otro sistema alimentario, uno que sea resistente a los impactos, que proteja el clima y esté en función de las personas y no de las ganancias de las empresas. En todo el mundo —desde Cuba hasta India o Francia— millones de personas que se dedican a la agricultura ya han hecho la transición hacia la agroecología, una práctica sostenible que no depende de combustibles fósiles ni de insumos químicos, sino que, por el contrario, aumenta la fertilidad del suelo de manera natural. Con esta técnica se cultivan porotos que mejoran el suelo, se rotan los cultivos y se compostan los desechos en lugar de comprar químicos.

De acuerdo con diferentes estudios, la producción agroecológica iguala o excede los rindes convencionales, puede ser redituable para quienes la practican y alimenta mejor a las comunidades. Si bien esta transición lleva tiempo, y requiere de apoyo, permite que los sistemas agrícolas resistan mejor el impacto de los precios. También queda claro que la transición es necesaria para afrontar la crisis climática. Las soluciones existen, lo que falta es voluntad política.

El costo real de los combustibles fósiles
Foto: Foto Natalia Roca - Minga

Qué deben hacer los gobiernos ahora mismo

Mientras se construye un mejor sistema alimentario para el futuro, los gobiernos ya disponen de las herramientas para que los alimentos sean más asequibles. Esto es lo que deberían hacer:

  • Cobrarles impuestos a las corporaciones que se benefician de las crisis. Los impuestos extraordinarios a las empresas de combustibles fósiles y del agronegocio podrían reducir de inmediato los costos para quienes consumen y quienes producen alimentos.
  • Poner fin a los subsidios que nos condenan a la dependencia. Se debe frenar la entrega de miles de millones en subsidios a las corporaciones fósiles y a la agricultura de uso intensivo de agroquímicos, y redirigir ese dinero a las energías renovables y la agricultura sostenible.
  • Invertir en sistemas alimentarios locales y regionales que no dependan de las extensas y frágiles cadenas de suministro, vulnerables a los impactos, como se explica en el informe Alimentos con los pies en la tierra.

Si queremos estabilizar los precios de los alimentos, estos no pueden seguir dependiendo de los combustibles fósiles. De lo contrario, vamos a seguir sintiendo cada nueva crisis en el bolsillo.

Poner fin a la adicción fósil no es solo una cuestión climática: está en juego el costo de lo que comemos. Los gobiernos no cambiarán de trayectoria a menos que así lo exijamos.

*Título original: "De nuestro bolsillo: el costo real de los combustibles fósiles en los alimentos".

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