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Stevia, crónica de un saber ancestral apropiado por empresas trasnacionales
agosto 27, 2021
Sección: Agronegocio
“Stevia. Conocimiento, propiedad intelectual y acumulación de capital”, es el reciente libro de Santiago Liaudat, donde realiza un análisis de la tradicional planta en el mercado internacional de alimentos. Detalla el saber del Pueblo Guaraní y la política de explotación empresaria en base a la relación valor-conocimiento. ¿Es un caso de privatización de saberes tradicionales? ¿Se trata de un fenómeno de biopiratería? ¿Puede alguien apropiarse de la naturaleza? Fue publicado por editorial Prometeo.
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Por Santiago Liaudat*

Nuestro sentido del gusto percibe cuatro sabores básicos. Y así como los colores primarios forman la paleta de tonalidades que componen nuestra imagen del mundo, del mismo modo todo lo que se disuelve en la boca presenta los caracteres de lo amargo, lo ácido, lo salado o lo dulce. De estos rasgos elementales, ninguno nos produce tanto placer como la dulzura. De hecho, acaso universalmente, solemos asociar este sabor a las personas que nos despiertan simpatía o ternura. Inclusive no hay mejor epíteto en varios idiomas indoeuropeos que lo dulce para definir a la relación amorosa o al ser amado.

Al igual que las restantes necesidades o deseos humanos, el anhelo de lo dulce es transmutado por la alquimia capitalista en demanda en el mercado. Satisfacer a la masa de consumidores con poder de compra es, en cualquier caso, un buen negocio. Y sobre tan profunda predilección se montaron en la era moderna verdaderos imperios comerciales. Recordemos que una parte importante de la brutal empresa colonial se sustentó en la explotación de caña azucarera. Durante siglos, unos tuvieron sus comidas y bebidas edulcoradas al precio de amargas condiciones de vida para otros.

En menoscabo de la trama de esclavitud y violencia detrás del oro blanco, el azúcar se volvió sinónimo de dulzura para buena parte del mundo. Millones de toneladas de este producto fueron transportadas desde el trópico hacia las grandes ciudades en todos los continentes. En parte por el éxito de la operación, en parte por novedosas circunstancias históricas, con el paso del tiempo este fenomenal agente edulcorante se volvió también sinónimo de obesidad y problemas de salud. Ya entrado el Siglo XX, y sobre todo desde la segunda posguerra, la media del nivel de consumo se elevó en poblaciones que, además, tenían un menor gasto de energía física. La creciente ingesta de alimentos y bebidas con alto contenido de azúcares comenzó a generar problemas de salud desconocidos hasta entonces.

La epidemiología debió incorporar nuevas concepciones. Por primera vez en la historia, enfermedades no contagiosas –como la diabetes– se propagaban como una peste. En ese contexto, y dado que la procura de lo dulce se mantiene, tanto instituciones de salud como empresas del sector de los alimentos y bebidas, comenzaron a desarrollar endulzantes con bajas calorías que pudiesen sustituir al azúcar común.

Dulce negocio millonario

La investigación que presentaremos a continuación es acerca de uno de esos productos sustitutivos de la sacarosa. Nos referimos a la planta conocida como Stevia, que se ha difundido ampliamente en los últimos años como un edulcorante sano y natural. Esta hierba era hasta hace muy poco una mercancía marginal en el mundo, comercializada en limitados países y conocida fuera de esas regiones solo por especialistas y naturistas. En la última década, sin embargo, ha sido cada vez más habitual encontrar artículos en las góndolas de los supermercados con etiquetas que señalan la inclusión de compuestos de esta planta. Todas las primeras marcas en comidas y bebidas procesadas, sin excepción, la incorporaron en algunas de sus presentaciones. Uno de los productos más conocidos fue la Coca- Cola Life, versión edulcorada con Stevia de la popular bebida. Poco después la principal competidora ponía en el mercado Pepsi True. Si bien ambas líneas fueron discontinuadas recientemente, el efecto de estos lanzamientos fue que generalizaron el conocimiento sobre la planta a nivel social y a escala planetaria.

En la actualidad miles de productos en el mundo incluyen la hierba dulce. Los refinados de la Stevia son utilizados principalmente en la industria de bebidas y alimentos, aunque son del interés de todas las grandes firmas de los sectores químico, biotecnológico, agrícola y farmacéutico. Entre otras, Ingredion, Bayer/Monsanto, Cargill, Merck, Roche, Johnson & Johnson y Royal DSM. Detrás de un volumen de ventas de cientos de millones de dólares que crece año a año, estos actores desatan una feroz carrera competitiva. ¿Cómo se pasó de un producto mayormente desconocido a un artículo tan preciado? ¿Cómo entender que lo que carecía de valor repentinamente sea un botín codiciado? ¿De dónde surge toda esa riqueza? ¿Del trabajo incorporado en los productos en base a Stevia? ¿De la demanda de mercado? ¿Quiénes y cómo se apropian de esa fortuna?

Originalmente, la emergencia de este producto comercial de origen vegetal se nos presentó como una oportunidad in vivo para analizar ciertos dispositivos sociocognitivos mediante los cuales grandes empresas usufructuaban conocimientos generados por actores más débiles. Nos referimos, en particular, a los derechos de propiedad intelectual, los cuales vienen siendo estudiados desde diferentes ángulos teóricos por el protagonismo que asumieron en la actual etapa del capitalismo. Cuando recibimos la información de que, en 2007, una alianza entre dos de las compañías multinacionales más grandes del mundo –Cargill Incorporated y The Coca-Cola Company– solicitó 24 patentes concernientes a una hierba dulce de uso indígena intuimos que el caso era propicio para poner a prueba un conjunto de hipótesis en ese sentido: ¿Estamos frente a un caso de privatización de conocimientos tradicionales? ¿Se trata de un fenómeno de biopiratería? ¿Existen conocimientos indígenas explotados indirectamente por las compañías que comercializan productos en base a Stevia? ¿Cuáles son los mecanismos (institucionales, políticos, legales, económicos, culturales) a través de los cuales se produce este proceso?

Sabores y saberes ancestrales

Comenzada la investigación caímos en la cuenta de que el tema era por demás complejo y el resultado de nuestro trabajo fue mucho más allá de aquellas inquietudes que nos motivaron inicialmente. Fue preciso reformular los objetivos y precisar las hipótesis. El pasaje de una planta conocida y utilizada por comunidades que se encontraban por fuera del capitalismo a una mercancía global altamente tecnificada estuvo lejos de ser sencillo o transparente. Entre estos extremos se desplegaron un conjunto intrincado de relaciones y flujos de conocimientos que quedan fuera de la vista del consumidor final e incluso de la mayor parte de los actores que tomaron parte en una parcialidad del proceso. Se conformó así una suerte de caja negra entre, de un lado, los elementales conocimientos alrededor de una planta en estado silvestre con cierto valor de uso para comunidades locales (input) y, del otro, un producto tecnológico de alta sofisticación comercializado en el mundo entero por un puñado de compañías globales (output).

La apertura de esa caja negra nos permitió reconstruir minuciosamente la “prehistoria” de la comercialización global de los glucósidos de esteviol (el compuesto endulzante de la planta). Una etapa invisible en la producción de las mercancías y que, sin embargo, nos revela aspectos clave de la acumulación de capital y su vinculación con la explotación de conocimientos. No nos referimos a la producción física de una fracción determinada del edulcorante sino a lo que, de modo ilustrativo, podemos llamar su “producción cognitiva”. Aclaremos que por producción física de una mercancía hacemos alusión al resultado de la transformación productiva de una porción discrecional de materia en base a energías y conocimientos. Por caso, un artículo cualquiera edulcorado en base a Stevia en la estantería de algún local comercial. En cambio, la “producción cognitiva” de la mercancía implica la producción de los conocimientos que son utilizados en los procesos productivos de la totalidad (o un subconjunto significativo) de los productos en base a Stevia. En otras palabras, nos van a interesar los flujos de conocimientos que están en la base de los actuales procesos productivos capitalistas y sin los cuales no sería posible comprenderlos cabalmente.

La teoría social y económica ha estado atenta sobre todo a las leyes sociales que regulan la producción física de la mercancía. Nos referimos, entre otros, a conceptos tales como la propiedad privada sobre bienes físicos, la teoría del valor-trabajo o los tradicionales tres factores productivos (trabajo, capital, tierra). Pero esos marcos conceptuales han sido mayormente incapaces de apreciar el papel que la producción cognitiva tiene. Hace apenas unas décadas, producto de la expansión de la jurisprudencia vinculada a los derechos de propiedad intelectual y la emergencia de nuevas teorías del crecimiento (que buscaban dar cuenta de fenómenos económicos anómalos para los paradigmas dominantes), comenzó a identificarse la faceta cognitiva de todo proceso productivo. Aportes imprescindibles, aunque, en general, apologéticos del sistema económico actual. Aún está en desarrollo una teoría que sea capaz de dar cuenta del papel que el conocimiento tiene en la creación de valor desde un punto de vista crítico. Esto es, que identifique la relación entre conocimiento, capitalismo e imperialismo en miras al cuestionamiento y superación de estos últimos. Nuestra investigación pretende ser un grano de arena en ese sentido.

Nos proponemos revelar en qué medida los flujos de conocimientos desplegados mayormente fuera de los cauces específicos de la producción económica, generaron las condiciones que condujeron a una distribución desigual de los beneficios derivados de la comercialización de los compuestos de la hierba dulce, con un saldo neto –al final de la historia– de reproducción ampliada de las asimetrías globales. Nuestro caso es excepcional para analizar, en particular, cómo la producción del conocimiento científico y tecnológico sobre la planta se articuló concreta e históricamente con la valorización económica y la acumulación del capital en manos de países centrales. El ingreso relativamente tardío de la Stevia en la ciencia occidental (a fines del Siglo XIX) nos ha permitido reconstruir paso a paso ese proceso, desde el contacto inicial con los guaraníes hasta el cercamiento privado de conocimientos tecnológicos mediante derechos de propiedad intelectual y la sanción de exigentes normas técnicas que excluyen a los actores más débiles de la cadena de valor global de la Stevia.

En síntesis, nuestro problema de investigación nos permitió ir más allá de nuestras preguntas iniciales develándonos los engranajes diversos y sutiles de explotación de los conocimientos que constituyen una parte significativa de la ganancia capitalista. En este caso, se trató además de relaciones asimétricas que reprodujeron y ampliaron la condición periférica de las regiones y sociedades que iniciaron ese flujo de conocimientos. Tradicionalmente se han señalado estructuras de dependencia caracterizadas por el saqueo de riquezas materiales, la superexplotación de la mano de obra, la composición de la balanza comercial o la deuda externa. En nuestro estudio nos centramos en la explotación de conocimientos, que ilumina una dimensión no muy explorada en las relaciones internacionales. Dentro de ese proceso atendimos fundamentalmente al papel que tuvieron las regulaciones de acceso a los conocimientos. En particular, los derechos de propiedad intelectual y mecanismos complementarios. Así pues, la historia de la mercantilización de esta hierba dulce se volvió un ángulo más desde donde mirar el comportamiento de la totalidad capitalista y, sobre todo, de las formas de concentración y acumulación de capital vinculadas a la explotación de conocimientos. Una historia que, creemos, comparte un rasgo propio de la parábola: con una trama tan única como repetida, los sucesos particulares se vuelven universales.

*Magíster en Ciencia, Tecnología y Sociedad (Universidad Nacional de Quilmes), Especialista en Estudios Latinoamericanos (Universidad Federal de Juiz de Fora y la Escuela Nacional Florestan Fernande, Brasil), profesor de filosofía (Universidad Nacional de La Plata), Diplomado Universitario en Filosofía de la Liberación (Universidad Nacional de Jujuy) y doctorando en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires).

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