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Ríos libres, sin represas ni extractivismo
marzo 13, 2021
Sección: Extractivismos
Santa Cruz, Neuquén y Misiones son algunas de las provincias que luchan contra las megarepresas por sus impactos sociales, ambientales y sanitarios. Lejos de ser una “energía limpia”, las hidroeléctricas son negocios de pocos y males para muchos.
Día internacional de las represas

OPINIÓN

Por Mujeres por un Río Santa Cruz Libre

Como cada 14 de marzo, Día Internacional de Acción por los Ríos, nos unimos al grito mundial por el agua y la vida. Porque nos sentimos interpeladxs por la urgente crisis hídrica a la que nos enfrentamos y por el incesante avance de proyectos que, lejos de pensar en las necesidades de la gente, sigue avanzando hacia un sistema que resulta invivible. Alejado de la naturaleza, desentendiendo que los bienes naturales no son un producto infinito sino la condición necesaria para la vida en la Tierra.

Trabajamos en red uniendo a cada río del país que cae bajo la amenaza de megarepresas hidroeléctricas. Desde el río Nahueve en Neuquén, pasando por Misiones y su Mesa Provincial Anti Represas -que logró la sanción de una ley protectora de las grandes masas de agua- y llegando hasta el patagónico río Santa Cruz, que se enfrenta hoy contra dos monumentos de la tecnología obsoleta: las represas Cóndor Cliff y La Barrancosa.

En Santa Cruz corre un río de un color turquesa tan extraordinario que cuesta creer que es real. Nace en el lago Argentino, que se alimenta del deshielo de los glaciares que conforman el Campo de Hielo Patagónico sur, la tercera reserva más grande de agua dulce sólida en el mundo. Dichos glaciares representan un 2,5 por ciento del agua potable que existe en el mundo. El río, siempre bravo, fluye junto a los fuertísimos vientos patagónicos. A sus orillas, pasean cóndores, guanacos, águilas y pumas; se alimentan, reproducen y beben del agua que les da vida. Que nos da vida.

Las localidades Comandante Luis Piedra Buena, Puerto San Julián y Puerto Santa Cruz dependen del río. Desde hace miles de años el río nutre la historia de estas tierras, que es nuestro presente, un presente que lleva en sus entrañas las luchas obreras de los peones fusilados de inicios del Siglo XX y la memoria viva de los pueblos Mapuche y Tehuelche que lo resguardan.

Pero este río hoy se encuentra muy amenazado. Hace siete años que luchamos para frenar un proyecto demencial: la construcción de dos mega-represas que matarían a este cuerpo de agua único en el mundo.

Bajo estructuras similares avanzan los proyectos extractivos sobre los bienes naturales de Argentina y del resto del mundo. Con la velocidad muy resolutiva que adopta la burocracia cuando de negocios se trata y una permisiva clase política que abre las puertas al capital extranjero. De información escasa y siempre flojos de papeles, las obras se deciden en una mesa chica donde nunca hay lugar para el territorio y su gente. El pueblo queda fuera del debate, las comunidades afectadas son endulzadas con migajas de empleo precarizado y las comunidades indígenas -siempre último orejón del tarro- deben conformarse con mesas de diálogo no vinculantes con empleados de origen extranjero.

En el caso de estas dos megarepresas la obra se vio frenada en el 2016 por una medida cautelar que apelaba a la falta de Estudio de Impacto Ambiental y Audiencia Pública, lo cual fue llevado a cabo al año siguiente a modo de trámite para “destrabar el tema legal».

Las comunidades originarias afectadas no habían sido consultadas de manera libre, previa e informada, como lo dispone el Convenio 169 de la OIT firmado por Argentina. No fue sino una vez empezada la obra y retirado el material perteneciente a su pueblo (chenques -entierros indígenas-, puntas de flecha y picaderos), que la Unión Transitoria de Empresas “Represas Patagonia” fue obligada por orden judicial a dialogar con las comunidades indígenas (que hacía largo tiempo reclamaban el cumplimiento de sus derechos).

No aceptamos la falsa idea de progreso que pretenden vendernos gobiernos y corporaciones, cómplices necesarios del sistema ecocida que cada día nos empuja un poco más al abismo de la crisis socioambiental y al colapso ecológico.

No hay ninguna posibilidad de futuro digno haciendo negocios con los ríos y con el territorio.

Las represas hidroeléctricas no son más que otra expresión de la voracidad de un sistema que somete a todo lo vivo, para convertirlo en cosas aprovechables, y no precisamente para mejorar la vida a las comunidades, sino para extraerles sus riquezas, fugándolas hacia los países ricos.

Hoy el río sigue corriendo en libertad y la lucha continúa. Por eso este 14 de marzo, Día Internacional de Acción por los Ríos, desde cada localidad de la provincia salimos a la calle para que se escuche: Río Santa Cruz libre, desde los Andes hasta el mar.

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